¿Hay más erratas en los libros que antes? La precarización que explica la pérdida de calidad en el sector editorial
Los correctores denuncian tarifas congeladas desde hace dos décadas, externalización y recortes que, según el gremio, están deteriorando la calidad de los libros.

Madrid-
No solo trabajan con más prisas y cobran lo mismo o menos que hace años, sino que a veces prescinden de sus servicios. "Ya ni se corrigen algunos libros", se lamenta Fernando Valdés Taboada, presidente de la Unión de Correctores (UniCo), que advierte de una merma en la calidad de la edición. El último ejemplo mediático ha sido el ensayo de dos prestigiosos historiadores, aunque él considera que el problema se ha extendido en el sector con el objetivo de abaratar los costes, lo que a su vez ha llevado al uso de la inteligencia artificial (IA).
"Actualmente se trabaja peor porque no nos pagan como corresponde. La industria editorial cada vez gana más dinero, pero no cae en nuestros bolsillos, porque llevamos veinte años cobrando lo mismo. Con estas remuneraciones, muchos correctores se ven obligados a trabajar más rápido, de ahí que se cometan errores", se queja el portavoz de esta asociación de profesionales de la corrección de textos y del asesoramiento lingüístico. "Antes se corregían todos los libros que se publicaban, porque los correctores estábamos ligados a imprentas y editoriales. Ahora nos han externalizado y nos pagan infinitamente menos. Y muchas veces las editoriales incluso prescinden de nuestros servicios".
Fernando Valdés cree que uno de los errores más frecuentes es la puntuación. Una coma mal puesta, según él, es una de las formas de detectar un texto redactado, traducido o revisado por la inteligencia artificial. "Un corrector, en cambio, pone bien las comas. Sin embargo, en ocasiones los textos no son corregidos por profesionales, sino por personas a las que les gusta leer y que aceptan la miseria que se paga, uno de los motivos por los que hay tanto intrusismo. Cobrar tres euros la hora no sale a cuenta". Basta echar un vistazo a La Tarifadora, una plataforma para calcular las tarifas de traducción, corrección y edición.
"Es tremendo constatar que todo el mundo que la usa se lleva las manos a la cabeza, porque cobran mucho menos que un trabajador por cuenta ajena. Además, como presidente de la Unión de Correctores, me llega información de muchos compañeros y algunas compaginan la corrección con la limpieza de casas porque ganan más, pese a tener dobles licenciaturas y máster", asegura Fernando Valdés, quien cree que actualmente se edita peor porque "en muchos casos se prescinde del control de calidad".
"Editan los libros pensando en una cubierta llamativa y tiradas pequeñas. Podríamos pensar que eso podría redundar en beneficio de los correctores, puesto que se publican más textos. Sin embargo, el problema es que se prescinde de nosotros, algo que ya sucedió en la prensa", se queja el presidente de UniCo, quien aboga por que los lectores protesten cuando compren un libro con muchos fallos. "Si está plagado de erratas, es un producto defectuoso. El público debería devolverlo y la editorial, asumir las consecuencias. Pero no se hace, claro".
Menos tiempo y dinero
Ana Bustelo, quien ha trabajado y colabora como autónoma con prestigiosas editoriales, concuerda con algunas apreciaciones: las tarifas actuales son inferiores a las de hace más de veinte años, pese al encarecimiento de la vida y a que se exige el mismo nivel de calidad en menos tiempo. Además, como ella, la mayoría de los profesionales trabajan como externos porque han desaparecido muchos departamentos internos de corrección. Y cree que se publican tantos libros que las editoriales no tienen tiempo para corregirlos y editarlos bien.
"Antes se hacían hasta cuatro revisiones. Ahora, con suerte, se hacen dos y en muchos sitios solo una", asegura la autora de Manual del editor de mesa (Berenice). Una disminución de calidad que, como lectora, no ha percibido, "quizá porque son libros publicados por editoriales pequeñas donde se hacen las cosas con más cuidado". También deja claro que actualmente "hay muchísimos menos errores que cuando hacíamos los libros a la antigua, componiendo el texto sin ordenador".
Sin embargo, con la llegada de las computadoras, "las empresas empezaron a ver que se podían hacer muchísimo más rápido y ahora se publican más libros de los que pueden manejar en la propia editorial. Por eso ha empezado a haber otra vez más errores, porque se paga muy mal y se pide que estén perfectos en muy poco tiempo", cree la editora y correctora. Y si un profesional quiere hacer bien su trabajo, debe echarle horas (gratis).
Más allá de los fallos y erratas debidos al recorte de correctores en la última fase de la edición, antes de mandar el libro a imprenta, Ana Bustelo cree que en España hay otro error frecuente, aunque no de tipo ortotipográfico. "Hay una tendencia a no decirle nada al autor, sobre todo de ficción. Los escritores consideran que, una vez entregado su libro, ya está terminado. Sin embargo, en otros países como Estados Unidos o Inglaterra, el autor está dispuesto a reescribirlo varias veces, algo que en nuestro país apenas ocurre. También hay una falta de edición importante en la primera fase del libro y, de hecho, algunas editoras hemos reescrito bastantes obras, pero no tanto como deberíamos", concluye.
Ahorrar costes
"Es exagerado pretender que los libros que se hacen ahora llevan por lo general más erratas. Otra cosa es que resulte cada vez menos excusable que las lleven, sean pocas o muchas, dado que la tecnología disponible ha simplificado mucho los trabajos de edición, y las herramientas de que se dispone en la actualidad para procesar los textos y controlar su calidad ortotipográfica son infinitamente más virtuosas y eficaces que hace unas décadas", cree Ignacio Echevarría.
A juicio del filólogo y crítico literario, "el problema no reside únicamente en la codicia de los editores, que sólo ven en las nuevas tecnologías un vía para ahorrar costes, sino en la generalizada ignorancia del arte de la edición". Según Ignacio Echevarría, "con cualquier procesador de textos de un ordenador casero cabría obtener un texto editado con una perfección imposible de conseguir para el más exquisito tipógrafo de mediados del siglo XX".
De hecho, "es imposible explicar la emergencia de tantos sellos editoriales sin reparar en que hacer libros resulta, en la actualidad, mucho más accesible y barato que hace unas pocas décadas", explica el colaborador de CTXT y El Cultural. "Con los adecuados conocimientos del oficio y un suficiente nivel de exigencia, la IA podría ser empleada para optimizar en todos los sentidos el mundo de la edición. Recordemos que la invención de la imprenta puso fin a la actividad de toda una legión de copistas que debieron mutar en tipógrafos o correctores".
"Se trata de adaptarse a las nuevas tecnologías y sacarles partido a fuerza de repartir el juego de manera distinta", concluye Ignacio Echevarría. "Mucho me temo, sin embargo, que pocos están por esta tarea, obcecados con el solo objetivo de seguir ahorrando gastos, es decir, cuidados".

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