Librerías feministas reivindican la insumisión frente a la agresividad ultra y el negocio especulativo
Ante el auge de los discursos reaccionarios, la literatura sigue siendo una herramienta desde la que articular un pensamiento crítico y combativo.
La presión inmobiliaria amenaza a las librerías y otros negocios independientes: "Sin vecinas no hay barrio. Ni librería".

Madrid--Actualizado a
Catalunya, el País Valencià, Madrid, Galicia, en todas las comunidades españolas, las persianas metálicas de un pequeño local se levantan cada mañana, revelando una constelación de literatura. Libros, clubes de lectura, talleres sobre feminismo. No solo se trata de un negocio independiente, sino también de un enclave para las ideas.
En un contexto político dominado por el auge de los discursos reaccionarios, en el que el feminismo se ha convertido en uno de los principales frentes de la batalla cultural de la ultraderecha, las librerías continúan siendo un espacio de protesta imprescindible. Personas de diferentes edades se acercan a sus estanterías, donde se muestran grandes textos de Kate Millet, Adrienne Rich, Monique Wittig, Christine Delphy, Audre Lorde, Teresa de Lauretis. La continua difusión del trabajo de estas autoras se constituye como una labor de memoria histórica. Cuidar sus palabras significa, además, conservar las herramientas críticas, aún vigentes y eficaces, para analizar el escenario político contemporáneo en torno al género y la justicia social.
Es en este escenario donde las librerías feministas son más necesarias que nunca. Se configuran como lugares de resistencia frente a las lógicas reaccionarias, y potencian una pedagogía crítica sobre los temas del presente.
Librerías y editoriales: espacios de activismo feminista
En el Estado español funcionan una gran diversidad de librerías y editoriales feministas. Su trabajo cultural conecta con una importante labor de militancia. En València, La Repartidora surge con el objetivo de difundir discursos críticos y cubrir un vacío de acceso a la literatura de los movimientos sociales: "Nos definimos como librería crítica, y dentro de este concepto englobamos el anticapitalismo, el transfeminismo, el ecologismo, el antirracismo y muchas otras luchas. Nuestra práctica cultural se centra en las alianzas entre diferentes ejes de opresión para combatir el patriarcado", explica el equipo de La Repartidora, en entrevista con Público.
Desde la librería expresan su voluntad de "ser capaces de involucrar en el proyecto a una comunidad que lo siente también suyo, que encuentra un beneficio en su funcionamiento y que apuesta económicamente por su sostenimiento". Es precisamente esta postura comunitaria lo que facilita que puedan ser independientes de las instituciones.
Ante la propagación de los discursos reaccionarios, consideran que la literatura debe ser una herramienta de creación y consolidación de comunidades organizadas, más que de identidades o construcciones simbólicas: "Al fascismo (y al patriarcado) lo pararemos organizadas y con las prácticas, no solamente con lo que somos", declaran las libreras de La Repartidora.
Sobre este tema, la socióloga y activista feminista Gracia Trujillo, en su libro El feminismo queer es para todo el mundo, explica la importancia de las coaliciones puntuales entre distintas luchas: "El reto sigue estando en pensar más en objetivos comunes que en identidades fijas, en alianzas y coaliciones de luchas, y en seguir fortaleciendo nuestras comunidades político-afectivas. Y en esta línea recordar las prácticas de los frentes de liberación de los setenta, que defendían la necesidad de aglutinar a la gente".
También en València, la librería La Rossa es otro de los enclaves imprescindibles de la literatura feminista. Alodia Clemente, la propietaria, entiende su espacio como "librería transfeminista, donde todos los feminismos y disidencias tienen cabida". Como negocio independiente no siempre pasaron por buenos momentos: "Los inicios fueron extremadamente duros, pero en la actualidad podemos presumir de una clientela fiel, que son casi familia, y de ser un proyecto sostenible", comenta Alodia.
Según explica Alodia a Público, abrir una librería feminista e independiente a día de hoy es un acto de militancia en sí mismo. Es por esto que han tejido grandes alianzas con editoriales independientes y autoras, favoreciendo un clima de apoyo colectivo que les permite sobrevivir conjuntamente. Entre sus actividades destacan talleres de lectura crítica, feminismos, escritura, memoria histórica, convirtiendo a la librería en un centro de reunión e intercambio de saberes. "En el actual contexto político de avance y propagación de los discursos ultras, los libros son siempre necesarios. Nos animan a pensar, a reflexionar, a conocer otras realidades. A día de hoy, ante los bulos, un libro contrastado que te aporte información y contexto es imprescindible", declara Alodia.
