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El arte va a misa

Los templos religiosos británicos abren sus puertas a obras de artistas como Jaume Plensa, Yoko Ono y Bill Viola

CONXA RODRÍGUEZ

Con la iglesia (y el arte) hemos topado. Los artistas contemporáneos están haciéndose poco a poco un hueco en los grandes templos religiosos occidentales. La coalición entre obispos y artistas comienza a funcionar a pleno rendimiento. Todos parecen ganar con el acuerdo. Por un lado, los religiosos atraen a nuevos feligreses a escuchar sus sermones. Por el otro, los artistas ganan una audiencia inesperada. "La catedral debe reinterpretar y representar la fe cristiana renovándola en cada generación, por eso, la obra de Jaume Plensa (Barcelona, 1955) alentará a reflexionar acerca del amor de Dios en el mundo de hoy", predica Anthony Cane, canónigo de la catedral de Chichester (sur de Inglaterra). El eclesiástico británico se refiere a la escultura de Plensa (Together) que colgará de la nave central del templo el año que viene, tras ganar un concurso al que se habían presentado pesos pesados del arte contemporáneo como Antony Gormley, Mark Wallinger y Ana María Pacheco.

La mano de Dios

Plensa expondrá una mano de Dios en la catedral de Chichester

Together es nada más y nada menos que una mano de Dios de tres metros de longitud. La pieza del escultor catalán colgará como una nube transparente del techo de la catedral inglesa. Letras de ocho alfabetos (latín, griego, hebreo y otros) tejen como un enjambre la pieza. "La comisión seleccionadora ha sido casi unánime con la propuesta del artista español por el sentido de unidad que denota", afirma Cane. Together hará compañía en el templo a las vidrieras pintadas el pasado siglo por Marc Chagall.

Pero Jaume Plensa no está solo. La catedral de Canterbury (este de Inglaterra) tiene colgada en su techo la obra Transport, de Antony Gormley, un artista conocido por sus estudios radicales del cuerpo humano. Christopher Robinson, portavoz de la catedral, explica que un día se encontraron con un montón de viejos clavos, hechos a mano, procedentes de un techo catedralicio restaurado y no supieron qué hacer con ellos. "Se nos ocurrió ofrecer los clavos a Antony Gormley porque la creatividad artística es parte de la catedral, que está abierta al arte moderno", cuenta Robinson.

Transport, escultura con forma de cuerpo humano, está colocada sobre la cripta de Thomas Becket, arzobispo asesinado en la catedral de Canterbury en el siglo XII por un lacayo del rey que se tomó al pie de la letra un inofensivo comentario del monarca. El perfil anatómico permanecerá año y medio en la parroquia. Después, su propietario, el propio artista, decidirá qué hacer con su obra de clavos oxidados.

"Su obra alentará a reflexionar sobre el amor a Dios", dice el canónigo

Antony Gormley reflexiona en Transport sobre el viejo conflicto de la división entre el cuerpo y el alma. ¿Dónde empieza uno y dónde acaba el otro?, parece preguntarse el artista. "Todos somos habitantes temporales de un cuerpo. Es nuestra casa. Es el medio para recibir las impresiones del mundo y comunicar nuestros pensamientos, actos y sentimientos. Quería evocar esto de la forma más directa posible", señala.

Gormley ya tiene una obra, Flare II, colgada en la catedral londinense de San Pablo. Por el templo ha pasado ya Yoko Ono, que expuso allí una de sus instalaciones. El próximo en llevar su arte a la catedral será el célebre artista neoyorquino Bill Viola, que expondrá unos vídeos sobre los mártires y la virgen María.

Lejos del cristianismo

Bill Viola tiene experiencia en la instalación de obra en templos religiosos

El azar ha hecho que los vídeos de Viola, que se proyectarán en dos pantallas gigantes, se vean el año que viene a partir de mayo el mes de María y de las flores en la tradición católica. No obstante, Mark Inglefield, director de la galería londinense Blain Southern y representante de Viola en el Reino Unido, rechaza cualquier interpretación religiosa de la obra: "La pieza de Viola sobre María tiene un sentido de maternidad universal, es un ejercicio intelectual que no tiene nada que ver con el cristianismo". Lo que sí reconoce Inglefield es la espiritualidad de los vídeos del artista estadounidense y la idoneidad de la catedral para contemplar la transformación de sus personajes.

"Los mártires y María simbolizan algunos de los misterios más profundos de la existencia humana; uno concierne al nacimiento y el otro a la muerte; uno está vinculado a la satisfacción y la creación, y el otro al sufrimiento y el sacrifico", explica el artista Bill Viola sobre un proyecto que pretende reflexionar sobre la vida y la muerte. No es la primera vez que sus trabajos se exponen en un templo religioso: la iglesia veneciana de San Gallo, la catedral de Durham (norte de Inglaterra) y la basílica San Marco de Milán dan fe de la fructífera relación entre Viola y las iglesias y catedrales.

La lista no se acaba aquí. El escultor Anthony Caro ha expuesto en la iglesia francesa de Saint Jean-Baptiste de Bourboug y el alemán Gerhad Ritcher adornó los vitrales de la catedral de Colonia (Alemania). Ahora es el turno de Jaume Plensa.