EL GRAN ERROR DE MI VIDA
Willy Toledo: "Mi gran error es no haber cuidado más a la gente que quiero y que me quiere"
El actor habla en esta entrevista sobre humor, poder y cine.

-Actualizado a
En EEUU tienen a Dalton Trumbo, a Dashiell Hammett y a Charles Chaplin como icónicas víctimas del macarthismo, de la persecución del arte por el fascismo democrático. En España no nos arredramos y tenemos a Willy Toledo, apartado durante años del cine y de las tablas por usar su enorme popularidad para fustigar al poder, a los medios de la falsa izquierda, a los paniaguados asesinos de niños, a los perseguidores de la primavera en general. Willy no alimenta rencores, pero sí se le ha quedado un poso de tristeza y otro, bien grande, de misantropía.
Hace tiempo te oí decir que el cuarto poder, o sea, la prensa, o sea, nosotros, éramos ya el primer poder. Y yo me siento muy honrado, muy reconocido, pero no lo noto, no me lo creo. Me veo con menos poder que nunca. Nadie nos hace caso y cualquier bulero, cualquier mentiroso, tiene más poder que nosotros.
Sí, es posible que me haya quedado un comentario un poco baby boomer. Está claro que las redes sociales y ciertos personajes tienen un poder extraordinario a la hora de comunicar sus mierdas. Ahora, en realidad, son medios de comunicación también. Pero tradicionalmente los medios ya eran la vanguardia del sistema a la hora de convencer a la gente de que ciertos personajes son malos, otros son buenos, hay que ir a la guerra por tal, hay que bajar impuestos porque si no las pensiones no sé qué, los moros vienen a robarnos y a violarnos... Lo del otro día en Ceuta fue una invasión, pero no nos dicen quiénes fueron los responsables. En fin, de alguna manera nos preparan para el desastre, para convencernos de que el desastre es inevitable.
Últimamente se está persiguiendo mucho el humor. ¿Qué es más peligroso hoy, enfrentarse al poder o reírse del poder?
Son dos maneras de lucha perfectamente compatibles, incluso necesarias.
Dos maneras de derrota, diría yo.
También, puede ser, en la mayoría de los casos. Desde luego, en el noventa y nueve por ciento de las luchas en que he participado yo, hemos salido derrotados de la batalla, que nunca de la guerra. Y bueno, obviamente el humor ha sido un arma de combate. Nosotros, con nuestra compañía Animalario, tuvimos clarísimo que el humor era una herramienta muy poderosa de combate al poder. Desde los tiempos antiguos, desde los bufones que le decían al rey que estaba desnudo, ha sido así. El poder le teme muchísimo a la cultura en general y al humor en particular.
El humor es cultura. Es una de las más altas formas de cultura, igual que se dice que la risa es la más alta forma de inteligencia.
Absolutamente necesarios para sobrevivir. Desde siempre se ha dicho que una persona con mucho sentido del humor ya de por sí tiene un grado de inteligencia asegurado. Siempre se ha perseguido a los humoristas. Desde hace años se censuran portadas de El Jueves, por ejemplo. Incluso se cometieron atentados terroristas durante la transición, por ejemplo, contra la revista El Papus en 1977. Con muertos. Es que el humor, además, supone una protección para aquel que combate. Es un escudo protector, quizá más que la crítica política directa o una viñeta.
O sea, que morimos mejor riéndonos.
Sí, sí. Y ante un juez quizá te sirva de algo decir que era una broma.
Tú has trabajado con muchos grandes directores: José Luis Cuerda, Pedro Almodóvar, Adolfo Aristaráin, Mario Camus, Álex de la Iglesia..., y me dejo una docena de tíos grandes del gran cine español. ¿Cuál de todos es el más cabrón, el más coñazo, el que tiene más broncas con los actores?
Yo diría que el más cabronazo es Álex de la Iglesia. Tiene muy mala hostia. Yo también tengo muy mala hostia, pero creo que es más cabronazo Álex de la Iglesia.
Ponme un ejemplo de enfrentamiento con él. Un poquito de morbo, Willy.