Y desde València viajamos a Madrid. La librería Mary Read nació después de la pandemia con el objetivo de fomentar un espacio transfeminista, como respuesta a una fuerte oleada reaccionaria: "Nos definimos como una librería queer transfeminista. Al final somos dos bolleras y un marica, y no podemos aislar nuestro género de nuestras orientaciones o identidades sexuales, como tampoco lo podemos separar de nuestros cuerpos o de la manera que tenemos de relacionarnos".

Desde la librería defienden que el libro no solo permite imaginar otros mundos posibles, sino que a veces ofrece también las herramientas necesarias para entender quiénes somos, cómo funciona el mundo y cómo nos relacionamos con él. Además, sostienen que la creación cultural es fundamental para frenar el avance ultra y garantizar la presencia de voces diversas.
Consideran, asimismo, que los feminismos que no dialogan con el antirracismo, la memoria histórica, las luchas de clase, los problemas de vivienda, el ecologismo o las luchas LGTBIQ+ se quedan en discursos o teorías incompletas.
Esto se traduce, en la práctica, en estanterías donde conviven ensayos feministas con literatura migrante, pensamiento decolonial y propuestas ecológicas, así como en una programación que propicia el cruce de miradas, aunque eso implique debates complejos o desacuerdos. La librería funciona así como punto de encuentro entre luchas que a menudo aparecen fragmentadas en el espacio público. El reto actual no pasa solo por defender cada causa por separado, sino por construir alianzas sostenibles frente a un contexto marcado por los retrocesos y la polarización. "Los espacios feministas y LGTBIQ+ incomodan porque generan pensamiento crítico. En momentos de polarización, el pensamiento crítico molesta", declaran las responsables de Mary Read.
Mujeres&Compañía es otra de las librerías que, también en Madrid, constituyen un faro de referencia feminista. Procedentes de una larga genealogía de libreras, editoras y militantes, consideran que la literatura es fundamental para combatir al poder: "En este contexto mundial de violencia, en el que las mujeres son objetivo para el patriarcado (desde la valiente concejala de Móstoles, a los papeles de Epstein, a los ataques dirigidos específicamente a escuelas de niñas en Irán, por nombrar algún ejemplo), consideramos que los libros y la creación cultural son herramientas fundamentales para luchar contra el fascismo, la misoginia o el racismo", declara Miren Elorduy, responsable de la librería.
Elorduy explica en entrevista con Público cómo la retórica ultra opera en nuestras sociedades. Estos discursos, según comenta, no solo constituyen un cuestionamiento de los derechos conquistados, sino también una voluntad de alejar a la población de las herramientas críticas que les permiten entender su propio contexto. "Cuanto más sabes (y esto lo saben todos los regímenes totalitarios), más crítica eres y más exiges a las instituciones que te rigen, y cuando pones el foco en todo lo que se aleja de la cultura del hombre blanco cishetero y lees otras realidades, más preguntas y más cuestionas", declara la responsable de Mujeres&Compañía.
Asimismo, explica que son muy conscientes de que el feminismo y las feministas "no están de moda (otra vez)", lo que les limita a la hora de ser visibles y vocales. No obstante, persisten en su necesidad de seguir nombrando los fallos del sistema. "No hay miedo y sí un sentimiento de responsabilidad para nuestras compañeras y las que vendrán", manifiesta Elorduy.
En consecuencia, Mujeres&Compañía se concibe como un espacio de militancia, visibilización y reivindicación. Señalan que intentan posicionarse siempre que pueden -y cuando las fuerzas lo permiten- ante cada conflicto y cada tema que consideran relevante. Para ellas, ese constituye su trabajo principal: acompañar y sostener a sus clientas lectoras, así como a las futuras lectoras, en sus intuiciones feministas.
Subrayan, además, que no entienden las luchas antirracistas, ecologistas o de las diversidades identitarias como ámbitos externos que dialogan con su feminismo, sino como parte inseparable de su militancia y de su posicionamiento político. En ese sentido, afirman ser conscientes de la importancia de las interseccionalidades y aseguran que trabajan activamente para que todas ellas tengan su espacio y su lugar dentro de su proyecto y de su casa: "Seguimos formándonos y revisándonos día a día y procuramos (otro día hablamos de la sobreproducción del mundo del libro) controlar todo lo que recomendamos. La riqueza del pensamiento y la práctica feminista no descansa y nosotras tampoco", declara Elorduy.
