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Los grandes 'hits' de Jesús Quintero: de Lola Flores a Jesús Gil

El loco de la colina entrevistó a la historia de España en una sarta de programas con tufo berlanguiano y valleinclanesco.

Jesús Quintero y Lola Flores, en 'El perro verde'.
Jesús Quintero y Lola Flores, en 'El perro verde'. TVE

Jesús Quintero entrevistó a la historia de España en una sarta de programas con tufo berlanguiano y valleinclanesco. Crónica rosa y roja, la del puño de Felipe, crónica negra de El Caso. El diván de El loco de la colina fue la Interviú televisada, revista que se veía pero también se leía: la farola del Cojo Manteca, Susana Estrada y su #freetheniple con Tierno, qué fue del Nani, el epitafio de Rafi Escobedo, "lo nunca visto" de Marta Chávarri, los gayumbos de Roldán y la Lola, "por fin desnuda", Flores.

Que aquellas portadas no impidan hoy ver el bosque, porque dentro estaban el Lobo en la lobera de la ETA; Anguita tirando de casta ("Antes con las serpientes venenosas que con la clase política"); Hellín en Paraguay; el anzuelo de la exclusiva, Pasionaria incluida; Ynestrillas adelantando al PSOE por la izquierda, Mario Conde y sus movidas con el CESID; Carrillo enfundándose la Roja; los GAL y el Gil, y tal y tal. En el álbum de Jesús Quintero lucían casi todos los cromos, algunos repes y otros que TVE le impidió coleccionar.

Mucho facha y mucha pana. Renglones torcidos de Dios y guerrilleros de Cristo Rey. Suárez y Gutiérrez Mellado, Aznar y Botella, Felipe y Guerra, Cebrián y Polanco, Jon Idígoras y Beatriz de Orleans. La parada de los monstruos: asesinos de mujeres que desconocían qué significaba la palabra machismo y friquis de Tod Browning con gracejo gaditano y sevillano. Cuando Marbella era Gunilla y el Tío Gilito quiso ser todo: Marbella, el Atleti y —en el asalto al Estado de su Grupo Independiente Liberal (GIL), aquella tercera vía de los noventa— también España.

Decíamos ayer que Jesús Quintero era el loco de los silencios, el inventor del género mudo, el fular que, callándose, mejor preguntaba. Hoy interesan las respuestas, aunque las más reveladoras quizás fueron las que se quedaron en el valle y no llegaron a remontar la colina. Otras, incluso, no llegaron a emitirse por orden de los gerifaltes de Televisión Española, que censuró la entrega dedicada a José María García, quien reconoció que ganaba 1.500 millones anuales en la Cadena Cope.

El locutor deportivo definió así su programa, que podría llamarse de cualquier forma, porque Quintero era el formato: "Este espacio es una pequeña isla que, por el momento, creo que está a flote de tanta, con perdón, mierda y porquería como nos ofrece la caja tonta". A saber: El perro verde, Qué sabe nadie, Trece noches, La boca del lobo, Cuerda de presos, El vagamundo, Ratones coloraos, El loco de la colina

Jesús Quintero y la transición

Fueron tantos los entrevistados singulares y tantas las preguntas y respuestas antológicas que la labor de zapa es ardua: el archivo de TVE y Canal Sur, vídeos en Youtube y el documental que en 2015 elevó al Loco a los altares, Mi querida España, dirigido por Mercedes Moncada. "¿Jura en esta colina decir la verdad, siempre la verdad y nada más que la verdad?", le preguntó a Adolfo Suárez, el presidente del Gobierno que se llevó al cementerio el nombre del elefante blanco.

"Lo juro", respondió el líder de la UCD y, luego, del CDS. "Hay una cosa que debo matizar en ese juramento. El toda la verdad. El toda la verdad quizá no sea posible si el discurrir de la conversación entraña o roza algún punto que yo todavía considere que debe ser secreto de Estado. Cuando el conocimiento de esos secretos no sea desestabilizador, pues sí, los contaré. Otros, evidentemente, los he transmitido a las personas que tienen la responsabilidad de gobernar".

Luego iremos con lo que se calló Suárez. Antes, el serpenteante sendero de la transición y quienes dejaron las huellas de sus botas. El militar y vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado le mandaba un recado a un imaginario recluta de imaginaria: "Le diría a ese centinela que es una de las misiones más nobles del soldado, aparte del combate, y que él es España". Si a Fraga le cabía el Estado en la cabeza, ¿por qué no iba a caber su defensa en una garita?

