El oxímoron de habitar el vacío
La fotografía documental de Brais Lorenzo y el trabajo de un equipo de periodistas se unen para abordar la despoblación, la soledad y las problemáticas medioambientales de la Galicia rural.

Agustina Miranda / Luzes
Santiago--Actualizado a
Se nos hace ruina a memoria a la vez que las piedras. Nos van cayendo los recuerdos por un agujero en los bolsillos del pantalón y desparramamos sin querer topónimos, recetas, el calendario de las cosechas, tradiciones, refranes y dichos populares. Suerte de quien viene por detrás con el angazo para ir recogiendo y sembrando.
Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2023 había 4.307 entidades singulares en Galicia con menos de tres habitantes. En 1.880 de ellas no vivía nadie. Son 816 más que en el año 2000, el más antiguo del que es posible obtener esta información. La despoblación afecta especialmente a las áreas montañosas de Lugo y Ourense (Os Ancares, O Courel, el macizo central ourensano o Trevinca), donde la población menguó en un 70% en los últimos 60 años.
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Cuenta un pajarillo que la periodista Marta Veiga Izaguirre, al menos en sus tiempos en El Progreso, reivindicaba a menudo el "periodismo de corredoiras [caminos de carros]", ese que busca historias más allá de las agendas institucionales, las convocatorias de prensa o las fuentes habituales. Es un trabajo más reposado el de hurgar en toda la realidad que con frecuencia queda fuera de los medios. Exige tiempo y paciencia. Exige, a veces, hacer tres viajes en furgoneta por Folgoso do Courel hasta que la vecina a la que preguntaste el primer día por un hogar de leña acaba por invitarte al que tiene en su propia casa.
Furgoneta
El fotoperiodista Brais Lorenzo (Ourense, 1986) es el conductor de esa furgoneta. Por dentro es funcional, incluso sirve para dormir en ella un par de noches cuando hace falta; por fuera, casi asusta, admite entre risas. De las necesidades de la prensa diaria local y de un interés compartido con el periodista ourensano Javier Fraiz, nació la idea de articular un proyecto que prestara atención a esa forma de vida que iba languideciendo en unas aldeas cada vez más vacías. Ese fue el germen de Habitar o baleiro (Habitar el vacío), un proyecto periodístico multiplataforma con vocación de largo recorrido que busca documentar ese rural de casas deshabitadas, de personas mayores que viven solas, pero también un rural vivo y con futuro gracias a nuevas iniciativas y vecinas que apuestan por él.
La fotografía es el eje principal de Habitar o baleiro, que reúne imágenes tomadas a lo largo de diez años por Lorenzo, pero no el único. Textos y piezas audiovisuales trabajadas en colectivo completan el proyecto, que crece a través de una web propia, las redes sociales o la publicación de reportajes en medios gallegos y estatales. "La fotografía es como un carballo [roble]. Va cogiendo ramas de aquí y de allá", explica Tono Arias, también fotógrafo y coordinador de una de esas ramas que le fueron brotando al árbol de las bellotas, quizá la que más alegría está dando al equipo: la exposición que ya pasó por el Museo do Pobo Galego en Santiago de Compostela, por el centro cultural Marcos Valcárcel de Ourense y por el Museo Provincial de Lugo .
"Desde el periodismo tenemos una deuda con el rural y con lo que está desapareciendo. Tiene sentido que quienes tiremos de ello seamos periodistas de esta generación", sostiene Cláudia Morán (A Coruña, 1990), una de las voces de Habitar o baleiro desde la parte de la escritura y recogida de testimonios, junto con Lucía Abarrategui, Manolo Broa, Alba Moledo y Sergio Pascual. "Nosotros vivimos un rural que fue desapareciendo cuando éramos niños, pero también conocimos otro rural aunque no lo viviéramos, el que nos contaron nuestros abuelos y abuelas, y que ahora se va borrando de la memoria porque ellos van muriendo". Hay una voluntad de preservarlo y de abrir debate sobre una temática que nos afecta a todas. "Mientras trabajamos en esto descubrimos que existe un discurso que da al rural por amortizado, pero no es verdad. No está muerto, hay vida. Hay menos gente que antes, hay una problemática importante de aislamiento, soledad y abandono, pero también proyectos que se abren paso, muchas veces vinculados al sector primario de una manera renovada", apunta Cláudia. Quizá por eso la descripción que más rápido le viene a la lengua a Brais Lorenzo al querer explicar las intenciones del proyecto es la de la combinación de luces y sombras. Es así tanto desde una perspectiva más metafórica como desde la más puramente formal, con el juego de luces que devuelve imágenes más frías y desesperanzadas para retratar la soledad u otras con tonalidades más cálidas para mirar el futuro con cierta ilusión.
