Lorenzo Caprile, la anarco-costurera de la aristocracia
Anibal Malvar conversa con sus cigarras particulares para que le canten qué podemos leer en este verano de canícula y siesta.

Madrid--Actualizado a
Lorenzo Caprile (Madrid, 1967). Modista de firma propia y figurinista de la Compañía Nacional de Teatro Clásico desde 2012. Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2016. Estudió en el Fashion Institute of Technology de Nueva York, en el Politécnico Internacional de la Moda de Florencia y es grado en Lengua y Literatura Española por la universidad de la misma ciudad italiana. Admirador del sobrio diseñador turolense Manuel Pertegaz, fue escogido por la Casa Real Española para vestir a la infanta Cristina el día de su boda con Iñaki Urdangarin (1997) y a la princesa Letizia en Bélgica en 2004, con un vestido rojo de sencillez deslumbrante que trascendió su fama más allá de los círculos de connoisseurs. Jurado del talent show Maestros de la costura de TVE desde 2018.
Autobiografía
No me gusta nada hablar de mí mismo. Cero. Y de mi trabajo, menos todavía. Me da muchísimo repelús.
Cuando diseñas para alguien, supongo que no solo tienes que conocer su cuerpo, sino también su personalidad.
Los cuerpos también te hablan mucho de la personalidad. Van unidos. Son muchos matices que no se pueden explicar en dos segundos. Tienes que vestir un cuerpo, y un cuerpo es prisionero de una personalidad, y viceversa.
¿Cómo llegas a la personalidad de gente que, por su estatus, tiene obligación de ser muy reservada? Con Letizia, por ejemplo.
El encargo para doña Letizia es prehistoria. Yo recibo un encargo de Casa Real, que eran clientes míos desde tiempo antes, para hacer un ajuar. Letizia iba a empezar a tener una vida social importante, y evidentemente en su armario no había nada de ese estilo. El traje rojo lo eligió de entre otros muchos que habían diseñado otros compañeros y compañeras. Y surgió la magia.
Eres también figurinista. Has dicho alguna vez que el mundo del teatro es el que más te inspira. Te encanta que tu ropa suba a los escenarios pero nunca la has subido a las pasarelas de la alta costura.
Para montar un desfile necesitas muchísimo dinero y muchísimo tiempo, y yo no tengo ese tiempo y, desde luego, tampoco muchísimo dinero. Las grandes marcas como Vuitton, Yves Saint Laurent... necesitan los desfiles por cuestión de marketing.
Y en el caso del teatro no solo tienes que vestir a la persona, sino también al personaje. Qué esquizofrenia, ¿no?
La gente del teatro sabe distinguir muy bien su persona del personaje y te ayudan mucho. A veces piden cosas para parecer por ejemplo un poco más delgado, te dicen sus manías, que las tienen. Pero siempre es muy fácil trabajar con la gente del teatro porque se conocen muy bien. Para ellos es ropa de trabajo: saben lo que necesitan y lo que va a funcionar y lo que no. Pero sobre todo es trabajo con el director. Tienes que hacer realidad lo que el director tiene en la cabeza.
Tú eres jurado en Maestros de la costura. Quizá a gente que te sigue le extrañó ese giro hacia un programa tan comercial. Tienes fama de outsider, te llamaron anarco-couturier. ¿Qué le aportas tú a la tele como anarco-costurera y qué te aporta a ti la tele como artista?
Me siento muy identificado con lo de anarco-couturier porque yo he estado siempre fuera del sistema. No pertenezco a ninguna asociación profesional, no desfilo, no hago publicidad, es rarísimo que se me vea en algún evento de moda ni en las trescientas fiestas que se hacen todos lo meses para dar cuarenta premios de los que al día siguiente ya nadie se acuerda… Hombre, si te apetece echarte unas risas vas y formas parte del circo. Respecto a la tele, yo no sé lo que le aporto. A mí me aporta mucha soltura, mucho desparpajo. Soy una persona muy tímida y la tele me ha ayudado mucho a soltarme. Y aprendo mucho. Conoces talleres artesanos que llevan trabajando durante dinastías, fábricas espectaculares… No sé. Me aporta muchísimo y por eso lo sigo haciendo, porque por el dinero, no.
Y la cigarra Caprile recomienda
Miedo y ropa en América, de Cintra Wilson (Ed. Superflua, 2024). Es deslumbrante. Desglosa las distintas tribus urbanas, por qué visten así, da muchas claves en tono de humor por ejemplo del fenómeno Trump a través de la ropa. Es una radiografía de EEUU actual a través de la ropa y de todos sus códigos. Cualquier texto de la editorial Superflua, una editorial muy chiquitina que se ha especializado en textos de moda.
El diablo viste de Prada (director David Franke, 2006). Es la mejor película que se ha hecho sobre nuestra industria. Todo está ahí, incluso a veces algo edulcorado. No es que sean malvados, es que todos supervivientes: lo que le compran a otro no te lo compran a ti, no hay reglas ni hay pudor. Hubo otra malísima, Prêt-à-porter, de Robert Altman.
Museo del Traje de Madrid: La exposición Raíces, que celebra los cien años de historia del museo. Allí yo he llevado una reinterpretación del mantón de Manila. La exposición transmite la riqueza única que tiene España, su patrimonio etnográfico a través del traje, artesanías espectaculares que desgraciadamente están en vías de extinción, los rituales que hay alrededor de determinadas prendas. El traje de toro, los trajes de charra o de lagartera… Cómo cada prenda, cada enagua, cada refajo, cada manteleta tienen una simbología. Si es para casadas, para solteras, si era para cuaresma o faltaban tantos días para San Antonio, para la vendimia, en fin. Hay una riqueza de matices y lenguaje a través de la ropa tradicional maravilloso. La gente ahora cada vez viste peor. Es muy curioso que en el siglo XXI, donde cada vez hay más información sobre moda -abundan libros, exposiciones, Instagram, marcas low cost que todos conocemos y que ofrecen productos más que dignos y asequibles- la calle es cada vez más chiste.

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