Cómo evitar las compras impulsivas en rebajas
Evita las tentaciones generadas por el marketing para así tener un control absoluto de tus finanzas.

Zaragoza-
Las rebajas de enero son un clásico. Es el momento esperado por muchos para hacerse con aquellas prendas u objetos que necesitan o ansían a un precio reducido. Sin embargo, en los últimos años no faltan voces que cuestionan si no se trata de una práctica desfasada. De hecho, las imágenes de las masas a las puertas del centro comercial de turno para ser los primeros en comprar, prácticamente han desaparecido de los medios. Sobre todo porque ya no se producen de esa manera. Las nuevas formas de comercio, especialmente la venta online, han cambiado los hábitos de consumo.
Tampoco el calendario de ventas es el que era. La aparición de nuevas ventanas de rebajas, como por ejemplo el Black Friday, han restado poder a las rebajas de enero como evento social. Lo que no significa que hayan perdido todo poder de atracción; especialmente para el comprador accidental. Porque aunque parezca una paradoja, si cada vez menos gente planea sus finanzas en función de las rebajas de enero, esto implica que las posibilidades de una compra impulsiva aumenten. Al fin y al cabo, no hay mayor enemigo del ahorro que la falta de planificación.
Haz un presupuesto abierto
Por su propia definición, un presupuesto requiere reflexión. Es decir, implica escrutar tanto las cuentas propias como identificar las necesidades que deseamos satisfacer durante las rebajas. Pero no solo eso. También se puede destinar una partida abierta o para caprichos, pensada únicamente con el fin de saciar el placer que a veces implica el ir de compras. De esta manera, también las adquisiciones no previstas sobre el papel también estarán incluidas dentro del gasto previsto. En otras palabras, la idea es anticipar las compras impulsivas convirtiéndolas en algo controlable y que se ajuste a las finanzas domésticas.
La regla de las 24 horas
Claro que la economía doméstica no es el único motivo por el que una compra compulsiva puede ser problemática. De hecho, si la idea es evitar el consumismo vacío, aunque no trastoque nuestras cuentas, lo ideal es evitar comprar aquello que no necesitamos y, en el fondo, tampoco queremos. Por ello, un buen método para evitar tentaciones absurdas es la llamada regla de las 24 horas. Una práctica tan sencilla como útil.
Básicamente, la regla de las 24 horas consiste en darse un periodo de reflexión de un día antes de adquirir un producto determinado que esté rebajado. La idea de fondo consiste en aplacar el impulso para dar paso a la reflexión. Al fin y al cabo se estima que es un tiempo prudencial para diferenciar un deseo pasajero de una necesidad real. Así pues, una vez pasado este periodo de gracia, si todavía deseamos el objeto significa que realmente lo anhelamos; y por tanto su compra está justificada. Si por lo contrario ya no lo estimamos necesario, habremos evitado una de las trampas que nos tiende el consumismo.
Hay incluso quien aboga por extender dicho periodo de gracia a 72 horas, para asegurarnos realmente que los fuegos de artificio han desaparecido por completo de nuestro sistema antes de adquirir un producto. Es el caso por ejemplo de Jaime Higuera, quien asegura que “al tercer día lo verás desde un lado más racional y te podrás dar cuenta de si es una buena inversión o no”.
Al fin y al cabo, hay que tener en cuenta que el comercio juega con su capacidad para generar necesidades artificiales para estimular el consumo. Desde que ponemos un pie en una tienda, todo está pensado al milímetro para potenciar las ventas. Desde la manera o el lugar en la que los productos se posicionan hasta las campañas, ofertas o cartelería. Algo que también sucede en el entorno online, por supuesto. Técnicas muy depuradas ante las que la reflexión profunda es la única respuesta.
Date de baja de los boletines publicitarios
Aunque el concepto rebajas de enero en el imaginario común tiene ese componente arcaico de ir de compras, lo cierto es que el mundo ya no funciona así. Actualmente el comercio electrónico es preponderante y, como tal, posee sus propias estrategias. Muchas de las cuáles consisten en ir directamente a por el consumidor. Una habitual es enviar boletines con las ofertas más destacadas al correo electrónico. Algo que en periodo de rebajas puede generar deseos en forma de oferta suculenta o producto en el que no habías reparado.
Ante esta nueva fuente de deseo la acción más taxativa y, a su vez, eficiente es darse de baja de dichos boletines. Aunque resulte algo farragoso en algunas ocasiones, todos los comercios deben ofrecer una vía para desuscribirse de sus boletines informativos. Y si no, siempre queda la opción de marcarlos como spam. De esta manera no solo evitaremos tentaciones de caer en compras compulsivas, sino que además tendremos nuestra bandeja de entrada más limpia para acceder a aquellos correos electrónicos que sí nos interesan.
Ten en cuenta las devoluciones
¿Y qué sucede si a pesar de todas las precauciones terminas cayendo? Es algo que puede pasar y tampoco es cuestión de martirizarse por ello. Un factor a valorar siempre a la hora de realizar una compra es comprobar la política de devoluciones de dicho comercio. Si no hay garantías es mejor evitar dicho marketplace. De esta manera, siempre habrá una forma de deshacer el camino andado y retornar aquello que compramos por impulso, pero que en realidad no queríamos.
Los comercios cuentan con ello, pero también con el hecho de que la mayoría de sus clientes no van a ejercer la proactividad que implica el devolver un objeto. Se trata de un proceso que puede ser pesado, sobre todo en el e-commerce, pero que no debemos dejar pasar si, de verdad, no deseábamos lo adquirido. De hecho, superar la tendencia al pasotismo es la clave de todo esto. Las compras por impulso se evitan, sobre todo, practicando un consumo consciente. O lo que es lo mismo, gobernando nuestras finanzas y anteponiendo nuestros intereses, sin dejar que sean agentes externos los que dicten qué hacemos con nuestro dinero.

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