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El cineasta coreano Hong Sang-soo consuma la feminización de su cine en 'La mujer que escapó', donde retrata las relaciones entre las mujeres, eliminando cualquier intento de intrusión masculina. Mejor Dirección en el Festival de Berlín y Mención Especial en el Festival de San Sebastián.

Las mujeres de la película charlan mientras comen (Capricci)
Las mujeres de la película charlan mientras comen (Capricci). Capricci Cine Distribución

El cineasta surcoreano Hong Sang-soo ha consumado la feminización de su cine en su película, La mujer que escapó. La ha completado como si hubiera mirado atrás, al día que descubrió en un café de París una postal con las palabras del poeta Louis Aragon, "la mujer es el futuro del hombre", y hubiera decidido quedarse a vivir definitivamente en esta convicción.

La frase del poeta francés ya fue título de una de sus películas, en 2014, pero entonces, sus personajes principales eran dos hombres. Hoy son mujeres, mujeres cómplices a pesar del tiempo, reunidas en un universo exclusivo, el femenino, al que muy pocos cineastas varones han sabido acercarse con la delicadeza, naturalidad y empatía con que lo hace Hong Sang-soo.

En La mujer que escapó, protagonizada una vez más por la actriz Kim Min-hee, el cineasta vuelve a mostrarse como el maestro de la levedad y la sutileza, y, como si estuviera haciendo un ejercicio intrascendente, 'contempla' conversaciones aparentemente triviales de unas mujeres con otras para englobar con ellas un mundo entero de emociones, de preocupaciones, de diversión, de vida.

Los intrusos

"Siempre estamos juntos. Es la primera vez en cinco años que nos separamos. Él dice que la gente enamorada no debería separarse nunca". Gamhee, liberada de las normas de su entorno diario, ha iniciado un recorrido de reencuentros con viejas amigas de las que ha estado apartada desde que se casó. Entre ellas hablan del amor, del trabajo, de sus casas, de comida, de animales, de paisajes… Todo es natural, todo fluye con sencillez y verdad porque así es como hablan las mujeres.

La película se detiene en las relaciones entre las mujeres y cuando en alguna escena un hombre intenta entrometerse, no lo consigue. Hong Sang-soo los rueda de espaldas, con una sola excepción, la del actor Kwon Hae-hyo, eco de muchos de sus personajes de ficción dedicados al arte. Aquí es un escritor de éxito, antiguo novio de Gamhee y actual marido de una amiga de ésta.

-"Se me hace rato verte", le dice Gamhee.
-"Yo estoy bien, ¿tú estás incómoda?"
-"Una vez me llamaste, ¿verdad? Crees que he venido por ti, ¿verdad? Pues, no".
Es el propio Hong Sang-soo el que habla, es a él al que le parece una intrusión la aparición de este hombre en ese mundo único de mujeres. Y lo deja fuera de esta manera, solo con su arrogancia, ajeno a una vida de complicidades, de franqueza y cordialidad, donde la gravedad de las cosas desaparece enterrada por la intensidad de vivir el día a día.

'Algo opresivo y complicado'

Dice el cineasta que esta película, como todas las suyas, no es resultado de ninguna exploración profunda, que en ella ha seguido su sistema habitual, con guiones apenas esbozados en un par de folios y diálogos escritos un poco antes de cada día de rodaje. Hong Sang-soo insiste en que él sigue trabajado "sobre la marcha". "Intento surfear en la superficie de las cosas, no entro en el fondo de ellas, no me gusta ahondar, y confío en que eso me lleve a algo. Al rodar hay cosas que me son dadas, sin que yo las busque. Me siento agradecido por ellas".

"Voy a lo fácil", declaró en Berlín, donde reconoció que a menudo pensaba en sus películas una vez hechas. Para La mujer que escapó ni siquiera tuvo una explicación convincente para el título mientras rodaba, pero en el estreno en el festival confesó que "puede que sencillamente tuviera la impresión de que los personajes femeninos huyeran de algo, de algo opresivo y complicado".

La lógica de la vida

Con sus habituales planos largos y zooms, cada vez más depurados, el director rueda a estas mujeres muy a menudo comiendo. Una carne exquisita con la primera amiga y su 'compañera' de piso. "Aquí se está bien", dice Gamhee. Es una casa que su dueña compró con el dinero del divorcio y un préstamo y desde la que se ve una preciosa montaña. Allí, un vecino tiene gallinas. Y allí hacen la primera aparición los animales de esta película, seres vivos con los que las mujeres conectan de una forma natural.

También hay un gallo, "es malísimo. Cada día se monta encima de las gallinas y las picotea la nuca. Lo hace para alardear, para demostrar que el que manda ahí es él". Otro intruso en este universo, en el que también intenta meterse un vecino que protesta por la comida que estas mujeres dan a los gatos. Surge en él la detestable figura del hombre protector. "Mi mujer es muy sensible, le dan miedo los gatos". Pero no puede con ellas. "Qué pena que le den miedo los gatos, pero estos gatos tienen que sobrevivir". Por supuesto, él intenta decir la última palabra: "Lo más importante son las personas". Hong Sang-soo no se lo permite y cierra la escena con las mujeres: "Pero los gatos necesitan comer".

Gamhee, La mujer que escapó, huye de ese mundo restrictivo, de prioridades establecidas por los hombres, para sentirse "bien" en el universo de las mujeres, donde la lógica que impera es la de la vida. "Hay pocos hombres como Dios manda", dice la segunda amiga a la que va a visitar, que, sin embargo, está dispuesta a encontrar a uno de esos pocos hombres.