El lugar donde mueren las ballenas
Un nuevo estudio publicado en 'Nature' detalla la necrópolis más profunda documentada hasta la fecha. La Zona Diamantina podría contener más de diez millones de cadáveres de estos cetáceos.
Madrid-
Los restos de ballenas se forman cuando sus cadáveres se hunden hasta el fondo marino. Esto crea concentraciones localizadas de biodiversidad en las profundidades oceánicas. Además de contribuir a la captura de carbono a largo plazo, los restos permiten comprender la evolución y la dispersión de la vida en las profundidades marinas. Asimismo, proporcionan un valioso registro fósil de cetáceos y ecosistemas de aguas profundas. Un nuevo estudio internacional publicado en Nature y con participación de China, Italia y Nueva Zelanda ha documentado la mayor y más profunda concentración conocida de fósiles de ballenas y ecosistemas activos.
Este yacimiento, denominado "necrópolis de ballenas" debido a su enorme tamaño, se encuentra en la Zona Diamantina del sureste del Océano Índico y contiene evidencia de restos de cetáceos de al menos 5,3 millones de años. El enclave más profundo conocido hasta ahora se encontraba a 4.204 metros en el Atlántico Sudoccidental. Pero en el año 2023, un equipo liderado por el Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas (IDSSE) de la Academia China de Ciencias realizó 32 inmersiones y descubrió cinco asentamientos con restos de ballenas y 485 yacimientos de fósiles a profundidades que oscilan entre los 4.616 y los cerca 7.000 metros.
La investigación amplía el rango de profundidad conocido de los ecosistemas de restos de ballenas. Proporciona información sobre la historia evolutiva, la paleoecología y la dinámica poblacional de ballenas antiguas, y desarrolla el conocimiento sobre los límites de distribución y la biogeografía de los seres vivos. La Zona Diamantina podría constituir un "corredor de vida quimiosintética de restos de ballenas" previamente desconocido. La quimiosíntesis es un proceso de algunos microorganismos parecido a la fotosíntesis, solo que en lugar de luz solar, utilizan la oxidación de compuestos químicos. Este corredor atraviesa el sureste del Océano Índico, por lo que ofrece información sobre la conectividad de las profundidades marinas.
Una gran necrópolis y un gran sumidero de carbono
El hallazgo incluye una gran cantidad de restos de ballenas. Los investigadores documentaron una densidad equivalente a 759,5 individuos por kilómetro cuadrado. Extrapolando estos datos, el estudio sugiere que la Zona Diamantina podría contener más de diez millones de cadáveres de estos cetáceos.
Esto a su vez representa un gran sumidero de carbono. En concreto, la investigación calcula en torno a 6,7 millones de toneladas de carbono secuestrado. Para alcanzar estas cifras, el artículo establece que son necesarios alrededor de 4.700 años de dispersión regional de pequeños restos orgánicos –como el plancton, excrementos u organismos muertos– desde la superficie del océano hasta las profundidades. Esta suerte de "caída" hacia el suelo acuático es un fenómeno conocido como "nieve marina", ya que produce el mismo efecto visual.
La fauna que albergan estos yacimientos
Entre los restos de ballenas aún en fase de hundimiento, los investigadores descubrieron que en el interior de estos restos esqueléticos residían tapetes microbianos –diminutos ecosistemas de microorganismos– y comunidades de fauna asociadas, como gusanos perforadores de huesos o estrellas de mar quebradizas. De estas últimas, observaron tres especies diferentes que residían exclusivamente en huesos de ballena, lo que indica su adaptación a este sustrato.
El equipo científico también reportó el primer registro de la margarita marina asociada a la madera –un tipo de molusco común en los antiguos barcos– en restos de ballena. El hallazgo representa la aparición más profunda conocida de este género, que anteriormente se conocía solo en restos de madera y fuentes hidrotermales. Esta presencia respalda la hipótesis de que los restos de ballena pueden facilitar la dispersión y conectividad de las comunidades quimiosintéticas –es decir, de las especies que realizan la quimiosíntesis– de aguas profundas.
El registro fósil de la necrópolis abarca al menos 5,3 millones de años, según lo confirmado por la datación con isótopos de estroncio. Esto indica que se han producido eventos de caída de ballenas en la Zona Diamantina desde el Plioceno temprano –la época previa al Pleistoceno–. Entre los fósiles identificados se incluyen especies de ballenas picudas actuales (por ejemplo, la ballena picuda de Andrews y la ballena picuda de dientes alargados) y taxones extintos, incluida una especie recientemente descrita, Pterocetus diamantinae.
Esta concentración de restos de ballenas se atribuye a varios factores. La zona funciona como hábitat de alimentación para los cetáceos, algunos de los cuales pueden morir durante las inmersiones profundas. La topografía en forma de V de la zona canaliza los cadáveres hacia el fondo de la fosa. Las bajas tasas de sedimentación regionales permiten que los huesos de ballena permanezcan expuestos durante largos períodos, lo que contribuye a su conservación. De este modo, la necrópolis se convierte al mismo tiempo en un paraje idóneo para conservar otras formas de vida.
Referencia:
"A 5.3-million-year-old deep-sea whale necropolis in the Diamantina Zone". Nature (2026). DOI: https://dx.doi.org/10.1038/s41586-026-10546-z.
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