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Festivales a escala para una nueva era

Frente a los macroeventos musicales, todos ellos cancelados o en 'standby', los pequeños festivales se posicionan como la mejor de las alternativas. Sostenibles, íntimos, seguros y con mayor capacidad de adaptación a las normativas poscovid.

Nocturama
Algarabía controlada en el Nocturama de Sevilla.- OSCAROMI

Las grandes citas festivaleras tendrán que esperar. El imperio de los megaeventos, con sus escenarios múltiples, sus decenas de miles de personas y su ubicuo branding, se desvanece hasta nuevo aviso dando paso a un ecosistema que si bien ya estaba ahí, la pandemia parece haber revitalizado. Hablamos, cómo no, de esa otra liga festivalera que apuesta por lo menudo, lo especializado o lo sostenible, características todas ellas que les convierten en eventos fácilmente adaptables a los rigores preventivos que impone esta nueva era.

Una tendencia, la del minifestival o 'festival boutique', que en los últimos años viene evidenciando un cierto hartazgo para con los bonos abusivos y la masificación que preconizan los macrofestivales. Si los brotes lo permiten y no cambian las normativas referidas a la prevención, este verano serán ellos los que lleven la voz cantante; cuando otros no han podido más que echar la persiana, los más pequeños serán los que asuman la jarana festivalera y los que fomenten de nuevo nuestra maltrecha escena cultural. 

"Muchas veces, la propia identidad de estos festivales juega a su favor", apunta Tali Carreto, codirector del Monkey Week y comunicador de aventuras diversas de música en vivo y pequeño formato. "Nosotros por ejemplo contamos con espacios diferentes a través de salas y bares de la zona, esto nos permite disgregar al público y que los aforos se puedan compartimentar". Una modus operandi que, además, genera un doble control; el que realiza el propio festival y el que corre a cargo de sus socios colaboradores a la entrada a las salas.

Por otra parte, estos eventos de hechuras reducidas o medias suelen trabajar con artistas que cuentan con cachés más modestos, lo que hace que el festival tenga cierto margen de maniobra frente a contingencias sobrevenidas. "Son citas que, por lo general, tienen esa función de descubrir nuevos artistas, sus programaciones apoyan el talento emergente, lo que nos permite cambiar fechas y horarios dado que los músicos con los que trabajamos no tienen unos contratos tan férreos". 

Se trata, a fin de cuentas, de festivales cuya identidad y razón de ser les convierten en más aptos para esa selección natural que, de un día para otro, parece haber impuesto la covid. "Hemos llegado a manejar tres escenarios posibles en función de las normativas que se nos exigieran, la cancelación nos la llegamos a plantear pero vimos que había margen para reinventarnos un poco", prosigue Carreto. Una flexibilidad que, en modo alguno, puede asumir eventos de dimensiones draconianas. 

"Los grandes se van a reconvertir"

Cuenta Violeta Hernández, codirectora del Nocturama, que nunca había visto anunciados tantos conciertos en Sevilla como este verano. Una proliferación de eventos que, intuye, tiene algo que ver con la suspensión de las citas festivaleras de mayor envergadura. "Las grandes empresas se van a reconvertir, de hecho ya lo están haciendo, tienen capacidad para contratar a artistas y poner en marcha cualquier proyecto, también de menor aforo, lo harán rápido y lo harán bien", apunta Violeta. 

Pero no les preocupa. O al menos son conscientes de su potencial y su capacidad para la supervivencia. "Sabemos bien cuál es nuestro reducto, existe un cierto temor de que perviertan un poco el ecosistema de pequeños festivales que se había creado, pero saldremos adelante, siempre lo hemos hecho y ahora no será diferente", explica esta joven promotora al frente de un festival sevillano que espera unos 500 asistentes y que ha visto modificar su aforo y sus previsiones en función de las reglamentaciones que han ido surgiendo.

"Nuestra clave ha sido precisamente ser un festival no mini, sino micro", apunta Violeta. Un evento peso pluma pero no por ello ajeno a las complejidades de una coyuntura plagada de incertezas e inseguridades. "Hemos hecho un montón de programaciones diferentes dependiendo del aforo, hemos valorado cambiar la fecha y la localización, incluso se puso sobre la mesa la cancelación". Pero finalmente no llegó la sangre al río; el Nocturama se celebrará del 27 al 29 de agosto en los Jardines del magnífico Casino de la Exposición de Sevilla.