Begoña Caamaño, la gallega que rebatió a Ulises
El Día das Letras Galegas homenajea este 17 de mayo a la autora que convirtió la literatura, el periodismo independiente y el feminismo en una misma forma de insurrección cultural.

A Coruña-
Hay escritoras que llegan tarde al canon porque estaban ocupadas en cosas más urgentes: defender una lengua; discutirle al poder; plantarse frente a la manipulación informativa; combatir por el feminismo... O recordarle a Galicia que una nación también se sostiene sobre aquello que decide contarse a sí misma. Begoña Caamaño, homenajeada este 17 de mayo en el Día das Letras Galegas, pertenece a esa rara especie de autoras que no separan literatura y vida.
Cada año, Galicia celebra algo poco frecuente en Europa: una fiesta civil dedicada a la lengua. El Día das Letras Galegas nació en 1963 impulsado por la Real Academia Galega en el centenario de la publicación de Cantares Gallegos, de Rosalía de Castro, y convirtió el 17 de mayo en una fecha de afirmación colectiva y de reivindicación del gallego como idioma literario, político y sentimental.
Bajo el franquismo, homenajear a la literatura gallega era un gesto de resistencia cultural. Hoy sigue siendo una disputa por el relato, es decir, quién merece entrar en el panteón y qué idea de Galicia se consagra cada año.
Intelectual en el sentido clásico
Es en ese mapa simbólico donde encaja Begoña Caamaño. Nacida en Vigo en 1964 y fallecida prematuramente en 2014, su incorporación al cartel de los 17M no reconoce solamente a una narradora brillante y tardía, sino a una intelectual y humanista, a alguien que intervino en su tiempo a través de su pensamiento. Ella lo hizo sin pedir permiso ni aparentar neutralidad.
La Real Academia Galega define su obra como una "relectura feminista de los mitos fundacionales y de los relatos heredados", una descripción que resume la influencia de una autora que hizo algo más ambicioso que escribir novelas: desmontó la arquitectura patriarcal de los clásicos y la reconstruyó desde sus márgenes.
Su debut literario, Circe ou o pracer do azul (2009), provocó una pequeña conmoción en las letras gallegas. La hechicera convertida durante siglos en caricatura masculina recupera voz, deseo y pensamiento propio. Tres años después, Morgana en Esmelle prolongó esa operación de rescate, con las mujeres expulsadas del centro del relato regresando a él para narrarse a sí mismas.
No se trata de novelas historicistas ni de ejercicios de erudición. Caamaño desarrolla una prosa elegante, sensual y afilada, atravesada por la oralidad y la reflexión política. Su literatura desconfía de los héroes tradicionales y prefiere explorar el poder, el deseo, la sororidad, la identidad... Siempre desde lugares incómodos. No reescribe los mitos, más bien discute quién tiene derecho a relatarlos.
Sobre todo, periodista
Antes de novelista, Caamaño fue sobre todo periodista. Trabajó desde 1989 en la Corporación Radio e Televisión de Galicia (CRTVG, hoy reconvertida en Corporación de Servizos Audiovisuais de Galicia, CSAG) y desarrolló buena parte de su carrera en la Radio Galega, donde dirigió y presentó espacios culturales como Club Cultura, Andando a Terra y Expreso de Medianoite. Defendió un periodismo público riguroso, independiente y en gallego.
Fue una voz crítica con la manipulación informativa y con la colonización partidista de la CRTVG durante los primeros años de gobierno de Alberto Núñez Feijóo
Esa convicción la llevó también a enfrentarse a la degradación de los medios públicos autonómicos, como una de las voces críticas con la manipulación informativa y con la colonización partidista de la CRTVG durante los primeros años de gobierno de Alberto Núñez Feijóo. Una batalla significativa, porque la discusión sobre la radio y la televisión públicas lleva años convertida en termómetro de la, para algunos, escasa calidad democrática de los medios en manos de la Xunta. A muchos compañeros y compañeras ese mismo posicionamiento les ha costado sus carreras.
Como les sucede a ellas y ellos, el compromiso de Caamaño no fue retórico. Participó activamente en los comités de empresa de la Corporación y mantuvo una intensa actividad sindical. En una carta publicada por la CUT tras su muerte, el sindicato la recordaba como una compañera para la que "la dignidad no era negociable", y como alguien que entendía la lucha por los derechos de los trabajadores y trabajadoras como una extensión natural de la defensa de lo público. La carta puede leerse aquí.
Feminismo
Ese mismo hilo conecta con otra dimensión indisociable de su figura, el feminismo, que entendía no como etiqueta sino como práctica política diaria. Participó en colectivos como la Marcha Mundial das Mulleres y fue impulsora de asociaciones de mujeres comunicadoras. "Es tiempo del feminismo: de la justicia, de la igualdad, de la libertad, de la dignidad", dejó escrito.
Su homenaje, además, vuelve a iluminar una fea anomalía del Día das Letras. Desde 1963 hasta 2026, la mayoría aplastante de homenajeados han sido hombres. Solo ocho ediciones han reconocido a mujeres o colectivos femeninos: Rosalía de Castro, Francisca Herrera Garrido, María Mariño, María Victoria Moreno, Xela Arias, Luísa Villalta, las cantareiras que crearon y transmitieron la poesía popular oral, y ahora ella. El desequilibrio convierte cada reconocimiento femenino en una suerte de rectificación histórica.
Hay cierta ironía elocuente en las cifras recientes: en los 12 años que han transcurrido desde la muerte de Caamaño –para formar parte del listado de homenajeados y homenajeadas los 17M, el autor o la autora deben llevar al menos una década fallecidos–, han protagonizado el Día das Letras siete hombres y cinco mujeres, incluyéndola a ella y a las pandereteiras de 2025. Aún no hay paridad, sólo una lenta corrección de esa absurda y recurrente distorsión de género.
Lo cierto es que a Caamaño el reconocimiento del 17M le llega no como una concesión simbólica, sino como una elección coherente con el presente: una escritora que defendió la lengua sin convertirla en museo; una periodista que entendió la independencia como obligación democrática; una feminista que prefirió discutir con Homero antes que aceptar calladamente su versión de las cosas.
Ensanchar el mundo
Quizá por eso su figura resulta tan contemporánea. Porque mientras otros escribían para entrar en la historia de la literatura, ella parecía más interesada en ensanchar el mundo, para que cupieran en él otras voces. También la suya. También las que aún estaban por venir.
Acaso de eso trata el Día das Letras: de decidir qué voces siguen hablando cuando baja un poco el volumen del ruido. Este año, entre gaitas, actos institucionales y lecturas escolares, Galicia escuchará una que nunca fue dócil. Una mujer que discutió con el mismísimo Ulises y que terminó corrigiendo, a su manera, una parte del mito, para reivindicar que en aquella Odisea, como en las más actuales, lo relevante ya no son sólo las aventuras del héroe, sino las de esas otras antiheroínas, como Penélope, como Caamaño, verdaderas dueñas de Galicia, o de Ítaca.




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