Alfonso Guerra, tras la victoria del PSOE, se arrogaba el fin de los temores a las asonadas: "Hemos desterrado de las conversaciones, de los periódicos y de las charlas el miedo a que no haya democracia. Es un gran valor que hay que atribuir de una manera sustancial a diez millones de españoles que no tuvieron miedo cuando más falta hacía no tener miedo".

El PCE había sido legalizado y la Pasionaria —"una mujer inmensa ante la que uno se siente muy pequeñito", según Quintero— le rezaba un padrenuestro en latín y le dejaba claro, entre risas, que no se tomaría un té con ningún político; Julio Anguita denunciaba un "golpe blando" y Pilar Urbano llamaba al rey emérito "becario de Franco". Lo del Pater noster, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum fue en la Ser, porque El loco de la colina había nacido en RNE antes de dar el salto a la televisión.

"Con Franco estábamos tan bien en la oposición…", bromeaba Albert Boadella. "Luego fue mucho más difícil. Ser de la oposición de los que eran de oposición ha sido muy complicado, ha sido un camino dificilísimo. Pensábamos que eran nuestros colegas, los del buen rollo, y han sido nuestros adversarios y nuestros perseguidores". González todavía era Felipe, las puertas no habían empezado a girar y faltaban años para que el líder socialista comentase: "A veces le hago la broma a Botín de que tiene un apellido que parece que está elegido para ser banquero".

Más allá de Anguita, ya sonaba en otras bocas el concepto de la casta, porque hasta Mario Conde ponía distancia con las altas esferas y atribuía su defenestración a un origen, digamos, más humilde. Jesús Gil no era ni una cosa ni la otra: "Soy el mayor demócrata de este país". Una declaración que sorprendía a Quintero, encargado de recordarle que en una entrevista anterior le había dicho que se había proclamado el primer comunista. "No, yo dije que a las nueve de la mañana puedo ser comunista, a las diez socialista y a las once de derechas", respondió el presidente del Atlético y alcalde de Marbella.

Una de sus musas, la condesa Gunilla Von Bismarck, afirmaba que España estaba de moda y marchaba viento en popa, cuando Quintero matizó que no a todos les iba bien:

- Hay mucha gente que no tiene dinero, ¿y qué vamos a hacer?

- Soltar un poquito.

- ¡Pues suelta! Yo pienso que eso no ayuda nada. Porque esta gente se lo gasta en cosas como bebida. Trabajo hay, porque estoy siempre buscando un electricista o un albañil y no lo encuentro. Trabajo sí hay. ¿Esta gente quiere trabajar de verdad? Parece que no.

Jesús Quintero
Jesús Quintero, en el plató de 'El loco de la colina'. EP

En medio de la lucha de clases, Lluís Llach se reconocía como un ciudadano de clase media acomodada antes de cargar contra el Gobierno de González: "Puse la denuncia por la OTAN porque no me pareció correcto que una persona burguesa como yo pusiese una denuncia por los 800.000 puestos de trabajo, que era otra promesa. Se me ocurrió demandar al PSOE por incumplimiento de palabra".

"Me tomaron por un gilipollas y un cretino que quería montar un número para vender más discos", se lamentaba irónicamente el cantautor. "Me lo dijeron sobre todo intelectuales de izquierdas". Encarnación, del Sindicato Obrero del Campo, encarnaba en cambio a la izquierda real y jornalera: "No queremos las fincas [...]. El que tiene la tierra, ¿de dónde le ha venido? Si el sol y la tierra siempre han estado ahí y ellos han nacido como he nacido yo".

El éxito es de quien lo trabaja, creía Julio Iglesias, cuyo hijo Enrique reconocía que le sentaba "como una patada en los huevos" que lo presentasen como el benjamín de su padre, quien entendía sin embargo que el cabreo refleja que los ídolos son "frágiles" y "vulnerables". Así se mostró Rocío Jurado, seis meses antes de fallecer, cuando anunció que "se acaba la vida", ya "no hay futuro".

El amor, para ella, era "todo", o sea, "la manifestación más grande de eso que se llama Dios". Su marido, Ortega Cano, se enredó en una conversación surrealista sobre el celibato de los toros de lidia:

- Tenemos hasta un toro mariquita en la [finca] Yerbabuena [risas].

- ¿En qué le notó usted la vena?

- Pues en que lo montaban los demás, ¿no? Era un toro que se dejaba querer [risas].

