‘Parenostre’: Pujol y sus hijos declaran en el cine
Dirigida por Manuel Huerga, con guion de Toni Soler, la película recorre la trayectoria de Jordi Pujol, interpretado por Josep Maria Pou, al tiempo que muestra a los miembros del clan reunidos el día que se supieron descubiertos.

Madrid-
En noviembre comenzará el juicio contra el clan Pujol. El ex presidente de la Generalitat, de 96 años, y sus siete hijos se sentarán en el banquillo para responder por las acusaciones de blanqueo de capital, asociación ilícita, falsificación de documentos, delitos contra Hacienda… Habrán pasado entonces 12 años desde la denuncia que originó todo el proceso. El cine se adelanta, esta vez, a la justicia, y estrena ahora Parenostre, la crónica del día en que la familia Pujol supo que les habían pillado.
Josep María Pou es Jordi Pujol y Carme Sansa es Marta Ferrusola en esta ficción basada en hechos reales, dirigida por Manuel Huerga sobre un guion de Toni Soler, y en la que se recorre la historia política de Pujol mientras se escarba en las conversaciones y reacciones de los miembros del clan, una vez que se saben descubiertos.

Los hijos, el comisario Villarejo, Juan Carlos I, Artur Mas, Durán i Lleida… son otros personajes que desfilan por esta película, una producción rodada en un plató virtual, donde no hay decorados y donde todo es mentira. Una metáfora de la farsa que es a veces la política. En palabras del mismísimo Pujol: "La política es una farsa, una farsa enorme, patética".
¿Por qué se apostó por rodar en un plató virtual?
La historia pasa casi toda en la casa de Pujol y prácticamente en un solo día, entonces pensé irnos a una localización, pero es muy incómodo, así que luego hablamos de intentar construir un decorado que fuera el piso, porque eso daría la libertad para mover la cámara, mover paredes… y empezamos a ver platós y en uno de estos me encontré con un decorado virtual, con pantallas de LED, cromas, y pensé que a lo mejor no hacía falta ni construir un decorado, que se podía hacer todo con un decorado virtual.
Al final Josep Maria Pou sale de ese estudio en el que se ha grabado, ¿es una declaración de intenciones?
Totalmente, claro. Y además es para evidenciar que todo ha sido una representación. Es una manera de explicar al espectador que toda la película la ha estado viendo en un decorado virtual. Y cuando se acaba la película, lo que hacemos es desmontar ese decorado virtual ante los ojos del espectador.
¿Y no hay ahí también una doble intención de decir que esto es una metáfora del mundo de la política y del tratamiento que se hace al personaje?
Claro. Es una lectura perfectamente plausible, se puede tener esa reflexión. Pou es Pujol, pero Pujol es Pou, y hay que valorar al personaje. ¿Hay que tratarlo como un santo? ¿hay que tratarlo como un villano? Creo que la película juega intencionalmente con esa ambigüedad. Porque Pujol, evidentemente, no tiene perdón en muchas cosas, pero al mismo tiempo es un tío que ha estado 23 años en el poder y alguna cosa hizo.
El retrato que se hace de él en la película es la de un hombre obsesionado por el prestigio político y por la ambición, y al mismo tiempo abrumado por la incompetencia de sus hijos.
Sí, y la suya, su incompetencia también. No me creo la excusa de que todo eso pasaba a sus espaldas y de que él miraba hacia otro lado, aunque, por supuesto, mirar hacia otro lado quiere decir que sabes que hay un sitio donde no tienes que mirar. Creo que la complicidad activa o pasiva de Pujol es evidente. El juicio va a ser en noviembre, por lo tanto, ahí se va a ver si se aplica una justicia de verdad en este país.
¿Por qué dice esto?
Porque ahora mismo, aquí en Cataluña, estamos viendo una rehabilitación del personaje. Es decir, parece como que aquello ya ha pasado y que ahora hay más benevolencia, más condescendencia con él.
¿Pero se refiere a una rehabilitación desde los medios de comunicación, desde el entorno político…?
Por ejemplo, Illa recibió a Pujol nada más ser presidente, ¿no? Y ¿qué significa eso? Significa, primero, que Cataluña, desde el punto de vista del Estado ya está, digamos, domesticada, ya no hay peligro, ya no asusta a todos la independencia. Pujol no fue independentista nunca. Y como que ahora se quiere perdonar un poco a Pujol por lo que hizo, la idea de que él se las cargó por culpa de sus hijos y por culpa de no sé qué. Pero, independientemente de que no fuera independentista, el delito estaba igual. Creo que la película va a despertar un debate, espero que civilizado e interesante sobre la figura de Pujol y sobre cómo queremos recordarlo.
Ese debate lo provocaría una película de un género que no se hace a menudo en España. Al revés que en otros países, sobre todo Gran Bretaña, aquí no utilizamos apenas la actualidad política en el cine. ¿Nos hace falta arte, cultura, que origine más debates?
