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Proyecto Stratobus Ni dron ni satélite, un dirigible que flota por encima de los aviones

El proyecto Stratobus desarrolla un vehículo autónomo para observar y transmitir.

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Ilustración del dirigible autónomo Stratobus. / THALES ALENIA SPACE

Los dirigibles vuelven a estar de moda, un siglo después de su auge como vehículo de transporte (el famoso zepelín), de la mano de los avances tecnológicos. Ahora se plantea utilizarlos también para observar permanentemente una gran zona, desde una altura superior a la que surcan los aviones, durante largos periodos de tiempo.

Será una solución más barata y menos complicada de operar que los drones y los satélites, para cubrir necesidades constantes y crecientes, como son la vigilancia marítima y terrestre, la observación con fines medioambientales (incluidos los incendios y la contaminación urbana), las telecomunicaciones, la navegación aérea y marítima y el control de satélites a mayor altura. Esto es lo que han detectado los responsables del proyecto Stratobus, que la multinacional Thales Alenia Space lidera y está en la etapa de completar su diseño.

Un ejemplo muy simple es utilizar uno de estos dirigibles para actuar de repetidor de telefonía móvil e Internet en zonas saturadas por un aumento de la población en verano o en aquellas que quedan en sombra por su topografía. Otro es utilizar estos vehículos para vigilancia de fronteras y control de fenómenos migratorios.

La plataforma hinchable tiene una longitud de 115 metros (similar a la del estadio Bernabéu)

Que al final resulte una solución simple y barata para el usuario no quiere decir que sea fácil de desarrollar, ni mucho menos. Es un importante proyecto tecnológico europeo original. La plataforma hinchable tiene una longitud de 115 metros (similar a la del estadio Bernabéu) y un diámetro máximo de 34 metros, lo que define su gran tamaño. Va recubierta parcialmente de células solares flexibles que alimentan cuatro motores eléctricos con hélices de 3,8 metros. Con esta energía se mantiene fijo el Stratobus, enfrentándose a vientos de hasta 80 kilómetros por hora. Solo el control de la velocidad de los motores en función del viento existente en cada momento exige una avanzada solución tecnológica.

Además, para que las células solares puedan seguir al Sol y recibir su energía de forma eficiente, parte de la estructura hinchable debe girar, sin que lo haga la otra parte, de la que cuelga la góndola que contiene los mecanismos de control y, sobre todo, la carga útil para su misión concreta.

Al situar el dirigible en la estratosfera, a unos 20 kilómetros de altura, la prevista en el proyecto, quedaría por encima de las corrientes de chorro (los vientos más fuertes) que circulan entre los 5 y los 18 kilómetros de altura por la atmósfera.

Esquema de la ubicación de de un Stratobus. / AIRSTAR

Los drones son fáciles de desplegar pero muy caros, y no pueden estar quietos sobre un mismo sitio. Los satélites exigen una inversión mucho más elevada porque deben ser lanzados con un cohete, pero tienen una larga vida útil, aunque tampoco pueden estar permanentemente sobre un mismo sitio, con la excepción de los enormes satélites de telecomunicaciones que están en la elevada órbita geoestacionaria.

La plataforma autónoma dirigible a gran altura se presenta así como algo que está a medio camino entre el dron y el satélite, que tiene una vida útil de 10 años y con una gran capacidad para cargar diferentes sensores u otros equipos, dependiendo de cuál vaya a ser su misión. No consume combustible. Aunque pueda estar quieto sobre un mismo sitio, también se puede desplazar a voluntad una distancia superior a los 1.000 kilómetros, si bien lentamente, según la necesidad del cliente.

Alcanza la estratosfera en menos de cuatro horas

Como el despegue (y el descenso) del dirigible es vertical, lógicamente tiene que tener el permiso de las autoridades aeronáuticas, ya que es un vehículo que forma parte del tráfico aéreo. Alcanza la estratosfera en menos de cuatro horas. El gas utilizado para sustentar el dirigible puede ser hidrógeno o helio, en depósitos en forma de globos dentro de la cubierta, hecha de fibra de carbono trenzada, un material nuevo, resistente, no permeable y muy ligero.

Los instrumentos para la vigilancia, observación o transmisiones - la llamada carga útil- van en una góndola suspendida del dirigible y mucho más pequeña, pero con una capacidad bastante mayor que la normal en un dron, explican los responsables del proyecto. La góndola puede transportar hasta 250 kilos de carga útil, con un consumo de potencia nominal de hasta 5 kilovatios, informa la empresa espacial. Estas cifras aumentan si la misión es sobre el ecuador. No es, sin embargo, un vehículo adecuado para escenarios de conflictos, dada su vulnerabilidad. Como medida de seguridad, está previsto que el dirigible disponga de un paracaídas para un caso de emergencia que le dirija automáticamente a una zona de aterrizaje prefijada. 

Thales Alenia Space, que celebra este año su 30 aniversario en España, emplea en este país a unos 300 ingenieros y su producción se destina prácticamente toda a la exportación, explica Eduardo Bellido, su director general. En Stratobus, un proyecto que se basa en un consorcio de varias empresas europeas, está previsto que la filial española se encargue de segmentos importantes, como son los equipos para misiones de telecomunicaciones y el sistema de control del dirigible.

El calendario previsto incluye tener listas el año que viene plataformas de demostración a escala. El vuelo del primer prototipo sería en 2022, seguido de la producción industrial y comercialización a lo largo de ese mismo año, Organismos gubernamentales e internacionales, así como grandes empresas de telecomunicaciones y otros sectores se perfilan como los beneficiarios de una nueva e imaginativa forma de flotar, el dirigible autónomo multimisión.