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El hombre que sacó los colores a Dinamarca

Knud Romer publica una novela sobre la actitud xenófoba de los daneses hacia Alemania tras la II GM

PAULA CORROTO

El danés Knud Romer (1960) es un hombre gesticulante. Sus ojos, su boca, sus manos son pura expresividad. Se abren y se cierran, suben y bajan mientras diserta sobre la novela que le cambió la vida en 2006, Quien parpadea teme a la muerte, una historia en la que refleja la marginación que sufrieron los alemanes refugiados en Dinamarca tras la II Guerra Mundial, y que ahora acaba de publicar Minúscula en España.


Publicista de éxito y actor -Lars Von Trier supo aprovechar su capacidad gestual para la dogmática Los idiotas (1998)- Romer no tenía por qué ahondar en el pasado reciente más oscuro de su país. Se podía haber ahorrado cientos de cartas amenazadoras instigándole a constatar que todo lo que contaba en su libro era mentira. Pero quiso hacerlo por varias razones. La primera, totalmente literaria: enamorado de la literatura alemana, sólo tenía una pasión, llegar a publicar algún día en Insel, la editorial alemana de poetas como su amado Rilke. Y esta historia podía ser el salvoconducto.


Madre alemana
El segundo motivo era del todo autobiográfico: "Mi madre era alemana y cuando se vino a Dinamarca a vivir con mi padre, que sí era danés, vi todo el escarnio que sufrió por parte de los daneses. Recuerdo que cuando entraba con ella en las tiendas ni nos miraban a la cara. ¡Y eso que ella, aunque no era judía, no había apoyado el régimen de Hitler!", cuenta a Público.


Los alemanes, los malos de la película. Esa fue la ola que recorrió Europa tras el Holocausto, según explica Romer. Una actitud que, sin embargo, apenas ha ocupado espacio en los libros de historia contemporánea europea. El propio Romer, al ver la polémica que arreció en su país con esta temática se dio cuenta del poco afán de reconocer el pasado por parte de sus compatriotas: "En Dinamarca no hay ningún tipo de movimiento para aceptar lo que ocurrió. Durante todos estos años se han mantenido todos los prejuicios y no se ha hecho ningún ademán de pedir perdón. Pero lo peor es que ni siquiera existe la sensación de que haya que hacerlo", comenta.


"¡Cerdo alemán!"
La novela, que tiene muchos tintes de su propia vida y la de su familia, relata sin pudor la intrahistoria de ese acontecimiento que avergonzó al mundo. Y, según señala, fue duro volver a recrear los momentos en los que por las calles de Copenhague se repetían frases como «¡Cerdos de alemanes!», triste eslogan que hoy, de alguna forma, sigue presente. "A los daneses el rechazo al alemán ya es algo incorporado a la costumbre", recalca Romer.


¿Tiene algo que ver esta actitud xenófoba con el complejo de culpa que ha asolado a Alemania durante la segunda mitad del siglo XX? Para Romer es evidente: "Claro, pero con razón, porque asumieron la etiqueta de malvados y hubo muchos que no se sintieron a gusto siendo alemanes", rememora.


La publicación de Quien parpadea teme a la muerte le ha demostrado que los prejuicios tampoco son de antaño. "Yo era un publicista conocido y poca gente podía imaginar que escribiría esta historia. Esto demuestra que ahora hay otros prejuicios que te etiquetan de una manera y ya no te permiten ser de otra", advierte. A él, sin embargo, no le importó llevar la contraria.

 

Lars Von Trier, un niño de cinco años con mucho sarcasmo 

“Lars Von Trier es un niño de cinco años al que lo único que le interesa es tomarle el pelo a la autoridad. Además, es el sarcasmo llevado al infinito”. Así define Knud Romer al conocido ‘enfant terrible’ de la cinematografía danesa. Al tipo que a mediados de los noventa se sacó de la manga el movimiento ‘dogma’ en un afán por cambiar las reglas del cine. Precisamente, Romer participó en ‘Los idiotas’, ese filme que golpeaba de raíz los comportamientos sociales más convencionales. Su papel era el del ‘publicitario’, el mismo que tenía en su vida real. “Yo dirigía una agencia de publicidad y Lars había realizado varias cuñas para ella. Un día me preguntó si quería trabajar en ‘Los idiotas’  haciendo de mí mismo, y aunque al principio pensé que se había tomado algo, acabé aceptando”, explica Romer.  Ahora prefiere dedicarse más a la literatura y ya está preparando un libreto operístico, un poemario y un libro de relatos. Para no parar la máquina.