Gala Gracia se enfrenta al duelo en 'Lo que queda de ti'
La cineasta debuta en el largo con esta película, inspirada en sus vivencias y emociones, y con la que reflexiona sobre el sentimiento de culpa por la ausencia y sobre las raíces. Ganadora del premio a la mejor banda sonora, para Filipe Raposo, en Málaga.

Madrid--Actualizado a
Unas vivencias y unas emociones propias han sido el material con el que Gala Gracia ha construido su primer largometraje, Lo que queda de ti, trabajo sobre el duelo por la pérdida, sobre las raíces, el sentimiento de culpa por la ausencia y la vida en el campo. Biznaga de Plata a la Mejor Música y el premio a la Mejor Dirección del Festival de Cine de Bari, la película es, además, una reivindicación de la ganadería sostenible, ecológica y extensiva.
Gala Gracia vivía en Londres cuando su padre falleció. Una de las dos protagonistas de la película, Sara, es una especie de alter ego de la cineasta. Es una joven pianista de jazz que regresa desde Nueva York, donde está a punto de grabar un disco, a la granja de la familia, de la que se ocupa Elena, la hermana que se quedó. Laia Manzanares y Ángela Cervantes son las protagonistas.

La forma de enfrentarse al duelo de cada una de ellas, la rutina del campo, la conexión con la naturaleza y el paisaje de la infancia, el recuerdo del padre… el rencor de una y el sentimiento de culpa de la otra… nacen de la realidad, enriquecida dramáticamente, según la directora, por la ficción. Una historia que se cuenta mucho desde las imágenes de una naturaleza poderosa, desde las conversaciones al lado del fuego y desde la música.
Esta película tiene muchos vínculos con su propia historia y con la de su familia, pero ¿cuánto hay de ficción?
Siempre digo que la película está inspirada y no basada en mi vida. La primera versión estaba más basada en mi historia personal, pero funcionaba peor. Cuando estábamos en la fase de desarrollo del guion, se fue desvinculando un poquito más de la historia original, pero fue ganando dramáticamente. Tiene la esencia de lo que ocurrió con la muerte de mi padre, que yo tuve que volver de Londres, heredé con mi hermana las ovejas, el proceso de duelo posterior… pero con elementos de fuera de la realidad creo que funciona mucho mejor.
En la película son muy importantes la forma en que cada hermana se enfrenta al duelo y el sentimiento de culpa por la ausencia, y en ambas hay muchas cosas propias. ¿Cuál es la reflexión que hace ahora después de haber hecho la película?
De alguna manera, escribir el guion cuando esta herida estaba todavía un poco abierta, fue una forma de aliviar ese dolor y de reflexionarlo, porque yo creo que cuando tú pones sobre papel lo que te ha pasado o lo exteriorizas a través del arte, lo estás tratando de definir. A mí escribir este guion sí que me ayudó a repensar el duelo, a ordenar un poco los recuerdos y a reflexionar mucho sobre lo que ocurrió y sobre la relación que tuve con mi hermana. Además, la historia la centré en la relación de las hermanas. Trabajé mucho los matices para que no fuera plano, que no estuviera el rencor de la que se quedó y la culpa de la que se fue de una manera simple. Intenté que hubiera un poquito más de comprensión por parte de la hermana mayor y una ambigüedad en la otra, que se quiere quedar, pero a la vez quiere irse.
Así que hacer la película le ha ayudado en lo personal, ¿no?
Sí me ha ayudado, ha sido como una especie de cierre y también un homenaje para mi padre y para mi hermana. Con ella, entre nosotras, ya hemos cerrado esa fase que fue dura y que fue larga y que nos puso un poco al límite a las dos. La hemos cerrado de una forma bonita porque ha sido a través del arte.
¿Pudo trabajar cosas de la película con ella?
La primera versión del guion la escribí sola, pero luego un compañero, que también hizo una película sobre un duelo con un hermano, me dijo que tenía que decírselo a mi hermana. Entonces llegó el covid-19 y me quedé en la granja con mi hermana y mi cuñado, se lo comenté y les dejé leer el guion. Les pareció bien y mi hermana ya empezó a trabajar conmigo también en la parte más técnica. Ella fue la que me explicó todo lo que tiene que ver con los discursos de ganadería, de las ferias de ganadería, las enfermedades de las ovejas…. La verdad es que me ayudó mucho y le emocionó el proyecto.