"Vendrán los lobos a comernos, ¡y hala!", dice una mujer de Chandrexa de Queixa.
"La gente mayor de las aldeas no es optimista. Ven que se están quedando solos. Los que tienen familia reciben visitas, pero no se van a vivir allí. Tienen pesimismo, no ven futuro a medio y largo plazo. Pero no están dispuestos a abandonar esos lugares". A muchos les encantaría, por ejemplo, que abrieran casas rurales o viviendas turísticas. "¿Cómo no les va a parecer bien si están allí solos?", se pregunta Cláudia. He ahí aquella mujer de Chandrexa de Queixa que les lanzó una frase que aún les resuena: "Vendrán los lobos a comernos, ¡y hala!». La nieta, de 22, vecina de una villa algo más grande, sueña con poder vivir en aquella aldea, pero no encuentra la forma.
"Corredoiras" en furgoneta
En la búsqueda de historias que se agarraran a esa dualidad, en esas corredoiras transitadas en furgoneta y gracias al hilo infinito del boca a boca, dieron con los personajes del Carnaval Ribeirao en Santiago de Arriba (Chantada), con la gente de Puxedo (Lobios) que recupera los trabajos tradicionales de la siega, con la asociación de mujeres Techos de Piornedo, o con Lucero, el perro de uno de los cuatro vecinos que habitaban Espasa (Chandrexa de la Queja) cuando Brais fue por allí. Lucero, que protagoniza la imagen de cabecera de Habitar o baleiro junto su dueño y otra vecina, es el único de los tres que aún sigue vivo. Brais lo supo por el hijo del hombre. Se acercó a la muestra en Ourense y le contó que su padre había muerto. Ahora tiene la fotografía en la casa.
«Existe un discurso que da el rural por amortizado, pero no es verdad. Hay menos gente que antes, pero también proyectos que se abren paso» (Cláudia Morán)
"Tú no llegas a un lugar y la gente ya te abre la puerta de la casa. A veces surge de vínculos previos con otras personas que les hablan de ti; otras, nace de conversar de la vida. Luego ya viene esa segunda fase de encender la grabadora y hacer unas fotos, pero la primera fase es imprescindible". Para Cláudia Morán, las relaciones de confianza que fueron tejiendo durante este proyecto son las que lo hicieron posible. Periodismo de ida y vuelta. "Estás con ellos una mañana entera y meses después vuelves por allá. Hubo casos en los que contaban que se habían acordado de nosotros todo ese tiempo, que preguntaban cuándo íbamos a volver. Eso también da una pincelada de cómo lo viven, de esa soledad que tienen. Así que es una contraprestación: nosotros obtenemos una información muy valiosa, pero ellos también se sienten acompañados con esa conversación con nosotros".
Es un diálogo, además, que se prolonga en el espacio-tiempo. Hay familiares de las personas protagonistas que acuden a las inauguraciones de las exposiciones en las distintas ciudades, o a las visitas guiadas que organizan de tanto en tanto, y que van ampliando y actualizando la información sobre la fotografía original. Algunos murieron, otros enfermaron, otros siguen en el mismo sitio… "Por cierto, Brais, hay que volver donde el matrimonio mayor de Toubes (San Cristovo de Cea), que ya hace unos meses que no los vemos", interrumpe la esta altura Cláudia.
