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'Borrar el historial' "Mi coño está en la nube", cuando el mundo digital lo domina todo

'Borrar el historial', décima película de la pareja Benoît Delépine y Gustave Kervern, es un retrato desternillante de nuestro mundo hiperconectado, con el que consiguen que nos riamos a carcajadas de nuestra deprimente y delirante condición de esclavos del mundo digital.

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Corinne Masiero, Blanche Gardin y Denis Podalydès en 'Borrar el historial'. — La Aventura Audiovisual

madrid,

El dodo (raphus cucullatus) se extinguió por culpa de la actividad humana. El hombre (homo) es "el dodo de la inteligencia artificial". Los hackers de este mundo de "globalización descontrolada" son dios. Y Benoît Delépine y Gustave Kervern son los mensajeros de las malas y las buenas noticias. La pareja de cineastas, amantes de lo absurdo, el desafío y el descaro, han dibujado en Borrar el historial un retrato desternillante de nuestro mundo digital, deprimentemente certero y brillantemente revelador.

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Internet es un problema mundial. Es lo que vienen a decir estos creadores con su décima película juntos. Ganadora del Oso de Plata en Berlín el año pasado y protagonizada por Blanche Gardin, Corinne Masiero y Denis Podalydès, esta es una historia hiperreal de la hiperconectividad. Su gran acierto: consigue que nos riamos, muchas veces a carcajadas, de nosotros mismos, de nuestro día a día, de las nuevas adicciones digitales... Su gran virtud: anima a reflexionar sobre el disparatado mundo en el que estamos 'enredados' y recuerda que "los seres humanos estamos equipados con imaginación y razonamiento".

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Angustia digital

Marie acaba de separarse y añora a su hijo, un adolescente enganchado al móvil, por supuesto. Una noche loca, hasta arriba de whisky, se lía con un hombre. La llamada del día siguiente es para chantajearla a cambio del vídeo de la 'velada sexual'. "¡Mi coño está en la nube!". Christine es una conductora de Uber que no consigue que los clientes le pongan más de una estrella y que ha perdido a su marido y su anterior trabajo por su adicción a las series.

Y Bertran es viudo y vive con su hija, una adolescente enganchada al móvil, por supuesto. Intenta ligar con vendedoras que le hostigan por teléfono –"¿por qué tiene mi número? ¿qué más sabe usted de mí?"–, mientras busca la manera de que borren una grabación que han hecho en el instituto acosando a su hija. Amigos desde las manifestaciones de los chalecos amarillos, los tres empiezan a sufrir una espantosa angustia.

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Corinne Masiero y Blanche Gardin, en una escena de la película. — La Aventura Audiovisual

"Varados en nuestros hogares"

El precio que el ser humano está pagando emocional y socialmente por vivir en este mundo online, la incomunicación a la que nos hemos desterrado voluntariamente, la ausencia del sentido de comunidad, el individualismo feroz... van surgiendo en esta película, en la que Benoît Delépine y Gustave Kervern cantan bien alto y bien claro. Como sus personajes, todos estamos "varados en nuestros propios hogares" y por ello, en palabras de Gustave Kervern, "no puedes evitar ser pesimista".

"Esos son los problemas reales con los que estamos lidiando, y los estamos lidiando globalmente, así que todos estamos asustados, e Internet es un problema global, por así decirlo. De alguna manera estamos gobernados por el miedo y la ansiedad", declaró Deléphine en una entrevista con la publicación británica The Upcoming.

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Michel Houellebecq y el actor Denis Podalydès, en una escena de la película. — La Aventura Audiovisual

"Estamos vendidos"

Acompañados por sus colegas de siempre –Benoît Poelvoorde (repartidor), Michel Houellebecq (suicida), Vincent Lacoste (chantajista), Bouli Lanners (pirata informatico)... en pequeñas secuencias– los cineastas buscan el equilibrio a su propio pesimismo con una mirada en positivo. "Queríamos transmitir la idea de la solidaridad en un mundo cada vez más individualista, con unas herramientas electrónicas que aíslan cada vez más a las personas", dicen en las notas de producción, donde, no pueden reprimirse, aseguran; "Estamos vendidos".

"Ya no se puede hacer ni el amor sin que te graben", tienes que apuntar decenas de contraseñas para poder hacer casi cualquier cosa, las gangas de telefonía móvil son mentira, la batería del móvil se acaba cuando más falta hace, toda nuestra vida está en los data center, los pedidos online de los muertos se siguen cobrando y los vídeo virales de los gatos son un delirio infernal.

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Denis Podalydès visitando el museo de Isla Mauricio. — La Aventura Audiovisual

Diferentes tipos de Quijote

Un entorno muy hostil para el desarrollo emocional y social del ser humano, al que estos cineastas plantan cara desde hace tiempo. En la miniserie que hicieron para Canal+, Don Quichotte de la Revolucion, un anarquista loco y un Sancho Panza repartidor de pizzas iban al asalto de las grandes multinacionales, planeaban el asesinato del 'jefe', pero comprendían que éste estaba en los centros de negocios, así que pasaban por Bruselas antes de llegar a un paraíso fiscal. Hoy siguen leales a sus Quijotes, de hecho, ya han dicho varias veces que sus diez película "son sobre tipos de Don Quijote, todos luchando contra los molinos de viento".

En Borrar el historial, los personajes salen de un barrio a las afueras de París y llegan hasta los data centers de San Francisco y hasta la isla Mauricio, donde se tropiezan con la historia del dodo desplumado y extinto, objeto de museo ya para siempre. "Cuando eres Don Quijote y sigues luchando contra los molinos de viento, te cansas después de un tiempo", dicen Deléphine y Kervern, que precisamente por ello recogieron a sus personajes del movimiento de los chalecos amarillos "para animarlos de nuevo".

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