Niñas y niños violados por curas: la lucha de Leonor para denunciar la pederastia en la Iglesia
Leonor Paqué y otros menores agredidos sexualmente por sacerdotes relatan el calvario que padecieron en el documental 'Hermana Leonor. 20.000 kilómetros de confesión'.

Madrid--Actualizado a
Hermana Leonor no hace referencia a una monja, sino a una fraternidad: la de los menores que sufrieron abusos sexuales por parte de curas.
Hace diez años, Leonor Paqué (Bilbao, 1963) publicó la novela En sus tibias manos. Las de un sacerdote pederasta que abusa de una cría de ocho años ingresada en un sanatorio para niños enfermos de tuberculosis. Lo llamó Martín.
Cuando le dieron el alta, después de ella llegaron otras niñas. Entraban con una enfermedad y salían con otra. Su agresor permaneció allí veinticinco años.
En una habitación había doce niñas. "Nos pasó a todas. Multiplícalas por los años que aquel cura estuvo allí".
En el sanatorio infantil de Santa Marina de Bilbao había otro cuarto para niños.
Leonor recuerda una tercera habitación en la que solo dormía una niña. Aislada. "Qué terror".
Su hermano también estuvo allí. Tenía tres años. De eso no habla.
El padre Martín
Un día, Leonor Paqué recordó.
Periodista y escritora, en 2015 publicó En sus tibias manos, donde relata las agresiones sexuales, físicas y psíquicas cometidas por las religiosas y el cura que frecuentaba el hospital.
El padre Martín.
"Yo creí que el nombre del personaje era ficticio, fíjate cómo es el cerebro humano".
Una mujer, tras leer el libro, la contacta: el cura que abusó de ella también se llamaba así. Leonor relata su caso en un periódico: otra víctima le confirma que es él.
"Un agresor incluso de bebés, porque mi hermano tenía tres años".
Los niños agredidos sexualmente por los curas
¿Martín qué más?
Leonor quiere indagar en los archivos eclesiásticos y acude a la Iglesia, que la desoye. ¿Quién puso ahí a ese cura y quién no lo quitó?
Entonces, acondiciona un Renault Clío y se echa a la carretera para encontrar a otros iguales. Ella duerme en el coche y su hermano Diego, director del documental, en una tienda de campaña. Recorren los 20.000 kilómetros que dan título al filme para confesar, en una treintena de destinos durante tres años, a un rosario de adultos que en su infancia fueron víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia.
Los testimonios son aterradores: ¿qué se le pasa por la cabeza a una madre que ve cómo su hijo se cepilla los dientes compulsivamente cada vez que sale del colegio y llega a casa?
A un chaval se lo llevaron cinco curas.
Cinco años tenía otro niño del que abusaron en un colegio del Opus Dei: "No soy el único caso".
Una mujer, que trabajó sin cobrar durante veinte años para la Obra y se erige en "la voz de decenas de miles de mujeres en España", lo califica como "una secta demoníaca". Fue, dice, "carne de cañón para el Opus".
Un hijo de pastores que nunca había ido a la escuela fue internado en un convento. "Me prometieron un paraíso soñado: salir del hambre, de la pobreza y de la ignorancia". Cuando se metió a seminarista, dos curas "con la túnica negra y el corazón negro" abusaron de él desde los nueve hasta los dieciséis.
Su relato es indescriptible: el de un muerto en vida. Tras caer en una depresión, también recordó y decidió colgar los hábitos. Homosexual, ha regresado a España tras ejercer el sacerdocio en El Salvador, donde denunció los abusos. Allí, los superiores le ofrecieron que se sometiese a una terapia de electroshock en México: "El mayor problema para ellos era que fuese gai, no abusado [...]. La Iglesia es una organización criminal".
Cuando fue entrevistado por Leonor, todavía era sacerdote, aunque él se considera "un cura en el infierno". Ya no teme nada: "Me quitaron todo lo que tenía".
Emiliano Álvarez anestesió los abusos que sufrió durante dos años en un seminario con la heroína. Rehabilitado, murió tres meses después de ser entrevistado, sin reparación ni justicia.
Mikel, víctima de abusos en un internado religioso en Navarra, dormía con un palo hasta que se escapó, hizo autostop y regresó a casa. Años después, leyó en la prensa la denuncia de dos hermanos que habían estudiado en el mismo centro. Pensó que eran compañeros suyos, pero las agresiones las había cometido otro sacerdote diez años atrás.
Víctima de los abusos de tres curas en un colegio de Pamplona, Koldo es incapaz de ver una película de los hermanos Marx. "Me ha costado 55 años sacarlo". Un día, alguien cuenta en la radio un caso de abusos, su hija mayor entra en la cocina y él le susurra: "Bonita, escucha un poco... Eso me ha pasado a mí", recuerda entre lágrimas, tan dolorosas como las que ese día los fundieron en un abrazo. "Lo siento por romperme tantas veces", le dice a Leonor durante el rodaje de Hermana Leonor. 20.000 kilómetros de confesión, que se estrena el 28 de noviembre.
Al igual que muchos hombres y mujeres se abrieron tras escuchar los testimonios de las víctimas en los medios, ahora Leonor es oído y ellos, voz.
Una niña de catorce años, hija de una madre de misa diaria, describe una relación con un cura de 42 años. Toda la ciudad lo sabía, asegura décadas después. Toda la ciudad era silencio.
Otra, de siete, ha confirmado que un sacerdote "depredador" —que la llevaba a su despacho "con la excusa de hacer una obra de teatro"— abusó de muchas crías, pero las hoy mujeres no quieren dar la cara.