Ah, no, no. Fíjate. Nunca he tenido enfrentamientos con directores. He tenido más con productores y productoras. Con los equipos de rodaje no he tenido nunca ninguna bronca. Me encantan los equipos de rodaje, me encantan los platós, me encanta estar en un rodaje. Trato a todo el mundo con respeto, con cariño. Soy muy consciente de que la película sin mi trabajo no sale adelante, pero tampoco sin el último figurante ni sin el machaca de producción que te lleva y te trae todos los días. Pero sí que he tenido enfrentamientos con productoras y con productores porque, bueno, son el poder, y siento una especial necesidad de enfrentarme al poder allí donde me lo encuentre. Y, sobre todo, en mi centro de trabajo.
¿Qué enfrentamientos tiene un actor con un productor?
Por el trato al equipo, fundamentalmente. En mi caso particular he sido siempre un privilegiado, y desde hace muchos años he tenido un cierto poder dentro del funcionamiento de un rodaje. Sé que cuento con cierta protección a la hora de señalar ciertas actitudes dentro de un plató. Por ejemplo, el maltrato a la figuración. O la calidad de la comida. Te pasas tres meses ahí metido y comer decentemente es básico y fundamental. Y hay algunas productoras que, básicamente, dan basura para comer. Los horarios de la peña. Y un montón de cosas a la hora de la promoción de la película. Antes tenía bastante más poder. Antes de que sucediera lo que sucedió. Ahora ya he perdido bastante. Pero lo tuve a la hora de pelear por cosas que veía todos los días en rodajes y que me sentaban mal, que eran injustas, incluso ilegales.
Recuerdo una frase tuya muy textual: "El Partido Socialista Obrero Español está alentando el fascismo en España". ¿Incluyes a Sumar y a Podemos, sus sucesivos socios de gobierno, en esa ecuación?
No, no. Otra cosa es que hayan compartido Consejo de Ministros con un tipo como Fernando Grande-Marlaska. Es muy fácil desde fuera decir "yo me hubiera ido", pero creo que se hubiera podido presionar mucho más en muchos casos, y con las muchas tragedias que han sucedido durante los siete u ocho años de gobierno del PSOE en coalición.
Sí, a Marlaska el Tribunal Europeo de Derechos humanos lo ha condenado media docena de veces por no investigar torturas policiales…
El PSOE, como todo partido socialdemócrata, a la hora de posicionarse al lado de una revolución popular o del fascismo, no ha dudado nunca. Ni van a dudar. El fascismo, básicamente, es una herramienta de combate para la burguesía. Pero no incluyo a Podemos ni a Sumar, a pesar de que de alguna manera podemos decir que han sido colaboracionistas. Por ejemplo, en la traición al pueblo saharaui, los asesinatos en la valla de Melilla... Podemos seguir. Pero para nada los responsabilizo a ellos de alentar el fascismo. Todos los ministros del Interior nombrados por el PSOE, también los del PP, han sido de ultraderecha. Han avalado, bueno, han montado una organización terrorista que se llamaba los GAL, con casi una veintena de asesinatos. Han utilizado la tortura sistemáticamente en los cuarteles de la Guardia Civil y de la Policía Nacional con gobiernos del PSOE. Sí, sostengo que el PSOE, a la hora de la verdad, estará siempre más cerca de la ultraderecha, de la alta burguesía y del capital, que de las clases populares.
Aunque a Podemos lo atizaron mucho, parece que el neofascismo persigue más a los artistas de izquierdas que a los políticos de izquierdas, quizá porque los políticos de izquierdas ya se persiguen ellos solos, ¿no?
Esta segunda parte es cierta. Desgraciadamente, se empeña más energía y más tiempo en despellejar, no ya al contrario, sino a su propio partido. Eso no solo es una pérdida de tiempo, sino una falta de respeto hacia la política, hacia la sociedad, hacia quienes les votaron o no les votaron. Al final, se toma la política como una trinchera interna en la que importan más las luchas fratricidas que combatir al enemigo común. Y así los votantes nos llevamos una decepción tras otra. Y al final acabas viendo a gente en lugares que nunca imaginarías de la derecha rancia.
