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El coronavirus asfixia a los trabajadores de la cultura

Dentro de un ecosistema tan precario como el de la cultura, la crisis del Covid-19 podría suponer el golpe letal para muchos. Acostumbrados a vivir instalados en la cuerda floja, anhelan ayudas del Estado mientras se concentran en no perder el equilibrio.

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Imagen de un usuario con una mascarilla de alta filtración.- EFE

"Causará una ruina total", así de rotundo se mostraba hace apenas un par de días el productor Jesús Cimarro, al frente de la Asociacion de Productores y Teatros de Madrid. Unas declaraciones, efectuadas casi a bocajarro, tras conocerse que en la capital iban a cerrar todos los teatros y en Barcelona sólo quedarían unos pocos abiertos. Un golpe duro que puede ser letal para muchos tras conocerse este viernes el estado de alarma declarado por el Gobierno.

"En breve, todos cerraremos", alertaban desde la Asociación de Teatro de Catalunya, la segunda gran plaza escénica de España. Giras suspendidas, funciones escolares anuladas en plena temporada alta de este colectivo y "la vida paralizada para miles de trabajadores de la cultura". Son quizá esos trabajadores, ya de por sí instalados en un economía de subsistencia, los que están sufriendo de primera mano los efectos de una crisis sobrevenida que no tiene visos de remitir en un corto plazo de tiempo.

"Tras los grandes nombres de la cultura, hay mucha cultura precaria y pequeñita que se mantiene en el filo de lo imposible, que vive con dos duros en compañías minúsculas e independientes", se queja la actriz Nieve de Medina, una de las tantas damnificadas por ese imponderable llamado Covid-19. De Medina se encontraba representando en el Teatro del Barrio la obra Carmiña, tercera parte del ciclo concebido por Noelia Adánez dedicado, en esta ocasión, a la figura de Carmen Martín Gaite. "Estábamos llenando todos los días un aforo de 150 butacas, de un día para otro nos dicen que sólo pueden entrar 43 personas y finalmente nos confirman el cierre del teatro", lamenta.

Nieve se enfrenta ahora a una situación acuciante: "Aposté de forma romántica por este personaje, quería hacerlo, paré todo por interpretar un papel que para mí era muy importante y ahora, de la noche a la mañana, me encuentro con que no voy a cobrar nada". Una situación comprometida que evidencia la desprotección en la que se encuentran instalados muchos de estos trabajadores. Es el caso, por ejemplo, de la activista Pamela Palenciano, con 16 años de labor pedagógica a sus espaldas, que ha visto, en apenas unas horas, cómo 20 de sus próximas presentaciones eran canceladas.

En concreto se trata de su monólogo No sólo duelen los golpes, un proyecto que trata de sensibilizar sobre violencia de género y que, junto a su pareja Iván, responsable de la producción, tendrá que hacer frente en los próximos meses a un escenario inquietante: "No tenemos plan b, ha sido un golpe bajo, tenemos dos hijos a nuestro cargo, dos madres y una hipoteca, imagínate...", confiesa Pamela. Como lo oyen, tras esa glamourosa cortina de humo que se suele vincular al mundo del arte y la cultura, se esconden otros muchos profesionales que, ajenos a la alfombra roja, enfrentan días delicados.

"Estamos en shock, el Gobierno debería responder ante esta situación, ayudar a una clase trabajadora que lo está pasando muy mal y a unos artistas cuyo trabajo tiene mucho que ver con el impacto emocional que vive el país", incide Palenciano. Iván, por su parte, apuesta por la creación de una serie de redes de apoyo entre artistas, sin por ello renunciar a la posibilidad de que el Estado ofrezca "algún tipo de ayuda presupuestaria" que palie la desprotección endémica que viven como profesionales de la cultura.

"Cada día nos cancelan algo"

En el ámbito del indie, la cosa no mejora. Joan Vich, al frente de la agencia de management Ground Control, que trabaja con bandas madrileñas de proyección internacional, como las populares Hinds, estima en 20.000 euros los ingresos que preveían pero que, a causa del coronavirus, se han esfumado. "No estoy enfadado con nadie, no puedo estarlo, esto no es culpa de nadie, lo que sucede es que la música independiente en nuestro país es muy precaria, estamos pendiendo de un hilo constantemente y una situación así pasa mucha factura", explica Joan.

Programadores, tour managers, responsables de comunicación... El músico no está solo. Un bolo cancelado es, en cierto modo, una pequeña red que se viene abajo, una red que, por lo general, está formada por autónomos. "Al menos tengo entendido que podremos aplazar el pago de cuota de autónomos, ya es algo", apunta Joan. No es para menos, cualquier pago que se pueda posponer es un poco de aliento para una caja que anda maltrecha. "Vamos aguantando como podemos, haciendo balance como podemos, tratando de encajar cada golpe, pero lo cierto es que cada día nos cancelan algo".