"No hay miedo y sí un sentimiento de responsabilidad para nuestras compañeras y las que vendrán", manifiesta Miren Elorduy
La Anónima, por su parte, es otra de las librerías madrileñas con un especial compromiso con los feminismos y las editoriales independientes. Su propio nombre busca conmemorar y reconocer a todas las mujeres que a lo largo de la historia de la literatura han sido silenciadas y menospreciadas, como en tantos otros ámbitos de la sociedad. Además, su proyecto busca ser "una librería de barrio para el barrio", promoviendo una conversación literaria en torno a un sentimiento de comunidad. "Eso supone una inversión de tiempo a la hora de elegir cada uno de los títulos que componen la librería, pero es importante que nos sintamos cómodas con ellos, que los sepamos defender, que digan algo de nosotras", explican las responsables de la Anónima.
El tiempo invertido en la curaduría de sus literaturas muestra su compromiso con la cultura, a la que consideran fundamental como parte de la difusión del pensamiento crítico. "En nuestro trabajo cotidiano, esto se traduce en una mayor conciencia de la responsabilidad cultural que asumimos. Programar, recomendar lecturas o generar espacios de encuentro con perspectiva de género no es una cuestión menor: es una toma de posición a favor de la pluralidad de voces y de la igualdad. Nuestro compromiso no es solo visibilizar autoras o temáticas, sino promover pensamiento crítico y espacios donde las experiencias y los derechos de las mujeres formen parte central del relato cultural", exponen las libreras de la Anónima.
Reconocen, además, que existe una polarización ideológica en materia de feminismo y por ello "es fundamental que existan espacios de resistencia feministas en los que se haga frente a este retroceso ideológico y se facilite un lugar seguro en el que poder encontrarse y dialogar en torno a visiones menos reduccionistas de la realidad", según comentan las libreras.
Es por ello que consideran que el debate en torno al feminismo debe darse de manera interseccional, teniendo en cuenta las perspectivas de las nuevas generaciones. Precariedad, identidad digital, crisis climática, racialización, salud mental y otros lenguajes como pueden ser el ensayo híbrido o la autoficción como forma de intervenir el espacio público.
"Los espacios feministas y LGTBIQ+ incomodan porque generan pensamiento crítico. En momentos de polarización, el pensamiento crítico molesta", declaran las responsables de Mary Read
Por otro lado, la librería Berkana es conocida por ser un espacio pionero en la difusión de textos LGTBIQ+ y feministas en Madrid, convirtiéndose en un referente lesbiano. Con un amplio abanico de literaturas, ofrecen tanto textos políticos como novela romántica, en donde se visibilizan tramas afectivas entre mujeres. Si bien hoy en día estos libros parecen de los más comunes, hubo un tiempo en donde las lesbianas estaban totalmente invisibilizadas. La propietaria de la librería, Mili Hernández, comenta lo siguiente: "Recuerdo hace muchos años, cuando abrimos la librería. Venían mujeres de 40, 50, 60 años y me decían: 'Ay, es que esta literatura es lo único que tengo, es lo más parecido a una relación sentimental, porque yo creo que no voy a vivir ninguna relación sentimental en mi vida'".
El activismo de Berkana surgió con el objetivo de ofrecer asistencia a mujeres y otras personas del colectivo que se encontraban solas, sin referentes, haciendo de la literatura un artefacto amable con el que las multitudes sexuales pudieran reconciliarse consigo mismas. Además, la librería fue el primer negocio LGTBIQ+ que creó una visibilidad diurna en Chueca. "Hace 30 años la gente se acercaba a la puerta y luego se daba la vuelta porque no se atrevía a entrar. Nuestra gran conquista es que ahora la gente entra sin miedo", declara Mili orgullosa.
Para Mili Hernández, el libro siempre ha sido una herramienta política de resistencia. Por eso no solo fue pionera en traer a España títulos desde Nueva York, sino que también impulsó su propia editorial, Egales, desde donde ha profundizado y ampliado las voces de los feminismos y la teoría LGTBIQ+.