¿A qué te refieres? ¿Gente de izquierdas que acaba con la derecha más rancia? No me lo puedo creer.
Podemos hablar de Alberto Garzón, que al día siguiente de apearse como ministro (me imagino que antes ya lo estaba urdiendo) fichaba por un lobby [Acento Public Affairs] que, entre otras cosas, protege los intereses del Reino de Marruecos. Un lobby propiedad de Pepiño Blanco, tu paisano. Destacado personaje de la derechuza más rancia. Bueno, dicen que el poder corrompe. Yo creo que no. Yo creo que uno viene corrompido de casa, lo que pasa es que no ha tenido aun la oportunidad. Estoy harto de ver a gente de izquierdas que, en cuanto tiene un piso o dos pisos que le han tocado de su abuela, se dedica a especular con ellos. O pone un negocio y se dedica a explotar a los trabajadores. O tiene una mujer en casa trabajando sin contrato durante doce horas al día por ochocientos pavos al mes, o…
...o se va de tertuliano a un programa de Antonio García Ferreras
O se va a un programa de Antonio García Ferreras o cualquier otro. En realidad, al final da igual Ferreras que cualquier otro. Al final son todos de la misma calaña.
Decir que son todos la misma calaña es un lenguaje que a la derecha le gusta mucho.
Ah, no me refiero a todos los periodistas. Me refiero a este tipo de programas de Telecinco, Antena3, La Sexta... Se salva últimamente Televisión Española. Y, obviamente, hay medios escritos digitales absolutamente imprescindibles para mí, para mi vida personal, para mi existencia diaria. Son fundamentales. Junto a los sindicatos, son la principal herramienta de la clase trabajadora para defenderse ante los ataques del capital. UGT y Comisiones Obreras no son nada más que vendeobreros. Pero, por supuesto, tanto otros sindicatos como otros medios de comunicación son fundamentales en nuestra lucha.
¿Cómo te afectó en lo íntimo el veto profesional que sufriste durante años? Porque aquello fue puro macarthismo. A veces daba la impresión de que no tuviste mucho apoyo de los compañeros de profesión ni de la industria. ¿Cómo afecta? ¿Cómo duele eso en lo personal, en la amistad, en la familia, en el amor? ¿Cómo duelen esas cosas, tío?
Es verdad que no tuve el apoyo que a mí me hubiera gustado. Pero lo entendí perfectamente. No era una cuestión personal contra mí, sino una cuestión colectiva para sembrar el miedo en el resto del colectivo de artistas. "Mirad lo que le ha pasado a este señor por ser como es, por decir lo que dice y por hacer lo que hace. Andad con cuidado". Es un aviso a navegantes.
Ya, pero los artistas tenemos la obligación de ser valientes, Willy.
Bueno, yo no sé si nadie tenemos la obligación de ser nada, la verdad. Bastante jodidas son muchas veces las cosas como para obligar a nadie a nada, para sentirnos obligados a nada. Y menos a la valentía, yo creo. Es verdad que sin valentía no se van a cambiar las cosas. Pero entiendo el caso de compañeros que tienen familia, que vienen de una situación familiar precaria… Yo vengo de una situación familiar privilegiada. No hemos sido nunca millonarios, pero no nos ha faltado de nada. Y siempre tienes ese colchón, ¿no? Yo por lo menos tenía siempre en la cabeza que, a malas, podía perder mi trabajo pero no iba a pasar hambre. Yo creo que ahí está un poco el límite: en el pasar hambre.
Ya, pero bueno, yo esperaba...
Yo esperaba, por ejemplo, que a lo mejor durante esos diez años, en alguna ceremonia de los Goya algún actor saliera y dijera... De hecho, lo soñé una noche, que un actor salía y decía: "Echo de menos a nuestro compañero Willy por aquí. Hace muchos años que no aparece". Soñé una vez que uno salía a recoger un premio y lo decía. Ese tipo de cosas sí que las echas de menos. Se siente muchísima soledad. Ya se siente muchísima soledad siendo comunista. Es como que vives en un mundo que no entiendes y la gente que habita ese mundo no te entiende a ti. Yo he sentido mucha soledad, y sobre todo a partir de esos años, durante esos años. Y me ha afectado en lo personal. Antes era un tipo absolutamente de calle, desde los doce años hasta los cuarenta y cinco. Me volví mucho más casero. Incluso misántropo.
