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Bernardo Atxaga: "Las condenas a los jóvenes de Altsasu son de una crueldad inhumana"

El escritor vasco publica 'Casas y tumbas', una novela vertebrada en la amistad, el amor a la naturaleza y la inminencia de la muerte. Un libro que, según confiesa el escritor, cierra el ciclo que inició hace más de tres décadas con la reconocida 'Obabakoak'.

Bernardo Atxaga
El escritor vasco Bernardo Atxaga.- JAIRO VARGAS

Se cree Atxaga que va a dejar la novela. Lo dice y se lo cree. Incluso se muestra taxativo si se le aprieta un poco. ¿Está usted seguro, señor Atxaga? "Absolutamente", "sin nigún tipo de duda", responde concluyente. Parece convincente. Alega sentirse oprimido por la forma, una forma que responde a una "presión social" que dice entender, que asume, pero que le obliga a "crear de un determinado modo". 

Entretanto, Atxaga sigue llenando cuadernos y cuartillas como siempre hizo. Sigue anotando ideas, posibles escenas, sugerentes entradillas... Todo eso lo hace mientras da por finiquitada su contribución a un género con el que lo ha ganado casi todo –el último; el Premio Nacional de las Letras 2019– y del que se despide con Casas y tumbas (Alfaguara). "Es un buen final", apunta.

A modo de colofón, Bernardo nos deja una novela anclada en el tardofranquismo, una historia de amistad entre tres amigos cuyo mundo, pequeño y opaco, despega y sobrevuela los años de plomo del terrorismo, las huelgas mineras y la era de los realities y el correo electrónico. "Siento que la travesía ha sido larga", confiesa el escritor. "También siento que lo que ahora deseo es seguir las pistas que he ido ocultando en mis cuadernos y ver qué pasa". 

De momento el guipuzcoano saca pecho, parafrasea a Apollinaire y fantasea con probarse en otros registros: "Hay un poema del francés en el que dice que por fin tiene derecho a saludar a gente que no conoce, yo creo que me he ganado el derecho de saludar a formas que no conozco". Un alarde de independencia que dice haberle llegado después de 40 años dedicado a las letras y al que no tiene intención de renunciar: "Es curioso, cuantos más años tiene uno, al menos en mi caso, más libre se siente"

Por lo pronto, el autor de Obabakoak ya barrunta una "novelita corta" sobre la sentencia del Tribunal Supremo a ocho jóvenes de Altsasu por su implicación en una trifulca con dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas que tuvo lugar en la madrugada del 15 de octubre de 2016. "Hay determinados actos que tienen una resonancia mayor y que todo autor debe detectar porque son como una alegoría del tiempo", apunta.

Apenas cuarenta kilómetros separan el pueblo de Asteasu, donde nació el escritor, de Altsasu, municipio que conoce bien y que, al nombrar, Atxaga no puede evitar escenificar una leve punzada, como si al pronunciar esa palabra evocara también la suerte que han corrido los jóvenes encarcelados. "Las condenas a los jóvenes de Altsasu son de una crueldad inhumana, escribir sobre lo que allí ocurrió me parece un acto de reparación necesario, no sólo para que se sepa en el futuro lo que sucedió, sino para que los responsables sepan que la gente lo sabe".  

Un linchamiento penal que, en palabras de Atxaga, lleva al bueno de Kafka a las instituciones: "Este acto de inhumanidad no ha tenido lugar entre pasadizos subterráneos, ha sido un tribunal el que lo ha llevado a cabo, un tribunal que pertenece a un sistema de justicia que se supone es uno de los pilares de nuestra democracia", denuncia. 

Desconocemos en cualquier caso si lo que está pergeñando el vasco será una breve ficción basada en hechos reales, una crónica periodística o la penúltima novela de un escritor que no sabe dejar de serlo, aunque le gusten las despedidas.