"Somos una librería de barrio para el barrio", declaran las libreras de La Anónima
Otra de las editoriales que en la actualidad ha construido un proyecto con perspectiva de género es Ediciones en el mar. Se definen como una editorial independiente, feminista, transinclusiva, antirracista y anticapacitista, y esos mismos principios orientan tanto la elección de sus autoras como la construcción de su catálogo. Su línea editorial está atravesada por una perspectiva feminista que apuesta por la inclusión de múltiples realidades y una reflexión constante sobre los temas del presente. Entre sus publicaciones más importantes destaca La higuera de las gitanas, de Noelia Cortés, que terminó por definir su línea de ensayo y parte de su identidad como sello.
Lara Losada, fundadora y editora de Ediciones en el mar, recuerda que, en los primeros años, la distribución más allá de la autogestión era casi impensable. Con el tiempo comenzaron a trabajar con una distribuidora pequeña e independiente, afín a sus ritmos y necesidades, que les ha aportado estabilidad y respaldo. Sin embargo, al no formar parte de los grandes canales, la presencia en librerías sigue siendo limitada y la lucha por la visibilidad continúa, aunque cada vez encuentran más espacios que confían en su catálogo. Explica Lara: "Desde el año pasado formamos parte de EDICAM, el Gremio de Editores de Castilla-La Mancha. Esta unión nos ha permitido acceder a espacios a los que antes no teníamos un fácil acceso, como la Feria del Libro de Madrid, entre otras".
Según comenta Lara, la militancia feminista habita en su catálogo, en su forma de comprender el negocio y en las pequeñas acciones del día a día: "Tenemos la suerte de estar rodeadas de autoras feministas, interseccionales y comprometidas, y eso se nota no solo en el catálogo, sino también en nuestra manera de trabajar y de relacionarnos".
"Sin vecinas no hay barrio. Ni librería"
Hoy en día, las librerías feministas e independientes, como muchos otros negocios locales, se enfrentan a otra amenaza: la especulación inmobiliaria y la gentrificación.
"La especulación está causando estragos en nuestras comunidades y también ha llegado a las librerías", comentan las responsables de La Repartidora
La presión inmobiliaria provoca nuevas dificultades en muchas comunidades del Estado español. Los especuladores se alimentan a costa del trabajo de otras personas que llevan formando parte de la economía social del barrio desde hace generaciones. "La especulación está causando estragos en nuestras comunidades, y también ha llegado a las librerías", comentan las responsables de La Repartidora.
La librería Primado en València, 80 Mundos en Alacant o Tipos Infames en Madrid son algunos espacios que se han visto afectados por la presión inmobiliaria y la injerencia del negocio especulativo sobre sus hogares.
En consecuencia, muchas librerías son las que perciben los riesgos de la especulación. La imposibilidad de pagar los alquileres, la subida de los precios, la pérdida de clientela porque ya no se pueden permitir vivir en el barrio, tener que vivir lejos de sus propios lugares de trabajo. "Están precarizando mucho el sector y dificultando la supervivencia de muchos proyectos", declaran las libreras de La Repartidora. A lo que añaden las responsables de La Rossa: "Somos un comercio de barrio. Sin vecinas no hay barrio. Ni librería". Por su parte, las libreras de La Anónima comentan: "Cada vez desaparecen más locales convertidos en futuros apartamentos vacacionales".
La educadora artística Marina Roig, vecina de València y lectora habitual de La Repartidora, comenta: "Es importante que estos espacios sigan vivos porque muchas veces son el motor del barrio. Se convierten en espacios de encuentro cuando hay clubs de lectura, charlas o talleres y eso rompe la lógica capitalista de concebir el espacio como un mero recorrido hacia el trabajo".
Asimismo, considera que la cultura no es solo lo que sucede en los museos de las grandes capitales: "Lo que ocurre en los pequeños locales de barrio no aparece en los museos, pero ofrece un sentido de identidad para las vecinas que habitamos la zona". En relación con esto, la artista y crítica de arte Martha Rosler, en su libro Clase cultural. Arte y gentrificación, comenta: "Nos hemos convertido en neoliberales al encontrar solo una validación dentro del sistema de las galerías, los museos, las fundaciones y las revistas, lugares en los que prima la mercancía".
Las responsables de Mary Read también contemplan los problemas de la especulación y cómo afecta a los negocios independientes: "Este 2026 cumplimos cinco años, que ya es un logro, siendo muy conscientes de que nuestra sostenibilidad depende casi íntegramente de un casero que ha decidido no especular con su propiedad, que era el negocio de ultramarinos del barrio que fue primero de su padre y después suyo. Sabemos que si tuviésemos que pagar lo que se pide hoy por un local como el nuestro –o cualquiera– sería muy difícil seguir abiertas".