La película hace una reivindicación muy poderosa de la ganadería ecológica…
Muy importante, sí, es que esto también es autobiográfico, en tanto que mi padre era un gran defensor de la ganadería sostenible y ecológica y extensiva. Entonces esto lo quise extrapolar también a un personaje de la película. Y también la defensa de razas autóctonas, que son las que están adaptadas al medio del que provienen y, por tanto, son más respetuosas con el medio ambiente, porque tienen unas características fisiológicas para ese lugar. Sí hay una reivindicación de ello, porque mi padre era muy reivindicativo y yo quería reivindicarlo.
Porque, ¿cuánto daño hace la ganadería intensiva?
La ganadería intensiva en exceso hace daño. Es verdad que, a nivel productivo, económicamente, es mejor, pero claro, los campos, al no tener ganado, son propensos a la sequía y de la sequía se va a los incendios… es todo un ciclo. Y podemos ir más allá, podemos hablar hasta de las aves rapaces que se están extinguiendo debido a que tampoco hay ganadería extensiva, porque no hay cadáveres en el monte. Es toda una cadena porque estamos desequilibrando la naturaleza con sistemas que no son buenos, que están pensados para ganar dinero, pero que no son sostenibles. Y la contaminación que crean con los residuos, con los purines…
Hablando de naturaleza, en la película hay planos cortos y medios para los personajes, pero hay mucho plano largo para el paisaje. ¿Es una forma de hablar de la conexión que deberíamos tener con la naturaleza, en la que somos una especie más?
Sí, exacto, esa es la intención que tuve. También quería mostrar a Sara, esa chica de ciudad entre comillas, que allí reconecta con el padre hasta tal punto que se obsesiona con tener que dejarlo ir. Era una forma de mostrar la belleza, de mostrar cómo ella está integrada ahora en ese medio natural al que ha tenido que volver. A la vez, dejaba ver lo sola que está en esa inmensidad, porque ella se quiere aislar, hace un ejercicio de autoaislamiento para transitar ese duelo, en el que siente que nadie la apoya. Se siente sola con esa culpa.
Hay unas escenas de las hermanas con el abuelo, que no es capaz de hablar bien, pero con él, ellas sí se entienden. ¿Es un poco una declaración de intenciones como cineasta? ¿Nos podemos comunicar desde el arte, de muchas formas, no solo con el lenguaje?
Sí, eso es así de alguna manera, y también es algo que parte de una experiencia personal porque mi abuela tenía dificultades para hablar debido a un ictus, pero nosotros, después de tantos años, la llegamos a entender más o menos. Hay algo de que, al no poder verbalizar exactamente el mensaje, te hace trabajar y pensar en cómo comunicas algo, expresar lo que sientes a través de otros mecanismos. Además, poder verbalizar, creo que te ayuda a transitar el duelo, el drama es mayor cuando no puedes.
¿En esas formas distintas de expresarte, de comunicarte, está el vínculo directo con la música de la película?
Exacto, sí, la música es la vía de escape de Sara, es con lo que ella puede reflejar sus emociones. La música tiene un papel muy expresivo, aparte de que es lo que la conecta con el padre. La ganadería es lo que más se ve en la película, que es el vínculo directo con Elena, la hermana mayor, pero en el caso de Sara es el jazz, porque el padre era un fanático del jazz. A lo largo de la película, ella va descubriendo que tiene mucho de su padre. Por eso creo que es un canto al triunfo el hecho de que ella regrese a Nueva York, porque ha llegado a esa conclusión de que hacer lo que ella quiere enorgullecería a su padre.
La película subraya lo duro que es el trabajo en el campo…
El campo sí que es duro, lo que pasa es que yo siempre digo que la gente que habita el campo y que quiere dedicarse a la ganadería no lo cambiaría por nada. No quería victimizar a la gente del campo o dar por hecho que ellos no quieren estar allí. Es duro, pero hay gente que lo quiere y quiere eso, como Elena, que quiere seguir dedicándose a la ganadería. Es duro para Sara, obviamente, porque ella es una chica de ciudad, pese a que sus raíces estén en el campo. A Elena le pasaría igual si la llevaras a vivir a Nueva York.



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