Claro, claro, pero es que aquí… a nosotros antes de ver la película ya hay gente que nos ha linchado. Nos han linchado sólo porque la hemos hecho y, además, lo dicen, dice que no la han visto, "¡qué se puede esperar de estos dos, de Tony Soler y Manuel Huerga!". En fin, ya sabíamos que nos iba a dar por todos lados. Pero sí, hay que hablar de temas mucho más próximos y convertirlos en debate, pero debate en la opinión pública, no solo entre tertulianos y medios de comunicación. Que la gente vaya al cine y opine después. Esto está inventado ya hace siglos, pero en España lo único que nos explican constantemente es la Guerra Civil, que me interesa mucho, por supuesto, porque es muy importante, pero es que también han pasado cosas después de la Guerra Civil. Poner a los políticos en la palestra de una película argumentada, de una película de ficción, a mucha gente le da miedo, porque no se atreven a tomar partido o no se atreven a exponer las cosas sin que sean tendenciosas. Como la película de El reino (Rodrigo Sorogoyen, 2018), que no se moja nada, aunque todos sabemos que están hablando del PP., ¿y por qué no lo llaman PP? A mí me parece que es esta tontería de ahora, de tener que hacer películas casi crípticas, para no tener que hablar… Hemos de superar eso. Hay que decir las cosas por su nombre. Es verdad que las películas francesas, las inglesas, las americanas, todo el mundo, llaman a las cosas por su nombre.
Supongo que no habrá habido nadie del entorno por Pujol que les haya presionado ¿no?
Cero. Ni siquiera sé si han visto la película.
Pero ustedes ¿han puesto especial cuidado en la investigación antes de contar la historia?
En la película todo el guion se ha mirado con lupa desde el punto de vista de los asesores, los abogados, por si había algunas frases, algunas cosas que hubiéramos tenido que cambiar, más que nada porque fueran malsonantes. Pero la verdad es que presión no hemos sentido ninguna y, lógicamente, Minoría Absoluta, que es la productora, ha tomado sus precauciones.
No todo el equipo que ha trabajado en la película tendrá la misma opinión sobre Pujol, tal vez ni siquiera usted, el guionista y Josep María Pou, ¿cómo se ha solventado esto?
Bueno, Pou ha hecho su Pujol, se le ha dado la libertad. Por otro lado, hay un guion y si decides el guion, es porque estás más o menos de acuerdo con él. Lo mismo que me pasa a mí. Podemos tener pequeñas diferencias porque es evidente que Toni (Soler) admira mucho a Pujol, no porque sea pujolista o porque sea convergente, que no lo ha sido nunca, pero como historiador que es no lo desprecia, le da el valor que tiene. Creo que es en ese sentido desde el cual la película también se plantea, no vamos a hacer aquí un linchamiento de Pujol y tampoco vamos a hacer una apología del personaje, vamos a tratar de explicar las cosas como son o como han sido. No se explica nada en la película que no se sepa. No nos hemos inventado ninguna tontería. Lo que pasa es que cuando tú pones al principio de todo que esta película se basa en hechos reales, pero se han dramatizado situaciones y momentos, aceptas que esto es una creación libre. No hay nada que nos impida hacer las cosas de esta manera, siempre que juguemos limpio, pero no jugamos con intención de estropear o de dañar la imagen de nadie. Eso se hace todos los días con todas las películas que se basan en hechos reales.
¿Ha habido proyecciones de la película con gente del entorno de Pujol o del mundo político?
Sí, me consta que ha habido personas afines a Convergencia o que son de la cuerda de Pujol que después de verla han escrito cosas que me parecen muy saludables y razonables. Ha habido otros que han opinado sin ver la película, como uno que ya escribió hace un mes y medio o así, un convergente de los antiguos, que dijo eso de ¿qué se puede esperar de Tony Soler y de Manuel Huerta? "Seguro que no hablan de lo bueno que hizo Pujol". Y mira, precisamente éste no ha visto la película porque sí que se habla de las cosas buenas que hizo.
Voy a volver al principio y al plató virtual, ¿cómo es el trabajo, es como grabar con un croma, un fondo falso?
Sí. Más o menos. Para hacerlo de una manera sencilla, los platós virtuales juegan básicamente con cromas y con pantallas de LED, y con esto vas construyendo localizaciones, escenarios, lugares, habitaciones, incluso en la película hay exteriores. Nosotros hemos rodado en veinte días. Lo que pasa que, esto también hay que decirlo, esto requiere una preparación mucho más larga que en una película normal, porque hay que crear todos los decorados de la nada. Y esos decorados han de tener muchísima calidad, porque son para cine. No es una foto que hay detrás, porque el director de fotografías incluso ilumina las escenas antes de rodarlas. No hay decorados, todo es mentira, pero cuando Moisés separa las aguas, ¿tú piensas que eso es de verdad o qué? La gente no sé qué concepto tiene el cine, pero en el cine todo es artificio.


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