- Para ser torero, siempre lo ha dicho Victorino Martín, hay que estar loco. Es decir, que usted pertenece a mi sindicato.

- Sí, yo soy del sindicato de la locura, pero bendito sindicato. Si fuera gente cuerda, seríamos gente muy normal.

Cojo Manteca, el icono punk de la huelga estudiantil del 87, no era precisamente normal, pese a que Ortega Cano difícilmente compartiría paseíllo con él: "Lo que más aprecio es la vida. ¡Vivir, venga, marcha por ahí, buh, p'al otro lao! A mí me mola pasármelo guay. Y no ha habido un día en que yo no me lo haya pasado guay en toda mi vida, desde que nací".

Jon Manteca, ¿qué piensas hacer más adelante?, le preguntó Quintero. "Quiero buscar un trabajo. Es lo que quiero ahora. A ver si así, cuando me vengan los rollos del juicio este, le mando un escrito al juez como que tengo un trabajo y que me dé una oportunidad. Estoy moviéndome, a ver si me dan aunque sea en la Once. Aunque tenga que gritar: ¡Para hoooy! Me suuuda la polla".

El Cojo era muy años ochenta, como también lo fue Victoria Vera, habitual de las portadas de Interviú, quien rememoraba los inicios del destape: "Yo no sé si mi desnudo escandalizó o encantó, porque como no había otro". Quintero también le dio bola a gais, transexuales, petardas, vagineras y demás fauna de la nueva España. "Se podría montar y desmontar la Giralda mientras tú terminas un programa", le dijo Millán Salcedo, de Martes y Trece. "Y no se notaría, porque tú seguirías".

Jesús Quintero y el surrealismo

En el capítulo surrealista, Fernando Arrabal aseguró que Alejandro Jodorowsky fue sodomizado por un "actor" al que habían llamado para probar el "amor homosexual". Tras la experiencia, el escritor chileno "lo pasó muy mal" y le dijo a Arrabal "que no lo intentara". Jodorowsky lo negó en una entrevista posterior: "Palabra de honor, no lo he probado nunca. No me gustan los plátanos. Pero respeto el deseo homosexual, porque es una cosa natural. Son caricias, es amor". Quintero le recuerda en ese momento que Sánchez Dragó le confesó que "había catado varón porque es un hombre inquieto y porque un intelectual debe probar cosas para saber cómo son".

A Quintero no le gustan las entrevistas
Jesús Quintero, presentador de 'El loco de la colina' o 'El perro verde', entre otros programas.

Antonio Gala fue uno de sus habituales. Ya enfermo, concluyó su entrevista a modo de despedida: "No nos vamos en mal momento. Es momento de irse y de terminar". Antes, al preguntarle si alguna vez había sido plenamente feliz, le espetó: "De ninguna manera, no me lo hubiera permitido. Me parece una ordinariez". El programa de Quintero a veces parecía una esquela, porque los entrevistados se prestaban a ser interrogados en sus últimos días.

Así, Rafi Escobedo, encarcelado por el asesinato de los marqueses de Urquijo, se lamentaba en el penal del Dueso: "La cárcel no es que me esté destruyendo, ya me ha destruido [...]. Ya no soy nada. Lo único que me falta para terminar es la cajita con la crucecita encima". Dos semanas después de emitirse el encuentro, apareció ahorcado en su celda. Por esa entrevista y por la del Cojo Manteca, Quintero fue acusado de fomentar el consumo de drogas. Nada le dijeron por la de Lola Flores, ni por la de Maradona.

El Pelusa, más desde la oscuridad que desde la penumbra, dejaba claro en el plató: "Yo me rebelo a ser esclavo. No puedo ser esclavo por más que firme un contrato", por más que antes corriese "por hambre". Cuando fichó por el Sevilla y conoció su noche, le entraron ganas "de hacer otro hijo", aunque también habló de la soledad del éxito: "Es un túnel negro del que todos se atreven a hablar pero nadie estuvo. Porque el éxito es una soledad muy fea. Ahí es cuando tenés que tener el equilibrio para saber salir de ese túnel".

Lola Flores: Hacienda y las drogas

Condenada por el Tribunal Supremo como autora de cuatro delitos contra  la Agencia Tributaria, pues no había presentado las declaraciones del IRPF entre 1982 y 1985, Lola Flores hablaba sobre su hipotética entrada en prisión: "Me da miedo y pena. No es época para llevar a una mujer como yo a la cárcel". En un tono más jocoso, insistía: "Es una pena, pero estoy más contenta porque ya no estoy sola. Ha salido Marujita y creo que están por Bertín Osborne". Quintero, saleroso, respondía: "Hacienda se está poniendo muy folclórica".