Además, con respecto al apoyo de las instituciones a la cultura, comentan: "Ahora mismo lo único que tenemos en la cabeza es que las subvenciones al final no son suficientes porque en muchos casos implica tener un capital económico importante por adelantado y porque ahora mismo nuestros proyectos vitales y profesionales dependen íntegramente de la buena fe de los rentistas (...) Las ayudas a la cultura tienen que pasar por hacer sostenibles los proyectos a largo plazo".
También desde las editoriales independientes experimentan contratiempos. Lara Losada, de Ediciones en el mar, entiende los obstáculos que sufren los negocios como los suyos: Falta de recursos, imposibilidad de dedicarse al oficio a tiempo completo, poca visibilidad en librerías, dificultad en la distribución, así como en la competencia con los grandes grupos editoriales.
Sobre esto último, las responsables de la Repartidora consideran: "Ahora mismo el gran capital ya controla gran parte del sector editorial, un oligopolio sin criterios éticos editoriales donde cabe todo con tal de llenar las mesas de novedades, y que habitualmente contribuye a difundir textos individualizantes, pretendidamente neutros o incluso de extrema derecha. Si proyectos como los nuestros abandonan, dejaríamos vía libre a un sector dominado por los beneficios empresariales y los textos complacientes con el estado de las cosas".
"Las ayudas a la cultura tienen que pasar por hacer sostenibles los proyectos a largo plazo", insisten las libreras de Mary Read
"Somos incómodas y lo asumimos"
La incertidumbre es un sentimiento que atraviesa a las librerías feministas. No son pocas las que han recibido críticas o, como parte de los valores que defienden, los efectos de un discurso público que caricaturiza los feminismos.
"Percibimos una corriente reaccionaria frente al feminismo. Cada vez aparecen más discursos que cuestionan avances ya consolidados, que caricaturizan el feminismo o que intentan reinstalar marcos más restrictivos en torno a los derechos y las representaciones de las mujeres", declaran las responsables de La Anónima.
Esto se puede observar recientemente en el ataque por parte de un grupo de ultras hacia la fachada de Berkana. Sobre ello, Mili Hernández comentó en X: "A los fascistas que esta noche se han colgado de nuestra banderola para hacerla desaparecer, decirles: que nuestra voluntad de seguir es más fuerte que su odio".
La librería Mujeres&Compañía también sufrió en su momento represalias significativas: "Somos las libreras que hace unos años devolvieron los libros de Carmen Mola. Sufrimos todo tipo de represalias, desde boicots de las casas editoriales a troles en redes y ataques varios (si nos preguntas no solo no nos arrepentimos sino que el video sigue en redes). Somos incómodas y lo asumimos, si nos gritan en feria o nos insultan en redes no es nuestro problema y es algo que hemos incorporado a nuestra existencia. Si el feminismo no es incómodo no está haciendo su trabajo", declara Miren Elorduy, de Mujeres&Compañía.
Además, de acuerdo con las responsables de Mary Read: "Eso no siempre se traduce en ataques directos a librerías como la nuestra, pero sí genera un clima: intentos de censura en bibliotecas, retirada de libros en algunos territorios, presión sobre contenidos educativos o campañas de desprestigio en redes". En estas circunstancias, las librerías y editoriales independientes se oponen a esta reacción cultural y se mantienen perseverantes ante la contingencia de un futuro incierto.
Entre sus estanterías, las grandes obras feministas se entremezclan con nuevas voces que narran el presente. En narrativa contemporánea destacan, entre muchas otras, Irene Solà, Andrea Abreu, Leila Guerriero, Camila Sosa Villada y Elaine Vilar Madruga; en filosofía y pensamiento, los textos de Nuria Alabao, Laura Macaya y Marina Garcés son considerados imprescindibles. También hay autoras que transitan el intersticio entre poesía y ensayo, o poesía y novela, como Laura Casielles, Alana S. Portero, Carla Nyman o Sara Torres. Además, como parte de esta cartografía feminista, también resulta fundamental recordar y apreciar el trabajo aún presente de artistas-escritoras como Roberta Marrero y Claudia Rodríguez. Todas ellas, junto a muchas otras, configuran un mapa feminista de pensamiento, recordándonos el componente revolucionario de la literatura.






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