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El estado de ánimo de Europa, desconcertada y sin referencias

Mikhaël Hers retrata en ‘Mi vida con Amanda’ el estado de ánimo de Europa hoy, en medio de un mundo que no entiende y sin referencias a las que acudir. La película parte de un atentado terrorista, pero la crisis de la pandemia podría servir igual para sus objetivos.

'Mi vida con Amanda'
Un instante en 'Mi vida con Amanda'.- La Aventura Audiovisual

La pandemia mundial de la Covid-19 nos ha hecho conscientes, probablemente más que nunca, de la auténtica violencia y fragilidad de nuestro mundo. Me refiero, naturalmente, a la sociedad europea, no a la de países sometidos a la tragedia de la guerra, la miseria... donde repararon en ello mucho antes que nosotros. De pronto, nos encontramos sin referencias y con una grave necesidad de entender lo que ocurre. Es el estado de ánimo de Europa que Mikhaël Hers retrata en su tercer largometraje, Mi vida con Amanda.

El detonante para los personajes de la película no es una pandemia planetaria, es un atentado terrorista. No importa demasiado en esta ficción. Son muertes, ausencias, más incomprensibles por inesperadas. Decenas de vidas humanas que terminan en la felicidad de un parque, donde grupos de amigos y familias se divierten. Tras el suceso, otras muchas vidas han quedado marcadas.

Presente en la Sección Orizzonti del Festival de Venecia, la película iba a estrenarse en cines cuando comenzó el confinamiento en nuestro país. Ahora se estrena online en Movistar+, Filmin, Rakuten, Vodafone y Orange. No hay mal que por bien no venga. Ahora Mi vida con Amanda alcanza una sensibilidad más profunda de este tiempo del desconcierto.

"Lo que no queremos saber"

Protagonizada por Vincent Lacoste, que supera todas las expectativas, y la pequeña Isaure Multrier, sorprendente, la película relata la vida después del choque frontal con la nueva realidad. Muestra "lo que no sabemos o no queremos saber", en palabras del sociólogo Gérôme Truc, autor de Shell Shocked: the Social Response to Terrorist Attacks (Polity Press, 2018). Nadie sabe ni entiende cómo esta súbita e indeseada realidad afectará a la vida.

A través de la historia de David y Amanda podemos intuir la nuestra. La infancia de Amanda, una niña de siete años, transcurre con absoluta normalidad en París. Cuando su madre fallece en el brutal atentado, el único que puede hacerse cargo de la pequeña es su tío David, un veinteañero solitario y soñador que vive el presente y que hasta ahora ha evitado tomar decisiones que le comprometan.

El mundo en que vivimos

Mi vida con Amanda se detiene en la triste experiencia personal, pero también en la secuela social. Y lo hace al mismo tiempo que dibuja un retrato de una juventud evasiva justificando siempre las responsabilidades en los otros. El día a día que viene después del shock, la rutina de la nueva realidad, impone un cambio obligatorio. David debe criar ahora a Amanda −da igual que sea un veinteañero sin experiencia− lo mismo que hoy todos dependemos de todos, la generación más joven también es responsable.

"El filme también trata sobre el mundo en que vivimos, donde de repente es posible que te disparen en la calle o en un parque", dice el actor Vincent Lacoste en una conversación con la escritora, crítica y directora Claire Vassé. "Este joven tiene que lidiar con el duelo por su hermana mientras se enfrenta a algo que parece totalmente fuera de su alcance: cuidar a una niña, ser padre. De repente, David enfrenta responsabilidades abrumadoras que nunca había planeado".

Momentos extraños e incongruentes

El terrorismo −la pandemia, también− "crea huérfanos, destruye familias y daña vidas en todas partes. En última instancia, eso es lo que hace que esta película sea tan conmovedora. Más allá del tema del terrorismo, trata cuestiones esenciales sobre nuestra existencia humana: la pérdida, el dolor, las relaciones, la paternidad y la amistad", ha escrito Gérôme Truc, que adelante emociones con sus palabras, las emociones a las que la sociedad de este nuevo mundo que estamos viviendo debe enfrentarse.

Mi vida con Amanda es una película honesta, una historia que pone ante nuestros ojos el futuro inmediato, el que está llegando cada día a nuestras propias vidas. Un futuro donde, como explica el director de la película, conviviremos con "la sensación de que incluso cuando experimentas una tragedia absoluta, el mundo sigue girando, la vida sigue a tu alrededor. David y Amanda se enfrentan a turistas que les saludan desde un bote que pasa por debajo de un puente. Es brutal y hermoso. Es la vida con sus momentos extraños e incongruencias".

Es también la vida de los vecinos poniendo música desde sus balcones, mientras a su lado hay personas viviendo un extrañísimo duelo tras haber perdido a alguien sin haber podido si quiera despedirse, y la de los que hacen colas durante horas para recibir unas bolsas de comida, mientras Vox y miles de ciudadanos celebran las manifestaciones en coches de gama alta con la misma alegría que "cuando ganamos la copa del mundo". La vida con sus momentos extraños e incongruencias.