Lola Flores habló sin tapujos del consumo de drogas: "Se puede hacer de todo en la vida. Te das una rayita un día y no pasa nada. Te fumas un porro y no pasa nada. Te puedes emborrachar un día de vino tinto y no pasa nada. Todo se puede hacer en la vida: con método. Y después tres días tranquilo bebiendo agua mineral, comiéndote un potaje, un pucherito o una pringá. Se goza de todo lo bueno que hay en la vida. Lo demás es la destrucción".

Podría parecer que hablaba en general, aunque, por si hubiese alguna duda, también lo hizo en primera persona: "Yo he probado la cocaína. El porro, también, por risas… no me gusta. He probado la coca y el porro, por supuesto que sí, pero también el whisky y el vino tinto. Yo me emborracho de bulerías, de cante bueno, de alegrías".

Jesús Quintero en una fotografía de archivo
Jesús Quintero, 'El loco de la colina'. TVE

Jesús Gil: "¿Tan malo es crear riqueza?"

Junto a los friquis, del Pozí al Risitas, Jesús Gil ocupa un estante en la videoteca del Loco. "¿Se puede hacer uno rico honradamente?", le pregunta al controvertido personaje, quien responde: "Es que ese es un concepto equívoco: ¿qué es honrado?". Y, a continuación, defiende su pelotazo con el ladrillo: "¿Tan malo es crear riqueza? Luego dicen: Es que Gil construye en zona verde. Sí, hombre, en la rama de un árbol, allí hago una casa. ¡Vaya usted a tomar por culo, hombre, por Dios! ¡Así estamos siempre! Que soy ilegal, que conculco esto, que conculco lo otro, siempre estoy conculcando todo. ¿Qué quieres que te diga?".

- Pero usted no sigue la ley al pie de la letra, ¿no?

- ¿Qué ley? Es que ya te confundes con tantas leyes.

O sea, que "no ha prevaricado" ni "falseado documentos", concluye Quintero. Y el gilí de Gil: "Seguro que habré prevaricado, yo qué sé".

La evolución de González está presente en los programas de Quintero, quien también entrevistó a José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente sevillano asegura que le tiene mucha estima al leonés y, tras soltar que "me parece ya de salud pública que gane las próximas" [elecciones], estalla en una carcajada.

El trabalenguas de Santiago Carrillo, sin embargo, sigue vigente: "Hoy la izquierda está fragmentada, lo que hace que los que están a la derecha de la izquierda sean más de derechas. A nosotros nos parece que la única forma de establecer un equilibrio más a la izquierda consiste en que los que estamos más a la izquierda y los que están a la derecha de la izquierda estemos juntos para poder tirar de ellos. Porque, de todas maneras, enfrente hay una derecha".

El líder comunista recibía, según Adolfo Suárez, cajas de Cohibas que le mandaba Fidel Castro. También González, Juan Carlos I y él mismo, desde hace años y cada tres semanas. Jarto de litio para sobrellevar la depresión, Quintero le planteó a Alfonso Guerra qué le gustaría preguntarle a Adolfo Suárez y le respondió como un elefante en una cacharrería: "Que me describiera el momento, la situación, el decorado, las personas cercanas… En fin, todo lo que es el entorno de una situación límite".

Jesús Quintero, el Loco de la Colina.
Jesús Quintero, el Loco de la Colina. Ilustración: Paco Santero

Entonces, el vicepresidente socialista hace alusión al toda la verdad: "Estoy hablando del momento en que en su mente cuaja la idea de dimitir de presidente. ¿En ese instante estaba solo, acompañado, con quién, en qué forma, en qué despacho, en qué lugar, qué palabras dice, qué palabras escribe, en qué piensa…? Eso me parece que revelaría muchísimas matizaciones de lo que ha pasado aquí en los últimos dos años".

Suárez, quien reconoció que "su vida había corrido peligro en varias ocasiones" durante su etapa presidencial, le confiesa a Quintero que, "si contase todas las cosas que sé, probablemente aumentaría más el riesgo". La respuesta a la pregunta de Guerra la tenía Pilar Urbano: "El rey decide que Adolfo Suárez tiene que irse y que Leopoldo Calvo Sotelo tiene que seguir y sustituirlo. Entre comillas, un golpe constitucional, porque no se hacen así los relevos de Gobierno. Un golpe, no, vamos a llamarlo un borboneo".