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El espía de los satélites

El geógrafo Trevor Paglen ha fotografiado 189 artefactos espía de EEUU con la ayuda de astrónomos aficionados de todo el mundo 

MIGUEL ÁNGEL CRIADO

Los trazos que se observan en las fotografías de Trevor Paglen no son estrellas fugaces, sino satélites espía que EEUU tiene orbitando sobre la Tierra para vigilar a los que en ella viven. Con paciencia, la ayuda de un grupo de astrónomos aficionados y un programa informático creado por colegas de la Universidad de California en Berkeley, este geógrafo ha cazado 189 artefactos de vigilancia. Las fotos, recogidas durante dos años, forman parte de la exposición El otro cielo nocturno, con la que pretende reflexionar sobre la salud de la democracia.

Paglen tiene una obsesión recurrente: el lado oscuro del Gobierno de EEUU. Las actividades secretas de sus 16 agencias de seguridad, sus bases militares especiales o las prisiones fantasma de la CIA han llamado la atención de este geógrafo, artista social, escritor y fotógrafo. Todo lo que su Gobierno quiere hacer invisible, él intenta hacerlo visible a los ojos de los ciudadanos. La misión de Paglen es espiar a los espías.

La exposición actual (abierta al público hasta septiembre en el Museo de Arte de Berkeley) comienza con una instalación multimedia de una visión nocturna de la Tierra envuelta por pequeños puntos luminosos. Cada uno de esos luceros es un satélite espía. Los hay de reconocimiento, de la CIA, fotográficos de alta resolución, de la Marina de EEUU, de interceptación de comunicaciones, de la fuerza aérea estadounidense, para la guerra electrónica... Un total de 189 han sido detectados, aunque podrían ser más. La información sobre estos ingenios es material clasificado y, además de su nombre en código, poco más se sabe de ellos.

Para capturarlos con su cámara, Paglen ha contado con la ayuda de un grupo de astrónomos aficionados repartidos por varios países, entre ellos España. Estos pacientes observadores del espacio conocen bien cuántos y para qué sirven los satélites que pasan cada noche. La mayoría son de telecomunicaciones, y su misión y posición es conocida. Pero otros son más misteriosos; no aparecen en ningún registro oficial. Su papel en la obra de Paglen ha sido recopilar datos sobre la posición y paso de cada artefacto y mandarlos al geógrafo.

Paglen, ayudado por informáticos, creó un programa para manejar los datos de los aficionados. Con algoritmos matemáticos, calculó la trayectoria para saber dónde y cuándo mirar para cazar cada satélite. Armado con un telescopio y cámaras de gran formato guiadas por ordenador fue tomando las fotografías. El resultado es un paisaje nocturno marcado por el reflejo de la luz sobre los oscuros satélites.

En la presentación de la exposición, se hace una analogía entre la materia oscura –los físicos tienen constancia, aún indirecta, de su presencia pero no es visible– y las actividades invisibles de EEUU: “Las tácticas de Paglen le llevan cerca de los límites de visibilidad del mundo oscuro, dibujando los trazos de este mundo de sombras en las raras ocasiones en las que sus intenciones y métodos salen a la luz”.

De hecho, el trabajo de este geógrafo y fotógrafo juega con la lejanía de lo que fotografía. Ya sean imágenes de satélites, de bases secretas o aviones prisión de la CIA, el resultado son instantáneas borrosas, difuminadas, que buscan resaltar el oscurantismo de las actividades del Gobierno de EEUU.

Trevor Taglen realizó en el pasado exposiciones sobre códigos secretos o bases militares. También ha escrito dos libros que denuncian la deriva del gobierno de su país. Uno es Los taxis de la tortura, sobre los aviones de la CIA, que cuenta con imágenes tomadas por aficionados que vigilan a estos aparatos allá donde vayan. La otra obra, que se traduciría como Podría contártelo pero tendría que destruirte, se centra en los emblemas de algunas operaciones secretas del Pentágono.

 

Entrevista con Trevor Paglen. El autor de la exposición, que prepara un libro sobre geografía, explica la filosofía que hay detrás de su trabajo.

Imagine que es el guía de la exposición. ¿Cómo la explicaría a los visitantes?

Es una meditación sobre el cielo nocturno. A través de la historia humana, siempre hemos intentado encontrarnos a nosotros mismos mirando el cielo de la noche. Ya era así en la Grecia antigua y sigue siendo igual en nuestra época. Con objetos como el telescopio espacial Hubble, queremos ver en el espacio, intentando entender de dónde venimos, adónde vamos y si estamos solos en el Universo. Con este proyecto, quiero pensar sobre el otro cielo nocturno: el hecho de que hay cientos de lunas secretas orbitando alrededor de la Tierra. Quizá ellas puedan decirnos algo sobre quiénes somos.

¿Cómo han obtenido la posición de estos satélites?

Hay un pequeño grupo de astrónomos aficionados especializado en rastrear satélites secretos. Todos los observadores mantienen un registro detallado de lo que ven.

En la exposición, habla de Galileo. ¿Qué relación tiene con su trabajo?

Las modernas democracias liberales provienen de varias revoluciones –científica, económica y política–, en las que las observaciones de Galileo tuvieron mucho que ver. Necesitamos, en especial en EEUU, reflexionar sobre lo que significa la democracia. Hay una analogía entre las lunas alrededor de Júpiter descubiertas por él, que supuestamente no existían, y descubrir las lunas secretas en la órbita de la Tierra.

Primero fueron las bases militares, después los vuelos de la CIA y ahora los satélites espía. ¿Piensa seguir en el mundo ‘oscuro’?

Creo que he pasado demasiado tiempo en ese mundo, porque no quiero revelar de que tratan mis nuevos proyectos [risas]. 

 

 
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