Entrevista a Alejandro Amenábar"Al final el público decidirá si hay un amor homosexual entre Cervantes y su captor o es una relación de poder"
El cineasta dedica su nueva película, 'El cautivo', a los años que Cervantes estuvo preso en Argel y fabula con la posibilidad de que sus historias sedujeran al cruel bajá de Argelia y le salvaran de la muerte.

Madrid--Actualizado a
En el cuarto centenario de la publicación de Don Quijote de La Mancha, una encuesta del CIS reveló que sólo un 21,6% de españoles había leído la novela de Cervantes. El cineasta Alejandro Amenábar no era uno de ellos entonces. "Soy de esa inmensa mayoría que iba por la vida sin haber leído El Quijote". Unos años después no solo lo ha leído, sino que en las aventuras del "ingenioso hidalgo" ha encontrado la clave para su nueva película, El cautivo.
Protagonizada por un joven actor, apenas recién llegado al cine, Julio Peña, la película narra los años en que Miguel de Cervantes estuvo preso en Argel. Allí, el soldado cuenta historias a los otros presos con las que llama la atención del cruel bajá de Argel, Hasán, con quien desarrolla un inesperado vínculo.

Con Alessandro Borghi, como el bajá, la película cuenta también en el reparto con Miguel Rellán, en el papel del clérigo portugués Antonio de Sosa y narrador de esta historia; Fernando Tejero, como el cura traidor Blanco de Paz, y Luis Callejo, entre otros.
Esta es una película sobre un contador de historias, contada por otro narrador. ¿Qué le empuja a usted a querer contar historias desde el cine y qué necesidad tiene de que se las cuenten?
Me encanta que me cuenten historias, me ayudan a entenderme, a aprender, a veces me hacen replantearme cosas, prejuicios... son todo para mí. Nunca he hecho una historia sobre cómo el cine cambió mi vida, y esta quizá es la manera que más se aproxima a contarlo.
¿Cuándo nació su fascinación por Cervantes y qué significa para usted?
No soy cervantista acreditado, ni siquiera aficionado. Lo que yo conocía de Miguel de Cervantes es lo que estudié en el bachillerato, que era un poco como el inglés, que sabíamos todos lo justito. Me había leído alguna de las Novelas ejemplares, recuerdo haberme reído mucho con El licenciado Vidriera, había leído extractos de El Quijote, seguramente los que nos pedían para comentarios de texto, y poco más. Soy de esa inmensa mayoría que iba por la vida sin haber leído El Quijote y, además, en mi caso yo lo reconocía porque creo que hay otros muchos que dicen que lo han leído y no lo han hecho. Por supuesto, para hacer esta película me he leído El Quijote, pero lo que más me ha interesado ha sido, como pasó con la figura de Miguel de Unamuno en Mientras dure la guerra, indagar en la persona. Lo que más me interesaba era buscar al personaje en la experiencia, cómo la experiencia va a conformar al ser humano y al escritor. Y eso es algo que me he encontrado en muchos de los ensayos sobre él.
¿De toda la vida de Cervantes, por qué eligió esta época en que estuvo cautivo en Argel?
Tenía claro que no iba a hacer la típica historia de nació, vivió, murió. Era más interesante centrarte en un periodo concreto y este periodo, por lo que tiene de simbólico, es como una película de Marvel, ahí está el cómo se gesta el superhéroe, quién era este tío antes de escribir El Quijote y por qué cuando vuelve a Madrid, a España, ya se pone a escribir como si no hubiera mañana. Este periodo era fundamental porque es traumático. El cautiverio le deja una huella de la escritura. Incluso, cuando llega, lo primero que hace es escribir una obra de teatro de propaganda denunciando las penurias del cautiverio. Pero también porque entra en contacto con la sociedad de aquel país, la del enemigo, y en esto sí que nos hemos documentado fehacientemente, en la que la sexualidad y el sexo homosexual estaban aceptados. Eso tiene que haber sido un shock para alguien que viene de un Madrid post medieval. Allí la homosexualidad se vivía, sorprendentemente, de un modo mucho más libre. Y creo que eso también contribuye a que él precisamente denuncie esas obras de héroes de una pieza y cree la primera novela moderna con seres humanos.
¿Hasta dónde era importante para usted mostrar la condición de homosexual de Cervantes?
Yo, evidentemente, me considero homosexual y lo he manifestado públicamente desde hace muchos años, pero creo que a veces tendemos a encasillar y a mí la realidad social, por lo menos en los últimos años, lo que me ha enseñado es que la sexualidad es mucho más. Yo lo que planteo en la película es que Cervantes pudo tener una conexión especial, por compartir experiencia de cautiverio y por afinidad intelectual con su captor, con el bajá, eso es lo que me apetecía explorar. Y aunque yo he intentado en la película no renunciar a su posible homosexualidad, porque me parece que habría sido renunciar a mí mismo, curiosamente, creo que al final es el público el que decide si esto más bien es una relación recíproca de amor homosexual entre dos personas o es una relación de poder en la que Cervantes se está dejando querer por su captor para librarse de la muerte y la tortura.
Esta película habla de la guerra, de la violencia, de persecución a las personas homosexuales... Todo lo que se muestra en la película de aquel tiempo existe todavía en el mundo de hoy. ¿Qué reflexión hace de ello?
