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'Un amigo extraordinario'. La derrota del cinismo

Marielle Heller, con la complicidad de Tom Hanks, consigue en 'Un amigo extraordinario' esquivar todas las trampas de la cursilería y hacer que una sarta de obviedades funcione. Es el triunfo de la bondad y la empatía sobre el cinismo y la ira.

La directora Marielle Heller con Tom Hanks, durante el rodaje (Sony. Lacey Terrell)
La directora Marielle Heller con Tom Hanks, durante el rodaje (Sony. Lacey Terrell)

"Aprovechemos este precioso día". Vamos a hablar de bondad, de empatía, de decencia en este mundo de cinismo, ira y de insultos fáciles. Vamos a contar la historia de un legendario y adorado presentador de un programa infantil de la televisión americana, valedor, por supuesto, de los primeros valores, y de su improbable amistad con un periodista de investigación, un tipo resentido que ha visto lo peor de que es capaz la especie humana. Y el cuento ya huele a pastel de azúcar concentrada… pero, a veces, el olfato engaña.

Al reunir los elementos de Un amigo extraordinario, la nueva película de Marielle Heller (The Diary of a Teenage Girl, ¿Podrás personarme algún día?), con Tom Hanks en el papel de Mr. Rogers y el galés Matthew Rhys como el periodista Tom Junod, parece que van a someterte a un sesión de "autoayuda", a hacerte comer un pastelón que chorrea miel por todas partes y que, probablemente, será una de las películas más cursis y ñoñas de tu vida. Inesperadísima sorpresa. Lo que te encuentras es una pirueta cinematográfica magnífica que te desarma por su honestidad y que consigue lo casi imposible: la bondad gana.

La historia real

Esta es la historia real. A finales de los 90, la directora de la revista Esquire encargó a Tom Junod un perfil de Fred Rogers, conocidísimo Mr. Rogers, presentador desde 1968 del programa infantil Mister Rogers' Neighborhood. Por supuesto, la idea era encarar a un periodista resabiado y cínico con el hombre al que millones de niños del país adoraban para un número especial dedicado a los "héroes" de EEUU.

Junod (en la ficción se llama Lloyd Vogel) se acercó a su "presa" acorazado con su acidez y su incredulidad, seguro de que aquel hombre no podía ser tan buena persona como medio país creía. Habló con él, acudió a algunas grabaciones de su programa en televisión, conoció a su equipo, a su mujer… y, poco a poco, fue perdiendo la capa de sarcasmo y suspicacia con que inició el trabajo. En noviembre de 1998 la directora de la revista dio la portada a Mr. Rogers, tras leer el emocionante texto de Junod. Can You Say... Hero? era el título.

Esquivar la cursilería

En la ficción dirigida por Marielle Heller todo esto se convierte en una historia hermosa, con mucho sentido del humor –la primera entrevista entre Mr. Rogers y Vogel es muy cómica-, que te obliga dulcemente a reconocer la dosis de cinismo con la que nos movemos cada día y que te convence tranquilamente de que la clave del futuro de la humanidad es la empatía.

Es difícil explicar cómo Marielle Heller, Tom Hanks, que está enorme en esta película, Matthew Rhys, que le aguanta estupendamente el pulso, y la propia historia, que es de una obviedad casi molesta, se las apañan para esquivar todas las trampas de la cursilería, de lo sentimentaloide, de lo ridículo incluso. Y, sin embargo, es muy simple.

Un amigo extraordinario lo consigue con lo evidente, una narración en positivo que no elude las aristas del dolor y el sufrimiento, un actor soberbio que es decisivo para convencer de que estamos viendo de verdad a un buen hombre y un sentido del humor que nace de reconocernos a nosotros mismos en el personaje del periodista. Hay que saber reírse de uno mismo, claro. Otra obviedad.

Lo obvio aquí funciona

La película está llena de ellas, pero gracias al mecanismo cinematográfico y emocional que ponen en marcha la directora y los dos guionistas -Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster-, que se inspiraron en el artículo de Tom Junod, lo obvio aquí funciona. La rabia y la ira se pueden gestionar en positivo; todo lo que se puede mencionar es manejable, incluso la muerte; todos somos más felices si nos aceptan como somos; la empatía, la bondad, la honestidad son una buena elección.

"Estamos en un punto en el que parece que la división política es mayor que nunca. No sé si es verdad, pero hay mucha violencia y mucho por lo que sentirse perdido y confundido. Creo que en esos tiempos es reconfortante encontrar una voz como la de Fred (Rogers). Hay algo de su mensaje que ahora parece más importante que nunca", escribe la directora en las notas de producción de la película. Una opinión que comparte el actor galés Matthew Rhys, que dice: "Creo que hay un resurgimiento de Fred Rogers porque el mundo lo necesita, necesita a alguien así como bálsamo para la división y herida que se está abriendo, no solo en nuestro país, en todos lados…"

Extrovertida bondad

"Fred Rogers fue una persona muy querida por los niños que le veían, en un momento clave en el que necesitaban alguien que les explicara el mundo de una manera tranquila ya que sus padres estaban siempre muy ocupados para explicarles tales cosas. Era tranquilidad pero no quietud, más como lentitud", explica Tom Hanks, que añade: "Fred Rogers no era un tío elocuente y yo me gano la vida siéndolo. No era un listillo y yo he conseguido tener una carrera lucrativa siendo uno".

Buscando el lado oscuro de aquel ídolo infantil, el periodista Tom Junod de Squire se encontró con su propia zona de tinieblas. "La parte de él que la gente no conoce es su fuerza", asegura ahora. "Detrás de su suave forma de hablar y su extrovertida bondad estaba hecho de hierro. No hacía lo que no quería hacer, solo lo que quería. Y esa fue la persona que vi de principio a fin. Y cuando digo hasta el final me refiero hasta el final. Seguimos siendo amigos los siguientes cinco años, hasta que murió".