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Ni Kant ni Laclau… Marx!

La editorial Sylone acaba de publicar Marx, el Estado y la política, un monumental estudio sobre el Estado moderno, la lucha política y los problemas de la transición al socialismo.

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Karl Marx

MADRID.- En un contexto marcado por el surgimiento de nuevos sujetos políticos, por profundas transformaciones del Estado y una crisis que deslegitima aceleradamente al capitalismo, se publica por primera vez en castellano una aportación muy oportuna para adentrarse en los análisis de Marx y la tradición marxista sobre la acción política emancipatoria.

Si una cosa nos han enseñado fenómenos como Podemos es la enorme autonomía del campo político y la inexistencia de relaciones mecánicas con la sociedad civil. Es precisamente de los avatares de la representación como especificidad de la sociedad burguesa moderna de lo que se ocupa la primera parte del libro.

Pero lo hace recordando los antagonismos sociales que son a la vez causa y consecuencia de la existencia de un Estado político separado de la sociedad civil e indagando en la materialidad de la burocracia estatal moderna como «jerarquía de saber», que reproduce hasta cierto punto las relaciones de poder presentes también en las empresas privadas.

¿Nueva política sin lucha de clases?

Los obstáculos al desarrollo de la conciencia de clase, que por cierto los viejos (y nuevos) aparatos políticos y sindicales de la izquierda acostumbran a constatar como un dato objetivo e inmutable de la realidad, protagonizan la segunda parte del libro. «Los individuos son ahora dominados por abstracciones» sentenciará Marx en sus Grundrisse. He aquí el origen de la opacidad de las relaciones sociales y una de las complejidades que condicionan la construcción de identidades colectivas y vínculos solidarios para la lucha… unas abstracciones que hunden sus raíces en lo más íntimo de las relaciones sociales capitalistas. Artous aborda, con y desde Marx, el interrogante acerca de cómo romper este círculo vicioso de la dominación en un mundo en el que las relaciones entre personas están subyugadas por la producción enajenada de mercancías y la circulación generalizada de fetiches.

Derecho, poder, explotación…

Otro campo de indagación del libro son las relaciones entre derecho, relaciones mercantiles y poder del capital. Aquí radica el límite fundamental ante el que topa todo proceso gradualista de democratización del Estado capitalista: el derecho se origina en la fuerza ejercida por sólidos aparatos coercitivos, se entrelaza con, y canaliza las, relaciones mercantiles que dominan el mundo económico y se conjuga con el igualitarismo abstracto de la condición ciudadana. Como apunta el autor, es quizás a través del «despotismo de fábrica» que las mayorías obreras y populares viven cotidianamente la contradicción entre el poder disciplinario del capital y del derecho burgués, por un lado, y los derechos ciudadanos abstractos que proclama el Estado representativo, por otro. Parece pues razonable integrar este dato en nuestros análisis, máxime cuando algunos destacados dirigentes de Podemos tienden a hipostasiar al Estado realmente existente como principal agente del «cambio político», omitiendo la tozuda materialidad y el cada vez menos encubierto clasismo de los aparatos estatales, como se han encargado de recordarnos estos días las Compañías Republicanas de Seguridad francesas con su brutal represión del Nuit Débout, las huelgas y las manifestaciones en el país vecino.

Diversidad nacional y lucha de clases

La tercera parte ahonda en los análisis brillantes y en el utilísimo arsenal conceptual que aporta Marx al abordar las especificidades nacionales de los principales Estados capitalistas decimonónicos y su relación con la formación de, y los conflictos entre, las clases sociales. En los casos francés, inglés, alemán y norteamericano, Artous recorre los textos de Marx y Engels confirmando a menudo su genialidad, y su vigencia para la reflexión teórica, a la luz de estudios históricos o politológicos mucho más recientes.

Regreso al futuro...

La obra concluye con un recorrido por los debates sobre la «dictadura del proletariado» y la «extinción del Estado» haciendo balance del «socialismo irreal» y el despotismo burocrático de los países del Este. Quizás ésta sea la parte que reviste una vertiente programática y estratégica más explícita y que constituye una aportación fundamental para refundar una estrategia socialista creíble en cuanto capaz de ajustar cuentas con, y de hacer un balance riguroso de, los aciertos y errores de las experiencias revolucionarias del siglo XX.

Consideraciones sobre los límites de la democracia consejista, la variedad de formas posibles de apropiación social o de la dialéctica entre tiempo de trabajo, tiempo libre y participación política coronan un libro importante, a la vez teórico e interdisciplinar –transita con una soltura envidiable entre la filosofía, la historia, la ciencia política y la sociología– y militante, esto es, comprometido con la transformación social.