Opinión
'No a la guerra' para ganar el país

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
La semana política sin duda ha estado marcada por la grave crisis internacional desatada hace ahora siete días, con el inicio de los ataques ilegales de Estados Unidos e Israel a Irán. La mecha pronto prendió y todo Oriente Medio está en llamas. La respuesta del presidente español ha sido contundente y aplaudida tanto dentro como, sobre todo, fuera de nuestras fronteras.
Pedro Sánchez se mantiene firme al no permitir el uso de las bases militares estadounidenses de Rota y Morón para proyectar ataques a Irán. Ante las amenazas (cortar el comercio con España) e insultos (loser) a nuestro país por parte de Donald Trump, el líder del Ejecutivo ha respondido con inteligencia política y ha rescatado el No a la guerra para cohesionar a la ciudadanía progresista y apelar al orgullo nacional al confrontar contra el magnate neoyorkino.
Moncloa lo ha visto claro y las encuestas le dan la razón. Según el sondeo flash de 40dB realizado para la Cadena SER y El País, el 68,2% de los ciudadanos está en contra de la intervención militar de Trump y Netanyahu contra Irán y solo el 23,2% está bastante o muy de acuerdo con ella. Otro dato significativo es que el 57% de los ciudadanos respalda la decisión de no apoyar militarmente a Estados Unidos e Israel. El 21,4% la considera mala o muy mala y un 14,3%, regular.
Más números: el 53% aprueba que el Ejecutivo no haya permitido el uso de Rota y Morón por el ejército estadounidense. Les voy a dar otro dato del sondeo de 40dB para PRISA: un 61,5% respalda el envío de la fragata española Cristóbal Colón a Chipre como muestra de compromiso con la defensa conjunta de la UE. Comparando la respuesta de Sánchez con la de Alberto Núñez Feijóo a la crisis bélica, el de la Moncloa también sale ganando. Un 42,2% dice que ha actuado bien o muy bien, frente al 18,7% que aplaude la decisión del popular de no condenar la guerra y de usarla para arremeter con dureza contra el Gobierno de coalición.
Se puede concluir que la oposición a la intervención de Trump y Netanyahu es mayor que el electorado español de izquierdas. A ojos de los números que publicaba este viernes la SER y El País, Moncloa ha acertado en sus decisiones de esta semana. Ya lo intuíamos en enero, existe un rechazo a Trump bastante transversal en la sociedad española. Y un orgullo por defender la soberanía y la democracia ante la injerencia yanqui.
No olvidemos, Trump tiene teorizada y publicada la intervención estadounidense en una UE que no le gusta, con el objetivo de favorecer victorias de los partidos ultraderechistas en los distintos comicios que se vayan sucediendo. Está escrito en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos que Trump hizo pública a finales del año pasado. Urge preparar un sujeto político y social que plante cara a los desmanes de Trump. En el Estado español, de momento, PP y Vox se han autoexcluido de esta tarea. Pese a sus exageraciones folklóricas patrióticas, su histrionismo de bandera y lolololo, se muestran una vez más vasallos del poderoso, del capital, de la injerencia extranjera. En este caso, han decidido ponerse del lado de las bravatas de Trump, pese a sus amenazas contra la economía española, antes que de los intereses de su ciudadanía.
Este sujeto político ahora mismo está principalmente representado en el símbolo del propio Sánchez, que es quien ha conseguido mostrarse como el antagonista principal de Trump. Un rol que no solo lo juega de puertas para dentro, también se ha construido hacia fuera, en el ámbito internacional. Pero para construirse en un movimiento político y social hace falta mucho más que la identificación con un presidente del Gobierno situado en contraposición con el mandatario de la Casa Blanca. El No a la guerra que recuperaba el presidente este miércoles fue algo que fue mucho más allá en el año 2003.
Aquel movimiento no era solo que el líder del PSOE de aquel momento, José Luis Rodríguez Zapatero, asumiera como propio el eslogan pacifista no levantándose ante la bandera estadounidense en el desfile militar del 12 de octubre de 2003. Aquello fue mucho más. Fue la gala de los Goya presentada por Alberto San Juan y Willy Toledo como índice de que el mundo de la cultura se volcaba con la movilización social; el discurso de José Saramago y Dulce Chacón en la Puerta del Sol ("Ya es hora de que las razones de la fuerza dejen de prevalecer sobre la fuerza de la razón"); las manifestaciones masivas en multitud de ciudades de todo el Estado bajo el lema No a la guerra impulsadas por los sindicatos, partidos progresistas y multitud de entidades sociales de distinto índole...
En este sentido, habrá que prestar atención en los próximos días a los movimientos de sindicatos, ONG y otros colectivos que se estén cocinando en estos días previos al 8 de marzo feminista. Ya se están planteando, de hecho, movilizaciones de cara al próximo 14 de marzo en varias ciudades por la plataforma Parar la guerra apoyada por distintos colectivos y organizaciones sociales.
Y la izquierda alternativa, que está en pleno proceso de reconfiguración tras el acto impulsado por IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar el pasado 21 de febrero y la conversación entre Gabriel Rufián (al que cada vez más encuestas le dan como el líder preferido de una futura candidatura plurinacional de convergencia) y Emilio Delgado, tiene la oportunidad de sumarse a un momento de movilización social y el reto de que no capitalice este impulso el PSOE. Compartir con el partido de Sánchez una línea de actuación contra las locuras de Trump y ser capaces de generar dinámicas que miren más allá que el propio PSOE es el reto y el debate abierto en estos partidos de izquierdas.
El No a la guerra y poner freno a Trump no solo es una causa justa, es también un motor para ganar políticamente el país y cambiarlo.
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