¿Cuándo es más rentable comprar a granel?
La compra a granel posee ventajas evidentes desde el punto de vista de la sostenibilidad pero, ¿es rentable a nivel económico?
Zaragoza-
Desde hace algunos años, la venta a granel ha tenido un pequeño impulso por parte de algunas comunidades de consumidores. Sobre todo, se trata de una apuesta por aquellas personas que están más concienciadas con el medio ambiente y la sostenibilidad. Sobre todo porque, logísticamente, este modo de venta implica una reducción significativa en la utilización de plásticos que, con toda probabilidad, han de terminar convirtiéndose en residuos contaminantes.
Principalmente porque el packaging excesivo, tan propio de los supermercados y grandes superficies, se elimina por completo con la venta al peso. Además, se trata de un modo de comercio que favorece mucho la utilización de contenedores reciclables, como por ejemplo de cristal. De esta manera, si la misión es conseguir cero residuos, el granel se impone como una forma ideal. Pero, ¿qué pasa con el bolsillo? Al fin y al cabo, cuando hablamos de consumo también hablamos de economía doméstica y, por ello, el coste es una variable importante y que se ha de tener en cuenta a la hora de decantarse por una opción u otra. Especialmente en un contexto de inflación, una época en la que los bolsillos sufren más.
¿Es más barato comprar a granel?
Por norma general, comprar a granel es más barato que los productos empaquetados aunque no siempre. Por ello es preciso no tratarlo como una regla de oro, sino que lo aconsejable es comprobar en cada en cada caso concreto.
No obstante, la compra a granel posee una ventaja innegable y es que evita el sobreconsumo. Algo que también repercute de manera positiva en el bolsillo. ¿Qué implica esto? Básicamente, que al comprar al peso se puede adquirir la cantidad exacta que se quiere o necesita. De esta manera se puede ajustar muchísimo mejor el presupuesto, además de repercutir positivamente en la reducción del desperdicio. Algo que no es un asunto menor, pues según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en España se desperdician más de 1.125 millones de kilos de alimentos al año en los hogares españoles.
Esto es especialmente útil en hogares unipersonales, para los que el packaging no suele pensar sus productos. Aunque en realidad se aplica para todos. Un ejemplo claro de ello es la fruta. Al comprar por piezas o al peso es más sencillo ajustar el menú que si se hace comprando bandejas de supermercado, donde obliga a comprar la misma cantidad a todo el mundo. Algo que puede extrapolarse a la mayoría de productos perecederos.
Cuándo no es más barato comprar a granel
Siempre que se va a la compra hay que hacerlo de manera proactiva. Es decir, con una lista de la compra cerrada y la intención de comparar precios para no caer en las llamadas compras por impulso. Algo que también se debe aplicar a cuando se compra a granel, pues en ocasiones los envasados de marca blanca son más económicos. Esto suele ocurrir generalmente en los productos de uso más habitual, como por ejemplo pastas, arroz, azúcar, etc.
El motivo es muy sencillo: se trata de útiles que se consumen en grandes cantidades, por lo que los grandes fabricantes poseen la capacidad de ejecutar economías de escala con las que estrechar los márgenes y ofrecerlos a un precio muy competitivo. Es por ello que, por norma general, las tiendas de venta a granel suelen diferenciarse poniendo el acento en otros aspectos como la calidad de producto, la sostenibilidad o la cercanía.
Entonces, ¿compensa comprar a granel?
La respuesta, aunque suene odiosa, es que depende. Depende del producto, del establecimiento y de las necesidades del consumidor. Por norma general, si hablamos de productos frescos, especias, frutos secos, legumbres o cereales menos comunes, la compra a granel debería ser más barata, pues reduce costes como el envasado o el transporte. Sin embargo, en productos procesados o aquellos de alta rotación, las marcas blancas poseen cierta ventaja competitiva gracias a sus procesos industrializados.
Lo importante a la hora de comprar es comparar los precios según el coste por litro o kilo. Solo así se puede determinar si la compra al peso es más económica o no -también se evita caer en la trampa de la reduflación-. Además se debe tener en cuenta cuál es el consumo que se realiza en el hogar. O lo que es lo mismo, el desperdicio que solemos generar, pues adquirir únicamente lo necesario puede traducirse en un ahorro real a final de mes.
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