¿Acaso nadie estaba al tanto de los abusos? "Todos consentían", zanja otra víctima.
Leonor vuelve a la habitación del sanatorio infantil de Santa Marina de Bilbao, ahora en ruinas, como tantas vidas que pasaron por allí. "Aquí, en esta cama, el padre Martín me agredió sexualmente". Sí, el nombre del cura que protagoniza su novela. No había sido una coincidencia ni una casualidad. Medio siglo después, un religioso le revela sus apellidos: Martín Valle García.
Niñas víctimas de abusos
"El documental es una pequeña y humilde maza para golpear la conciencia de los cristianos, de la curia y de los encubridores, porque siempre han cuestionado nuestros testimonios", explica al otro lado del teléfono.
Quería hablar con las víctimas, ponerles cara, darles voz. ¿Qué se encontró en la búsqueda? "Por un lado, calor, porque me hablaban como a una hermana. Por otro, mucha soledad, mucha bondad y mucha tristeza. Han perdido confianza en los seres humanos. Imagínate que te dejen de hablar en el pueblo por denunciar una violación".
Ellos no quieren oír y "a la Iglesia solo le interesa el dinero, como si nosotros fuésemos algo sucio".
"Hicieron con nosotros lo que quisieron y lo siguen haciendo ahora, cuestionándonos".
Nosotros y nosotras.
"Estamos convencidas de que hay muchísimas mujeres abusadas, pero nos han enseñado a callar. Incluso hay maridos que les dicen a sus esposas que lo olviden".
"Nos da vergüenza hablar y se nos estigmatiza. También pensamos en lo que se les pasará por la cabeza a nuestras parejas cuando lean nuestro relato en la prensa o lo vean en la televisión o en el documental".
¿Cómo se sobrevive a los abusos? "No sé lo que me salvó”, responde Leonor. "Las mujeres de mi generación, en una época contestataria, queríamos ser libres. Yo luché: Conseguiré lo que me proponga. Sin embargo, luego descubres cosas muy tremendas".
Se le quiebra la voz.
"Espera".
Silencio.
"Quizás incluso has podido elegir parejas que te recordarán a aquella persona".
Más silencio.
"En fin".
El silencio de la Iglesia
¿Por qué aquellos curas no fueron apartados, juzgados y condenados? "Los encubrieron por la misma razón que ahora".
"Porque pudieron hacerlo, ya que las víctimas no éramos nada, igual que sucede actualmente en determinados países".
"Porque les importaba mucho más su imagen, conscientes de que seguirían cometiendo agresiones en otros lugares".
"Porque protegen a la institución, o sea, a su empresa".
"Y porque les preocupa su economía, que depende de su imagen".
¿Cómo juzga la reacción de las autoridades eclesiásticas? "Una Iglesia agrede y otra, cobarde, acepta". ¿Qué les exigen? "Espero que las palabras no suenen vacías, pero pido que haya reconocimiento y reparación. Y la respuesta tiene que ser global, es decir, a todas las víctimas".
Leonor Paqué también tiene una pregunta: "¿Cuántos curas hay en la cárcel?".
El sanatorio infantil de Santa Marina
La Iglesia rechaza abrir sus archivos, aunque ella sigue haciendo kilómetros a bordo de su coche y desanda el camino hasta el sanatorio infantil de Santa Marina de Bilbao, donde Martín Valle García ejerció como capellán "prácticamente hasta su muerte". El hospital lleva décadas abandonado. Leonor graba imágenes en su interior.
"Aquí, en esta cama, el padre Martín me agredió sexualmente".
A punto de estrenar el documental, se muestra escéptica. "Tras la denuncia y la emisión de un reportaje en la ETB, lo derruyeron. Ese edificio ya no existe. Ha desaparecido, porque era un testigo".
Testigo de los delitos de "un cura muy despótico con las monjas, que eran malísimas", de un sacerdote que "pertenecía a un partido fascista", de un religioso que "era autoritario y tenía mucho poder".
"Tiempo después de sufrir los abusos, cuando mi padre enfermó, a mi madre le dijeron que había un cura que ayudaba a la gente. Fuimos a verlo y lo reconocí, como él también tuvo que reconocerme. Seguía allí: era un todopoderoso".
Leonor Paqué había nacido en una familia humilde y obrera. "Por esa razón, las víctimas todavía éramos más vulnerables. Los agresores conocían nuestras vidas y sabían muy bien a qué niños elegían, las piezas que se podían cobrar".
"El padre Martín sabía cuándo era mi cumpleaños y ese día vino a hacerme una putada".
¿Por qué?
Pese a que la tuberculosis no ha sido erradicada en España, apenas es un vago recuerdo. El daño que sufren ella y ellos es endémico.
"Soy una mujer luchadora, pero siento vergüenza. Sin embargo, me resisto a que la Iglesia me vea destruida".
Leonor Paqué no baja la cabeza y le mira a los ojos a la curia.
Algunos niños abusados sexualmente no pudieron soportarlo y se quitaron la vida. Otros penan. Muchos han reconstruido sus vidas, aunque no pueden ocultar las cicatrices. "A mí me ayudaron mi familia, el calor de otras víctimas y la literatura".
Hermana Leonor. 20.000 kilómetros de confesión, un documental necesario, quizás sanador.
Durante su periplo, Leonor ha visto desmoronarse a críos que hoy pueden ser abuelos. Ha encontrado respuestas, pero no deja de hacerse preguntas. Por ejemplo, ¿cómo podían sentir atracción por niños con tuberculosis? "Quizás precisamente por eso: porque éramos enfermos, delgados, con discapacidad".
"Los niños…", dice.
"Los niños, para los curas, son un trozo de carne".






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