Carla Simón construye en 'Romería' los recuerdos familiares que no tenía
La cineasta imagina la historia de amor de sus padres y se construye, con los escritos de su madre y los recuerdos de otros, una memoria familiar inventada. La película compitió por la Palma de Oro en Cannes.

Madrid--Actualizado a
La cineasta Carla Simón supo cuando tenía 12 años que su madre y su padre habían muerto de sida. Hasta mucho después no conoció a su familia paterna, no tenía recuerdos de sus padres, no sabía cómo habían vivido… pero necesitaba ese relato en su vida. Ahora, con las cartas que escribió su madre a algunas personas y la memoria de otros ha construido en Romería su propio recuerdo, ha imaginado cómo fue la historia de amor de sus padres. Y es una historia luminosa, pero también de denuncia y de reivindicación de una generación, la de los 80, que abrazó la libertad recién conquistada en España, pero que sufrió muchas bajas.
Protagonizada por Llùcia Garcia y Mitch, la película se narra en dos partes. En la primera, la joven Marina viaja a Vigo a conocer a la familia de su padre. Descubre el dolor y la vergüenza, vinculados al sida y las drogas, de sus abuelos y tías y tíos. La relación que crea con su primo le permite imaginar la historia de amor de sus padres. Y, con un audaz cambio de tono, arranca la segunda parte, la imaginada, en la que, en un juego de ficción, los dos intérpretes dan vida entonces a esos padres.