"¿Queremos que sea donde solo vamos los fines de semana? ¿O que sea un modo de vivir?" (Brais Lorenzo)
La temática medioambiental también está muy presente en Habitar o baleiro, con impresionantes fotografías de incendios que queman nada más con mirarlas, reflexiones sobre la instauración de parques eólicos que alientan a repensar los discursos urbanitas, o relatos de movilizaciones sociales contra proyectos como el de la macrocelulosa de Altri en la Ulloa. La pregunta fundamental que se hace Brais Lorenzo a este respecto es la de qué queremos que sea el rural: "¿Queremos que sea únicamente el anexo de las ciudades como generadora de alimentos, energía y masa forestal? Queremos que sea el lugar a donde sólo vamos los fines de semana en un momento de ocio? ¿O queremos que sea un modo de vivir y de estar en el territorio con proyectos cada vez más sostenibles? Este es un momento en el que la sociedad debería tomar posición. Nosotros lo que podemos hacer desde el periodismo y desde la foto documental es dotar a la gente de información para eso".
Profesionales
Con todo, evitan convertir esto en una responsabilidad o voluntad individual, así que el proyecto es crítico con las políticas institucionales y los discursos de falsa apuesta de por medio. "Todo esto también nos apela directamente como profesionales. Queremos acercar información a medida que investigamos y vamos comprendiendo, porque Habitar o baleiro también nace desde un nivel personal para entender qué está aconteciendo, cómo se está vaciando el rural y por qué no está en la agenda mediática y política de una manera real y de manera transversal".
Los esfuerzos se dirigen ahora a la creación de un documental audiovisual
La exposición Habitar o baleiro ya ha sido vista por más de 7.000 personas desde que se inauguró en junio del año pasado en Compostela, construida con imágenes, textos, vídeos y audios que hacen de esta visita una experiencia más inmersiva. Los esfuerzos se dirigen ahora, además de seguir adelante con la difusión de todo el material, a la creación de un documental audiovisual con la ayuda de compañeros de la cooperativa Metrópolis. A las historias que siguen buscando quieren sumarles voces expertas para situar con rigor a temática que abordan. "¿Pero cómo sintetizas el que pasa en el rural de Galicia?", dudan, conscientes de la complejidad y de la diversidad que ese concepto engloba. En eso andan.
Al mismo tiempo, ya tienen la mirada puesta en los próximos pasos de la muestra, que pretenden llevar al resto de ciudades de Galicia, pero también a villas o lugares más pequeños. Ahí es donde el vacío se va llenando. Fue Lucía Abarrategui, otra periodista que también forma parte del equipo, quien pensó que la propia idea de "habitar el vacío" es un oxímoron en sí misma. "Si lo habitamos, el vacío deja de existir. A veces, la incertidumbre aplastante del futuro nos impiden ver su embrión".
Aún con eso en la cabeza, surge la pregunta de cuáles son las fotografías que Brais Lorenzo imagina colgarían en las paredes de la exposición de aquí a veinte años. "Tristemente, y siendo honesto, o explota todo en las ciudades de forma que el sistema entre en crisis y la gente vuelva a las aldeas, o la imagen será algo como Chernóbil después de la catástrofe. Algo completamente paralizado" Pero quiere dejar espacio para las luces: "Es que mucha gente iría al rural si hubiera trabajo y servicios, no solo relativos a la sanidad o a la educación, sino también a la cultura. La gente joven precisa de otra gente joven allí. Si eso fuera así, se recuperaría ese sentido de vida comunitario del rural".
Al final de las visitas guiadas que organizan por la exposición, suelen lanzarle a las asistentes la pregunta de qué creen que va a suceder con el rural en Galicia. Las respuestas bailan entre el optimismo y el pesimismo, entre la llamada a una implicación política administrativa y a una decisión individual. Pero hay también otra reflexión que se repite: "Si pensamos en el rural de nuestros abuelos y bisabuelos, ese claro que va a desaparecer. Ya está desapareciendo. Si pensamos en otro rural más adaptado a la vida de hoy, ¿por qué no?.


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