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¿Estamos solos en el Universo? Es imposible saberlo

Baja la probabilidad de que exista otra civilización, según un nuevo análisis de la ecuación de Drake, criticado a su vez por no basarse en datos

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Conjunto de radiotelescopios Allen, en California, dedicados a detectar señales de vida inteligente./SETI/SETH SHOSTAK

Lo más probable es que no exista otra vida inteligente en nuestro universo observable, concluyen los autores de un nuevo análisis del tema. En realidad no se puede saber, les contesta un colega, porque el grado de incertidumbre es demasiado grande. La polémica está servida.

La probabilidad de que exista vida inteligente en otro lugar del Universo que no sea la Tierra es continuamente objeto de especulaciones, algo normal en el ser humano, no solo capaz de sino también proclive a hacerse preguntas de amplio o amplísimo alcance. El hecho de que estas especulaciones estén a veces revestidas de un barniz científico es lo que ha llevado a esta última discusión sobre la base real de las herramientas que se han venido utilizando para calcular esta probabilidad, especialmente la famosa ecuación de Drake, establecida en 1961.

Decenios de búsqueda de vida inteligente han resultado infructuosos

Decenios de búsqueda de vida inteligente por parte de programas como SETI han resultado infructuosos. También infructuosa hasta ahora ha resultado la búsqueda de vida en sí, porque no se sabe bien cómo detectarla y el Universo es muy grande, pero ése es otro tema en el que se seguirá investigando sin duda alguna, sobre todo por la abundancia de planetas extrasolares detectados en las últimas décadas.

En la paradoja de Fermi se centran los tres famosos autores del nuevo análisis, del departamento de Filosofía en el Instituto sobre el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford. La definen como el conflicto entre la expectativa de una alta probabilidad de vida inteligente exterior y la aparente falta de vida en el universo que observamos de hecho. La culpa la tienen las ecuaciones de tipo Drake, un modelo que implícitamente asume una relativa certidumbre respecto a parámetros que de hecho se caracterizan por una altísima incertidumbre. Así que los autores del trabajo reexaminan el modelo y concluyen que la probabilidad de que no exista vida inteligente en el universo observable aumenta significativamente sobre estimaciones anteriores, por lo que no resulta sorprendente que no se observe signo alguno de su existencia.

Con esto, dan por disuelta la paradoja de Fermi, que se llama así porque Enrico Fermi se preguntó en 1950, cuando trabajaba en el Laboratorio Nacional de Los Álamos (EE UU) sobre la discrepancia entre la supuesta abundancia de civilizaciones extraterrestres y la falta de pruebas sobre su existencia. “¿Pero dónde está todo el mundo? “, dicen que dijo simplemente.

El nuevo trabajo no ha resuelto nada, según argumenta el astrofísico y comunicador Ethan Siegel en la revista Forbes, y no estamos más cerca de ser la única civilización que antes. Hay demasiados factores totalmente desconocidos. Uno es la probabilidad de que se cree vida a partir de la ausencia de vida en un mundo similar a la Tierra y otro es la probabilidad de que esta vida evolucione hacia una especie inteligente, comunicativa y posiblemente interestelar. Y además está el grave problema de que se dispone de un solo ejemplo, la Tierra.

El tema resulta fascinante incluso para los científicos que reconocen sus debilidades

Para Siegel, sacar conclusiones no basadas en hechos no es de recibo y la única conclusión posible es que la especulación no sustituye al conocimiento, en este caso a la ausencia de conocimiento, que nos impide saber si estamos solos en el Universo. “Aplicar técnicas científicas a un objetivo intrínsecamente no científico, tal como inventar estimaciones sobre datos desconocidos del Universo, no lo convierte en más científico. Lo opuesto al conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión de conocimiento”, es su dura crítica.

No es, desde luego, la primera vez que la ecuación de Drake, que se utiliza para estimar el número de civilizaciones con las que potencialmente se puede establecer contacto, es criticada por no cumplir el estándar científico. Ha sido definida como “una forma estupenda de organizar nuestra ignorancia” y considerada obsoleta por muchos desde hace tiempo, pero se sigue utilizando. Algo parecido pasa con la llamada Ley de Moore sobre la evolución de los chips electrónicos, que no pasa de ser una predicción y que lleva años en crisis.

Los autores, que no son todos filósofos, se defienden pero reconocen que su trabajo es teórico y que en realidad el objetivo es contribuir a cómo manejar la incertidumbre en cualquier tema. Se trata de epistemología y estadística más que de astrobiología, pero la búsqueda de vida extraterrestre inteligente es un buen ejemplo al que aplicar sus análisis, aducen. El hecho de que algo tan especulativo esté teniendo tanta repercusión indica claramente que el tema resulta fascinante incluso para los científicos que reconocen sus debilidades. La polémica seguirá.