Romería es cine emocionante, íntimo y político, que reúne y reflexiona sobre la memoria personal y familiar, la memoria colectiva y la memoria histórica. Es, además, otra conquista de la cineasta. Primera directora española ganadora del Oso de Oro en Berlín, con Alcarràs, se alzó antes, con Estiu 1993, con el premio a la mejor ópera prima en el mismo festival, y ahora ha competido con Romería en la reciente edición del Festival de Cannes. A pesar de ello y, aunque consciente de que la presencia de las mujeres en el cine español no es algo esporádico, confiesa que siente que es "algo muy frágil, así que es clave seguir hablando de ello y, sobre todo, seguir haciendo cine"
Su película es un ejercicio de memoria y de construir a partir de ella los relatos que no tenemos y necesitamos…
Claro, es que el cine tiene ese poder, sus relatos tienen una repercusión directa en la sociedad, por eso es tan importante que haya mujeres en el cine, porque al final si no está nuestro punto de vista sobre las cosas, es como que no existe. Y a través de la ficción se aprende, se reflexiona, sobre muchas cosas. Es otra manera de contar.
En 'Romería' reinterpreta los recuerdos de otros para fabricar una memoria de sus padres. ¿Ahora, cuando piensa en ellos, interfieren las imágenes de la película?
Es verdad que he hecho esta película para llenar un hueco de mi memoria. Siento que ha sido un ejercicio muy reparador y creo que estas imágenes van a pasar a formar parte de mi memoria personal también. Mis memorias van a ser muy poco fiables porque se me mezcla todo, aparte de lo que ya se nos mezcla a todos, a mí se me añade el ejercicio de ficción sobre toda esa parte más personal.
Imagino que en lo personal esta película le ha ayudado a acercarse a sus padres, a comprender la vida que tuvieron, pero para los espectadores tendrá una intención diferente, ¿no?
Sí. Cuando terminamos Alcarràs, yo había empezado ya a escribir. Había tenido a mi primer hijo y me planteé si realmente era algo que quería hacer, volver otra vez a remover el pasado. Aparte de la frustración de no tener esa memoria familiar, me di cuenta de que no era solo una historia mía, sino que lo era de toda una generación, la de mis padres, que habían dejado huérfanos a hijos, pero también a familias, y que, de alguna manera, toda su memoria, por el hecho de que provocó este gran dolor relacionado con el estigma del sida y la droga, pues había sido silenciada. Entonces pensé que esto también es memoria histórica.
Fue la generación joven de la libertad recién recuperada.
Sí. Esta generación, al final, fue la que terminó con todos los valores conservadores de España y en este momento estamos donde estamos, seguramente gracias a que ellos rompieron con todo eso. Es una generación muy clave. O sea, rebelarse contra todos los valores de tus padres no es fácil. Yo me siento bastante en la línea de los valores de mis padres, en cambio ellos no lo estaban con los de los suyos. Queremos ver siempre la Transición como un periodo feliz, pero tiene su lado oscuro. Así que está bien hablar de esto de manera abierta, porque lo que les pasó fue mala suerte. Cayeron muchos por las drogas, es algo que sucedió, pero que sin duda no era culpa de las familias ni de los muertos que lo sufrieron, sino que va un poco más.
Antes hablaba del estigma del sida, que sigue existiendo, ¿su película puede ayudar a eliminarlo?
Es que es fuerte, porque a nivel científico evolucionó rapidísimo, hasta el punto de que ahora puede la gente vivir con VIH, pero a nivel social, ahí seguimos, con el mismo estigma. He pensado mucho en por qué pasa esto y entiendo que hay algo como de que cuando uno coge el VIH representa que ha hecho algo mal, y no es verdad. La gestión de esto sigue siendo sin duda muy difícil y ahora también porque los jóvenes están muy poco informados. Es un tema que no termina de solucionarse.
A pesar de que la película habla temas que son crudos y dolorosos, es una historia que tiene mucha alegría y mucha luz…
Evidentemente corresponde mucho a mi manera de ver la historia de mis padres, que siempre ha sido sin juicio. Cuando supe que mis padres habían muerto de sida, tenía yo 12 años. Entonces el contexto era muy complejo, pero le pasó a mucha gente, así que yo siento que de alguna manera hay que celebrar esta generación. Había esta intención en la película.
Al final, la película es también un retrato generacional de los 80.
Sí, es un retrato generacional, más allá de que me conecto directamente con mi madre, porque hay algo en sus escritos en los que cuenta esa manera de vivir de los 80, que yo la siento ¡tan libre, tan del momento! Ahora siempre estamos pensando en el futuro, tanto nuestra generación como los jóvenes de ahora, y en aquel momento era el día a día.
¿Cree que ahora la manera de celebrar la vida y el arte están más reprimidas?
Creo que pensamos más en las consecuencias. Ellos eran niños criados en el franquismo, en la represión absoluta, entonces, de repente llega la libertad y la abrazaron sin límites. Y eso también se traslada a la manera de consumir drogas, por eso tuvo esas consecuencias. Ahora es impensable la forma de vivir que tenían, esa manera de dejarse fluir que yo siento que estaba muy presente en esa generación y que creo que ya no existe. A mí me da un poco de nostalgia no haber vivido eso.
Bueno, en la película hay un poco de eso, se ha dejado llevar más que en las anteriores películas. ¿Es un poco homenaje a esa forma de vivir?
Sí, sin duda. A veces pienso que debería estar más como esa cosa que imagino de mis padres. Así que sí, hay algo de eso, de abrirse y liberarse. Vengo de dos películas con un compromiso con la realidad muy fuerte, eso ya lo he hecho, y yo creo que cada película tiene que darte algo nuevo.
En los 80 cayeron muchos de esa generación, pero ¿ha pensado cómo sería esta sociedad si no hubiera sido así? ¿seríamos tan radicales y vitalistas como ellos, menos conservadores?
Sí, sí que me lo he preguntado y también cómo sería esa gente hoy. Muchas veces pienso que seguramente somos más conservadores que ellos, bueno, seguro que somos jóvenes más conservadores que nuestros padres. Por eso me parece tan importante esa reivindicación de ellos.
La primera parte de la película es una joven observando y la segunda parte es la cámara observando a esa pareja. ¿Cómo planeó ambas desde el punto de vista de la narrativa visual?
Por un lado, estaba esa familia a la que no podía retratar igual que a las de las otras películas, porque la joven es una outsider total. Así que no usamos la cámara en mano, que para mí era algo nuevo y que me daba un poco de miedo. Encontramos herramientas para que fuera una cámara un poco más estilizada, un poco más meditada. Y luego era importante encontrar un buen contraste con la parte que imagina. Ahí nos liberamos de toda la rigidez, usamos la cámara en mano, era todo más de piel, muy lúdico, más sensorial, fue como el placer de filmar.
Usted es la primera directora española ganadora del Oso de Oro (con 'Alcarràs') en Berlín, donde 'Estiu 1993' fue mejor ópera prima. Ahora con 'Romería' ha competido en oficial en Cannes, ¿siente que se ha consolidado la presencia de mujeres en el cine o seguimos en un frágil equilibrio?
Creo que es muy frágil. Siempre pienso, ¿por qué se llaman olas feministas? Porque de repente parece que funciona y luego hay un retroceso. Y esto ha sido históricamente varias veces. La ola tiene que mantenerse. Y me doy cuenta de que en el mundo del cine vivimos en una pequeña burbuja, pero el mundo va en direcciones muy distintas y el feminismo no está presente para todos. Por eso creo que es clave que el punto de vista de las mujeres esté en el cine y que sigamos hablando de esto, aunque yo sí que lo veo frágil. En el cine, sí que siento que ahora ya no es un caso esporádico de algunas mujeres que lo están intentando. Cuando pienso en las cineastas que nos precedieron… haría un monumento a cada una, porque ellas sí abrieron camino. Lo nuestro salió como más colectivo, pero es algo muy frágil, hay que seguir hablando de ello y, sobre todo, hay que seguir haciendo cine.
Una mujer, María Zamora, es la productora de sus películas. Con 'Romería' ha tenido el presupuesto y el tiempo que necesitaba, eso marca la diferencia, pero es difícil para las mujeres.
Sí, yo me siento muy afortunada. Cuando una película tiene un tamaño acorde con lo que está escrito, con lo que el director imagina, también es más fácil que estas películas vayan bien. Pienso en el año de Alcarràs que estábamos Isaki Lacuesta y yo a la vez en competición en Berlín. Ahora, Oliver Laxe y yo, en Cannes. Son películas que no tienen presupuestos tan pequeños, porque el presupuesto también tiene una repercusión en cómo está viajando nuestro cine finalmente, que era algo que faltaba.



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