¿Te disgusta más la sociedad desde aquello?
Me disgusta bastante la sociedad. Me pone muy triste, me duele. Me duele el mundo, me duele Gaza, me duele Ceuta, me duelen las mujeres asesinadas, me duelen los chavales expulsados del B9 de Badalona, me duele el racismo, me duele la cabeza de algunos discursos que escucho por ahí, me duele ver a los tipejos del Partido Popular y Vox diciendo que hay que ir a cazar uno a uno a los chavales marroquíes que entraron en Ceuta. Me duele, me jode. Y entonces me mosqueo y estoy buena parte de mi vida mosqueado y triste porque no puedo evitarlo. No puedo evitar informarme porque soy un enfermo de la información. Entonces, cada vez me enveneno más y me enervo porque me doy más cuenta de que el mundo es una puta mierda. Pero, por otro lado, también soy muy consciente de que el mundo y las personas somos increíblemente generosas, amorosas, imaginativas, inteligentes, peleonas, y conozco a mucha gente así. Lo que me ha salvado es rodearme de esa gente.
De anarquista a comunista, ¿a quién votamos en 2027, tío?
Yo qué sé. No lo sé. Vamos a ver si aparece algún partido nuevo, que todo es posible. Desde luego, lo que sí sé es que voy a ir a votar. Ha habido muchos años en los que no he ido, muchas elecciones, pero creo que ahora es una cuestión de emergencia social. De esto me ha convencido mi compañera, que es de clase trabajadora. No ir a votar en estos momentos solo se lo puede permitir un privilegiado sin conciencia. Es importante ir a votar por los que están peor, por los que están por debajo en la escala social, que son la mayoría. Y sí, voy a votar. No sé a quién. No creo en las instituciones como medio transformador, no tal y como están montadas. Es un sistema absolutamente amañado. Es complicadísimo arrebatar el poder a quienes lo tienen, que son básicamente los ricos, las grandes empresas, la banca, etcétera..., que a su vez son dueños de todo lo demás: los medios de comunicación, las empresas de transporte, las tecnológicas... Pero voy a votar. Voy a votar y ya veré a quién. Desde luego, alguien de izquierdas.
Si lo hubiese.
Claro.
¿Cuál fue el gran error de tu vida?
Voy a decir dos. Uno es claro: no haber cuidado más a la gente que quiero y que me quiere. Haber estado demasiado tiempo desapegado de mi gente más cercana. Hay algo que he utilizado durante mucho tiempo como excusa: "No, pero ya sabes, yo soy un desapegado".
Además eso era mentira. Mentira en un actor, cuya profesión consiste en apegarse.
Sí, sí, total. De hecho, vivimos de las relaciones personales, interpretamos relaciones personales. A lo mejor soy peor actor. A lo mejor voy siendo peor actor ahora que estoy más desapegado de la gente.
¿Y cuál fue ese segundo error?
Una espinita clavada en el corazón, desde luego, es no haberme dedicado al rock and roll. Es lo que más me gusta, lo que más me apasiona. Es lo que practico todos los días escuchando horas de música. Estoy todo el día con la música puesta, buscando música, coleccionando vinilos desde que tengo trece años. He ido a decenas y decenas de conciertos, he intentado poner en pie un par de grupos, he fracasado estrepitosamente y, de alguna manera, el rock and roll es lo que a mí me mueve. Cuando pienso en aquello que voy a extrañar más cuando muera, lo tengo claro: ¡hostia!, no poder volver a escuchar a AC/DC, tío, o a Leño, o a David Bowie... Mi gran error será morirme y no volver a escuchar un rock and roll. Eso me genera ansiedad.


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