Lo paradójico y lo interesante para mí de mirar al pasado es que efectivamente puedes hablar del presente o incluso del futuro. Es curioso, por ejemplo, respecto de la homosexualidad, que la sociedad argelina entonces está en completa contraposición con la de hoy en día. El mundo más abierto que estamos planteando frente al mundo castellano ahora se habrían invertido y sería exactamente al revés. En Madrid hay un desfile del Orgullo Gay, lo cual sería impensable en Argel hoy en día. Estamos hablando de los giros tan sorprendente que puede tener la Historia. Soy consciente de lo afortunado que soy de que me haya tocado vivir en este país y en esta época, porque aquí hace 60 años, a lo mejor habría acabado en la cárcel. Soy plenamente consciente también de que esta es una situación que se están revirtiendo en otros lugares. Primero empieza con un intento de no visibilización y luego pasa directamente a la represión.
Mientras todo eso exista tiene sentido acudir al Gay Pride porque todavía se sigue ejecutando a homosexuales por el mero hecho de serlo, y, por supuesto, hacer esta película tiene más sentido que nunca.
¿Ahí está el poder de la ficción, de las palabras, del arte… del que habla su película?
En esta película tenía todo el sentido explorar el poder de la narración y cómo las historias nos hablan y a veces te pueden salvar de la tortura, para escaparte, imaginar ir a otros sitios… Y a veces las historias dan claves para solucionar tu propia vida. Una historia siempre es una invitación a la reflexión y para mí es un viaje. Yo soy una persona poco viajera. Me encanta viajar a través de la pantalla de cine.
Hay un par de capítulos en 'El Quijote' donde se cuentan las peripecias de un soldado español que está preso en Argel. ¿Este fragmento autobiográfico decidió la estructura de la película?
El argumento lo diseñé con Alejandro Hernández y muy pronto decidimos incluir estos capítulos en la historia y jugar con ello, ya que Cervantes en el propio Quijote juega siempre con el metalenguaje, pero nosotros jugamos a que no hubiera una distinción estética entre un mundo y otro. Mi director de fotografía al principio apostaba por hacer una diferenciación entre el mundo de la realidad y el mundo de la ficción, pero elegimos entremezclarlos, ya que son los mismos personajes.
La película cuenta cómo se forjó el espíritu de escritor de Cervantes en Argel, pero ¿se puede pensar que también es un retrato de cómo Cervantes gestó una parte de 'El Quijote'?
Sí, nosotros pensamos ¿por qué no plantear que lo pudiera concebir durante la experiencia del cautiverio? Obviamente estamos imaginando, no tenemos ninguna constancia, sólo hay una obra escrita que se atribuye a Cervantes en aquella época, que es Epístola a Mateo Vázquez.
Hay una conversación entre Cervantes y el bajá sobre los trucos para emocionar al público, para endulzar o no una historia. ¿Cuánto piensa usted en esto cuando está haciendo una película?
Cuando hice mi primera película, Tesis, hay un momento en que el personaje de Castro, que interpretaba Xavier Elorriaga, decía que había que dar al público lo que quería ver. Pero ese personaje está en un entramado de películas snuff, entonces algunos periodistas me preguntaban si yo también pensaba eso. Yo no haría una película snuff, pero sí me planteo hasta dónde voy a jugar con los resortes del suspense para tener al público enganchado. Toda esa reflexión sobre lo que haces y por qué lo haces es interesante. En el caso de esta conversación con el bajá, le está hablando sobre la naturaleza de la seducción literaria. Es algo que está muy presente en el mundo de Netflix, por ejemplo.
¿Hay muchos elementos de ficción en la película?
Son muchos menos de los que la gente pueda pensar cuando vea la película, lo que sí que hay son muchos elementos plausibles. Jugamos con la posibilidad de que Cervantes hubiera escapado de la muerte todas esas veces porque conocía a una princesa secreta en un palacio o porque tenía una relación con el bajá, y ésta me parecía lo más posible y es la opción por la que he apostado. Yo creo que tiene mucho más de real o de posibilidad de ser real de lo que la gente podría crecer.
¿Cómo y por qué eligió a Julio Peña para el papel principal?
El gran reto era ese. De pronto apareció este chico de 23 años, que es un viejoven, un lector voraz, muy inteligente, muy atractivo y con luz propia. Y creo que fue en el momento en que él se despojó de la presión de interpretar a un mito cuando empezamos a avanzar. En el momento que nos despojamos de la presión de interpretar a un icono de la cultura española y pensamos que iba a interpretar a un ser humano, empezó realmente a brillar y a coger altura su interpretación. Personalmente, junto con Belén Rueda para Mar adentro, es de las decisiones profesionales de la que más orgulloso estoy en mi carrera.
¿Una película como 'El cautivo' puede ayudar a que los españoles tengan un poco más de interés por Cervantes y por la obra que escribió?
De entrada, adelanto que yo me considero un ilustre ignorantísimo, es decir, que viviendo aquí en Madrid, delante del Palacio Real, lo visité por primera vez el año pasado. Me voy alimentando poco a poco y las películas me dan esa oportunidad para alimentar mi curiosidad o para fijarme en cosas y apasionarme por cosas. Ya te he confesado que yo no me había leído El Quijote hasta que empecé a interesarme en este proyecto. Pero, sí, en casa de herrero cuchillo de palo, es inevitable. No he hecho esta película con la intención de acercar a la gente a la figura de Cervantes o a El Quijote, pero si lo logramos o ayudamos a ello, miel sobre hojuelas.


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