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Wayne Wang dice que se siente un alienígena en Hollywood

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Nacido en Hong Kong, de origen chino, y residente desde hace años en Estados Unidos, Wayne Wang comenzó haciendo cine independiente para luego tener que rendirse ante los estudios en grandes producciones con las que no comulga. "Me siento un alienígena en Hollywod",confiesa el autor de "Smoke".

Wang ha traído a competición "Mil años de oración", filme que responde a su propio estilo, "minimalista y sencilla", explica el cineasta a la prensa tras la proyección, largamente aplaudida. Mientras, en Zabaltegi presenta "La princesa de Nebraska".

Son las dos caras de la moneda. Una especie de repetición de lo que hizo en los años noventa con "Smoke" y "Blue in the face". "La primera estaba metódicamente escrita y estudiada; y sentí la necesidad de hacer otra con conflictos y situaciones más intuitivas, y surgió la segunda".

En este caso, "Mil años de oración" habla de los problemas de comunicación que surgen entre una hija que vive hace 12 años en Estados Unidos y el padre que viene desde Pekín a visitarla. "Es un relato muy elaborado, y quise hacer algo muy diferente, 'La princesa de Nebraska' sobre una joven china de 18 años que no ha conocido, como la protagonista del otro filme, los efectos de la Revolución Cultural, y sólo conoce a Paris Hilton y Louis Vuitton"

"Smoke" y "Blue in the face" supusieron la colaboración entre Wayne Wang y Paul Auster, quien ahora preside el Jurado del festival. En aquel entonces trabajaban mano a mano y día a día. Para "Smoke", Auster puso el guión; mientras que en "Blue in the face" además, codirigió el filme.

Pero el propio Auster reconoció en una entrevista con Efe que llevaban siete años sin hablarse, aunque prometió "ser justo" con su viejo amigo y confiar en que su película fuera buena.

Hoy, Wayne Wang reafirmó ese distanciamiento, fruto, dijo, de las diferencias surgidas en una tercera colaboración, "El centro del mundo".

"Es difícil vivir con ese desacuerdo y no hablarnos, pero confío en que algún día nos reencontremos", señaló Wang, quien a la hora de evaluar el peso del juicio de Auster sobre su obra, confiesa: "Puede ser bueno o malo. La cuestión es que quizás me conoce demasiado bien".

Para ilustrar cómo es eso de sentirse cual alienígena en Hollyood, Wang cuenta cómo un día entró en un gran estudio y un ejecutivo le dijo que Wayne Wang no existía, que era un pseudónimo que muchos utilizaban. Y es que la maestría del cineasta le ha hecho adaptarse como un camaleón a la industria, cuando no contaba con medios para rodar lo que quería.

Así, cuenta cómo cuando él empezó quería "cambiar el lenguaje del cine, estaba influido por Godard y otros directores de entonces", pero ahora, explica, el cine independiente en Estados Unidos "está tomado por los grandes estudios" que tienen sus filiales dedicadas a captar jóvenes para imprimirles el sello Hollywood con un determinado estilo.

"Son gente que nunca han visto nada de Bergman o de Antonioni", cuenta Wayne Wang, quien, pese a ello, se muestra optimista: "La esperanza está en esa gente con cámaras digitales y que pelean por su propia forma de hacer cine. Yo, en los talleres de cine, siempre les digo: ¡Sal por ahí. Si tienes pasión, no esperes. Hazlo!".

Tras poner su firma a productos tales como "Sucedió en Manhattan" para obtener recursos para financiar su cine, Wayne Wang afirma: "Me siento perdido y atado al ver cómo, por ejemplo, cortan el ritmo de tu película por entender que es lento, y la dejan sin aire para respirar, a los personajes y a la narración".

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