Leon Trotsky le queda grande al cine
El 20 de agosto de 1940 Ramón Mercader atacó brutalmente a Trotsky, que murió al día siguiente. Figura clave, el cine le ha dedicado pocas películas y las ha centrado sobre todo en su asesinato y en el romance que tuvo con Frida Kahlo.

El 21 de agosto de 1940, por orden de Stalin, el comunista español Ramón Mercader, agente de los servicios secretos de la URSS, clavó un piolet de mango recortado en la cabeza a Leon Trotsky. Murió al día siguiente. A pesar de la incontestable y fundamental relevancia y de la influencia política de esta figura, la ficción no se ha ocupado mucho de él, excepto para contar su violenta muerte o el romance que tuvo con Frida Kahlo.
El primero que lo hizo fue Joseph Losey. Amigo y colaborador de Bertolt Brecht, dedicado investigador de la vida en la URSS, nombre tristemente destacado en la lista negra de Hollywood y autor comprometido políticamente con ideas progresistas, falló estrepitosamente con este proyecto, El asesinato de Trotsky (1972). Dick Bogarde, a quien le ofreció el papel del revolucionario e intelectual ruso, reconoció al instante la poca calidad del guion y rechazó el trabajo, que quedó finalmente en manos de Richard Burton. Alain Delon interpretó el personaje de Mercader, pero con el nombre de Frank Jackson, identidad que en realidad pertenecía a un brigadista canadiense que había muerto y que Mercader utilizó entonces.
La película no se estrenó en España hasta dos años después de la muerte de Franco y lo hizo en su versión original con subtítulos, lo que prácticamente la condenaba al silencio en un país en el que la dictadura había impuesto por ley el doblaje como herramienta de control ya en 1940, permitiéndose modificaciones en los diálogos y acostumbrando a los espectadores a prescindir de una parte esencial en las obras cinematográficas.
Ramón Mercader y Frida Kahlo
José Luis López-Linares y Javier Rioyo pusieron el foco en la figura de Ramón Mercader en Asaltar los cielos (1996), que giraba en torno a las razones que tuvo este hombre para matar al líder de la revolución. La película indagaba en el supuesto sentimiento de deber que le guió entonces y la convicción de que aquella acción le convertiría en un héroe, además de en la realidad de la cárcel y el olvido que le siguieron. Documental que sorteaba algunas de las reglas del género, el título, según los autores, no era una frase de Marx, sino del poeta Friedich Hölderlin, que empleó ese ‘asalto a los cielos’ en la recuperación de la figura de los titanes que combatieron a los dioses del Olimpo.
"Poner delante el deterioro de una utopía, la traición a unos principios. Mostrar cómo esa deriva de la URSS afectó a un grupo de gente que en España estuvo al pie del cañón, luchando en la Guerra Civil", eran las intenciones, descritas por él mismo, del español Antonio Chavarrías con El elegido, una coproducción rodada en México que seguía los pasos de Ramón Mercader, desde que fuera reclutado por el servicio de espionaje soviético hasta el asesinato de Trotsky. El mexicano Alfonso Herrera daba vida a Mercader, mientras que el británico Henry Goodman interpretara a Trotsky.
Y de Mercader a Frida Kahlo y a la curiosidad que ha tenido el cine por la breve relación amorosa que mantuvo la pintora con Trotsky. En 1983 Paul Leduc estrenó Frida, naturaleza viva, en la que mostraba a la artista mexicana en sus últimos días recordando algunos de los momentos más importantes de su existencia, entre ellos su aventura con Trotski. Un romance que también llevó a la ficción Julie Taylor en Frida (2002), un biopic de Kahlo, protagonizado por Salma Hayek, en el que Trotsky estaba interpretado por Geoffrey Rush. "Stalin tiene más poder que cualquier zar. Estoy solo con pocos amigos y sin recursos contra la máquina de matar más grande del mundo".
Con gran carga política
Más allá del atroz crimen de Mercader o del encuentro con Frida Kahlo, el cine se ha ocupado en alguna ocasión de la figura y trascendencia de Trotsky. Daniel Ast y Jürgen Ast dedicaron su película documental Trotsky: Rise and Fall of a Revolutionary (2007) a la trayectoria de Leon Trotsky y en ella aprovecharon materiales de archivo recopilados en diferentes partes del mundo. Y Adolfo García Videla, cineasta argentino refugiado en México tras el golpe militar en su país, colmó de carga política Trotsky y México. Dos revoluciones del siglo XX (2006), un interesante documental que dividió en tres capítulos y en el que buscaba vínculos entre la revolución de la URSS y la mexicana.
"Lo que me interesaba fundamentalmente era reconstruir esta historia en este momento como una posibilidad de volver a pensar el socialismo y los caminos posibles, los errores cometidos. Trotsky era un gran defensor de la democracia dentro del socialismo. Y cuando le gana Stalin, ya sabemos que se forma una dictadura feroz, cerrada, vertical absolutamente. Entonces, ése es uno de los factores por los que lucha. Repensar esto era mi idea fundamental", señaló en la presentación de la película en Argentina.
Poco antes de su muerte, el cineasta rodó Mis memorias con Trotsky (2016), donde Esteban Volkov, nieto del revolucionario, repasaba el tiempo con su abuelo, su vida y su muerte. "Soy un superviviente de las aguas torrenciales de la historia, el único testigo vivo (no sé por cuánto tiempo), a los 86 años, de la indomable y heroica lucha revolucionaria de mi abuelo, León Trotsky".

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