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Pensamiento poscovid: entre la utopía tranquila y la distopía fascistoide

La pandemia nos adelantó el futuro; las tensiones se recrudecen y afloran conceptos como cuarentena biopolítica, tecnobarbarie y nuevo comunismo. Los pensadores, a marchas forzadas, ultiman sus diagnósticos para tiempos inciertos.

matrimonio armado
Los 'Bonnie and Clyde' del turbocapitalismo protegiendo su mansión en Saint-Louis.- TW

La pandemia parece haber acelerado lo que se intuía una deriva larga y calamitosa. La distopía, siempre al acecho pero siempre postergada, nos sopla ahora en la nuca como si el zarpazo fuera inminente. Las complejidades y contradicciones de ese tiempo nuevo que algún lince acuñó como la nueva normalidad, conforman la simiente de un debate de ideas más que necesario cuando la hoja de ruta a la que nos habíamos encomendado devino, de un día para otro, en un callejón sin salida.

Es posible que filosofar en plena crisis no sea lo idóneo. Quizá sea mejor aguardar unos años; nada como la mesura que otorga el tiempo para evaluar lo que nos perturbaba en el pasado. Pero sucede que la urgencia del momento anda un poco justa de sentido, reclama razones a la que agarrarnos para sobrellevar un presente que se antoja cuando menos incierto. En pleno cambio climático, a lomos de esa máquina trilladora de horizontes vitales que es el turbocapitalismo, toca imaginar un futuro pospandemia mirando por el retrovisor de la Historia.

"Una sociedad en cuarentena biopolítica"

"La covid no sustenta a la democracia. Como es bien sabido, del miedo se alimentan los autócratas. En la crisis, las personas vuelven a buscar líderes. El húngaro Viktor Orban se beneficia enormemente de ello, declara el estado de emergencia y lo convierte en una situación normal. Ese es el final de la democracia", apuntaba recientemente en una entrevista a EFE el filósofo coreano Byung-Chul Han. 

Los desmanes autoritarios pueden encontrar en la coyuntura presente su particular nicho. Nada como el shock, ya lo dijo Naomi Klein, para terminar de ajustar los grilletes de la vigilancia sirviéndose de la vulnerabilidad de muchos. Byung-Chul Han recoge el guante de la canadiense y sube la apuesta: "El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad en la que también se monitorizará nuestro estado de salud".

Lo que viene siendo ciencia ficción. Un panorama orwelliano que el coreano esgrime sin inmutarse y que, a tenor de los últimos acontecimientos, no parece tan desdeñable. Sometidos como estamos a una estrecha vigilancia de nuestras comunicaciones y demás veleidades 2.0, no resulta sorprendente esa vuelta de tuerca que plantea el pensador en la que nuestro cuerpo será la última barrera a superar. Los biorritmos del personal bajo sospecha ante el gran ojo que todo lo ve. "La amenaza de una sociedad en cuarentena biopolítica", apunta Han.

"Una guerra civil global"

La encrucijada histórica en la que nos encontramos podría emparentarse con lo vivido hace un siglo. Los convulsos años veinte y treinta en Europa contienen ingredientes que apuntalan los peores augurios posibles. El ensayista Pankaj Mishra, autor de La edad de la ira, predice una "guerra civil global" que supera con creces las tímidas algaradas callejeras en EEUU o las movilizaciones en los países del sur. Una especie de internacionalización de la revuelta patrocinada por la desigualdad y la exclusión social.

Puede que muchos países hayan conseguido sobrepasar ya el pico de la pandemia, una cima cuyo coste en muertes aún tratamos de digerir. Y mientras acotamos las hechuras del trauma, vemos cómo afloran las tensiones geopolíticas y la radicalización de los perdedores de la globalización y la tecnobarbarie, ajenos al bienestar y la dignidad de unos pocos privilegiados. De esa patria sin nombre ni tierra hecha de parias, viene a concluir el periodista de origen angloindio, surgirá la próxima revuelta global. 

"En nuestra propia coyuntura, todos los ingredientes de la calamidad anterior están presentes, aunque de manera ominosa en una escala sin precedentes. Desde hace décadas, la desindustrialización, la externalización de los puestos de trabajo y, posteriormente, la automatización, han privado a muchos trabajadores de su seguridad y dignidad, haciendo que los agraviados de los países occidentales, incluso los más avanzados, sean vulnerables a la demagogia", escribía Mishra al comienzo de la pandemia en una columna en Bloomberg que cerraba con un inquietante: "El coronavirus, devastador en sí mismo, puede resultar ser sólo el primero de muchos shocks que se avecinan".

"Una forma nueva de comunismo"

Planteada la distopía, planteado también el regreso a lo más oscuro del siglo XX, llega el turno del filósofo Slavoj Žižek. En Pandemia, ensayo de urgencia publicado durante el confinamiento, el pensador esloveno atisba un rayo de esperanza en plena emergencia global. "El virus debe hacernos pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado nación, que se actua­lice bajo la forma de la solidaridad global y la cooperación", escribe.

La pandemia como golpe de realidad; un despertar aciago, fruto del shock, que nos permitirá repensar y calibrar el Nuevo Orden Mundial. Todo ello pasaría, apunta el filósofo, por un Estado eficiente capaz de intervenir en la economía y proteger los servicios públicos. Ahora, dada la emergencia, "ya no serán ideas utópicas, sino urgentes para proteger la vida". La catástrofe al servicio de la justicia social. "Hace falta que haya una plena solidaridad internacional y una respuesta coordinada a escala mundial, una forma nueva de lo que antiguamente se había denominado comunismo", añade Žižek.

Desconocemos cuál de estos peritajes intelectuales será el que más se aproxime a lo que está por venir. Se abre un horizonte incierto pero al mismo tiempo una oportunidad de enmienda. La posibilidad de repensar hacia dónde vamos, de abrir espacios para la reflexión y, quién sabe, quizá también para la lucha.