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El cometa interestelar se acerca a la Tierra por Navidad

El segundo cuerpo celeste extraño al Sistema Solar tiene un núcleo muy pequeño y una gran cola y pasará muy lejos a enorme velocidad.

Cometa Borisov fotografiado desde el Observatorio Keck y comparado con la Tierra.- YALE UNIVERSITY

MALEN RUIZ DE ELVIRA

Un cometa se acerca a la Tierra por Navidad, pero no es el que guió a los Reyes Magos según la leyenda y tampoco será fácil de ver, aunque sí lo podrán observar detalladamente los muchos grandes telescopios que lo están siguiendo. Provoca tanto interés porque es un cometa muy original, el primero detectado que procede del espacio interestelar, un extraño al Sistema Solar.

Descubierto el 30 de agosto pasado por un astrónomo aficionado de Crimea, el cometa ya tiene nombre, se llama Borisov como su descubridor y el telescopio espacial Hubble acaba de fotografiarlo cuando estaba a punto de alcanzar su máxima aproximación al Sol, a 298 millones de kilómetros de la Tierra, y estaba más caliente y brillante. Lo más curioso para los astrónomos no es su trayectoria actual, ya que las leyes de la física mandan, sino que su composición y morfología le hacen prácticamente indistinguible de los cometas locales.

Hasta ahora solo se han detectado dos cuerpos celestes en el Sistema Solar que proceden del espacio interestelar y los dos muy recientemente. El primero fue, en octubre de 2017, el extraño asteroide o resto de cometa Oumuamua, que tiene una llamativa forma de cigarro y llevó a algún astrónomo a plantearse que fuera artificial. Ya se fue. El segundo es Borisov.

En ambos casos, la observación de su trayectoria y velocidad permite asegurar a los científicos que proceden de fuera y su camino resulta ligeramente deformado por la gravedad solar, que no es suficiente para captarlos. Se confirma así la hipótesis de la existencia de cuerpos de este tipo, que en su origen resultaron expulsados del sistema en que se formaron probablemente por una casi colisión con un planeta y vagan entre las estrellas.

A finales de diciembre, Borisov alcanzará su mayor aproximación a la Tierra en su veloz cruce del Sistema Solar. Pasará a 290 millones de kilómetros (casi dos veces la distancia de la Tierra al Sol) a una velocidad de 175.000 kilómetros por hora, una de las más altas observadas en un cometa. Luego retornará al frío espacio interestelar para no volver nunca. Esta vez no será el típico cometa del Sistema Solar que orbita la estrella y periódicamente reaparece.

Los cometas son objetos celestes curiosos y fascinantes. Las nuevas observaciones del Hubble han permitido determinar con mucha más precisión que hasta ahora el diámetro del núcleo de Borisov, que no brilla y es su característica más importante. El visitante interestelar ha resultado ser muy pequeño, su diámetro es menor que un kilómetro, señala David Jewitt, catedrático de la Universidad de California en Los Ángeles que ha dirigido las observaciones del Hubble. Sin embargo, es un cometa muy activo, su cola se alarga casi 180.000 kilómetros nada menos, unas 14 veces el diámetro de la Tierra, como han podido observar astrónomos de la Universidad de Yale con los telescopios Keck en Hawai en las últimas semanas.

En cuanto a su composición, observaciones hechas con varios telescopios, entre ellos uno en Canarias, muestran que su espectro es del mismo tipo que el de otros cometas del Sistema Solar, que están compuestos por hielo y polvo y se formaron en la parte externa del disco planetario. Hasta ahora todos los cometas catalogados procedían de un anillo de restos helados en la periferia del Sistema Solar, llamado cinturón de Kuiper, o de la nube de Oort, un conjunto de objetos helados en órbitas mucho más lejanas, la más cercana a unas 2.000 veces la distancia entre la Tierra y el Sol, recuerda la Agencia Europea del Espacio (ESA).

Basándose en las observaciones de los dos únicos objetos celestes interestelares detectados hasta ahora, los astrónomos creen que al menos una docena de este tamaño (no más de un kilómetro) atraviesan al mismo tiempo el Sistema Solar pero que los telescopios actuales no son lo suficientemente potentes como para detectarlos sistemáticamente, señala Bryce Bolin, de Caltech, en el primer resumen publicado de los datos sobre el cometa Borisov.