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Luis García Montero: "Debemos hacer frente a la llamada al odio que representa Vox"

'Las palabras rotas', última publicación del poeta y catedrático, saca lustre a un puñado de términos que, fruto de la confrontación política y de los desmanes reaccionarios, se han ido alejando de lo que un día significaron.

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El poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero.- EFE

El poeta, catedrático y actual director del Instituto Cervantes Luis García Montero ha decidido remangarse y husmear en la basura. A ella han ido a parar un buen número de palabrejas cuyo verdadero significado, dice, "conviene preservar". Las palabras rotas (Alfaguara) es, en ese sentido, una llamada a la acción, un intento de reapropiarse de lo que nos pertenece a todos. Las palabras marcan realidades, esto lo sabe bien el poeta, de ahí nace la necesidad de rehabilitarlas, consciente de que en pleno barrizal político nombrar lo que acontece se convierte en auténtica munición.

¿Por qué rebuscar en la basura a estas alturas?

Porque la corrupción de la convivencia empieza por la corrupción del lenguaje. No sólo cuando el lenguaje se utiliza para mentir, sino también cuando dejamos que acaben en el cubo de la basura un buen número de palabras rotas.  

¿Como cuáles?

Como por ejemplo la bondad. Es una palabra que está tan desprestigiada que de un tiempo a esta parte parece que ser bondadoso es casi sinónimo de ser tonto. Se nos ha vendido el buenismo como un concepto despreciativo, como si querer entender al otro y respetar unos valores de diálogo y democracia fuera algo negativo. Parece que hay que legitimar la sospecha en vez de la bondad. Debemos reivindicar la bondad democrática frente a los que hacen llamamientos al odio. 

Desayuna usted con miedo en este libro...

"Sustituir justicia por venganza nunca es una buena idea"

Sí, el miedo ha estado y está muy presente en el discurso político y mediático. Los sucesos macabros se utilizan para generar tendencias de odio y así desconfiar de la propia intimidad. Hay una operación muy sucia consistente en sustituir justicia por venganza, convirtiendo en protagonista jurídico la opinión de un padre al que le han asesinado una hija, en vez de optar por un análisis objetivo de lo que necesita la sociedad para combatir estos hechos. Sustituir justicia por venganza nunca puede ser una buena idea. 

Otra de sus palabras rotas es 'periodismo'...

Sí, debemos prestigiar la palabra periodismo. Una sociedad democrática es impensable sin un periodismo decente. En ese sentido, Albert Camus sigue siendo uno de mis santos laicos cuando decía aquello de que un país vale lo que vale su periodismo. No podemos confundir la información seria con la comunicación que está intoxicando las redes sociales a través de mentiras y calumnias. Creo que este país se merece un consejo audiovisual tal y como existe en muchos países de Europa, donde los propios periodistas pusieran límites. 

¿Dónde situar ese límite?

"Vox es ese rebrote en pleno siglo XXI de los totalitarismos que destrozaron Europa"

Se trata de decencia. Soy consciente de que los datos se pueden interpretar de diversas maneras y que un periódico conservador no va a hacer la misma interpretación que uno progresista disponiendo de los mismos datos. Sé que un dato no es un dogma, y que se puede interpretar de distintas maneras, pero otra cosa bien diferente es mentir. Yo he visto cómo se manipulaban mis palabras por parte de esos periódicos al servicio de las cloacas para decir que defiendo a asesinos o que estoy utilizando el Instituto Cervantes para promocionar a mi mujer, cuando lo cierto es que Almudena no ha aceptado ninguna invitación por parte de los muchos centros que le invitan cada vez que se traduce una de sus obras. 

Y frente a esa manipulación, usted va y reivindica la palabra poesía...

Una de las grandes enfermedades de la sociedad neoliberal es la separación entre razones y sentimientos, lo que ha permitido que haya un desarrollo científico y técnico que se ha desentendido de sus responsabilidades éticas. Lo sentimental se ha desprestigiado, y fruto de ese desprestigio han surgido los que quieren que la indignación se convierta en odio que haga del otro una amenaza. Creo que la poesía es un buen territorio para reivindicar que los sentimientos deberían articular a los sujetos para que fueran capaces de responsabilizarse éticamente de sus razones.

Fue uno de los promotores del manifiesto que pedía una movilización en las urnas que hiciera frente a la ultraderecha. ¿Cómo surge esta 'llamada a la acción'?

Teníamos que llamar a la participación. Era nuestra obligación. Hay una España real, democrática, joven y sana ideológicamente que tiene poco que ver con los debates llenos de odio y de crispación en los que por desgracia desemboca con frecuencia la política. Había que pedirle a la España real que tomase la palabra, hemos de hacer frente a la España crispada y a la llamada al odio que representa Vox. 

¿Qué balance hace con los resultados en la mano?

Vivimos un momento de esperanza. La sociedad ha de exigirle a ciertos sectores de la política un cambio de discurso. Deben replantearse el barrizal. Creo que con Vox no se puede contar, el partido de Abascal es ese rebrote en pleno siglo XXI –y con tecnologías propias del siglo XXI– de los discursos totalitarios que destrozaron Europa y España a mediados del siglo XX. Ante eso, lo único que hay que hacer es poner una línea roja entre los que estamos a favor de la democracia y aquellos que están en contra; entre los que estamos a favor de una España que quiere acabar con determinadas injusticias como la violencia machista, frente a los que pretenden encerrarla en el secreto de la opresión doméstica.

Máxime en un país cuyos índices de criminalidad están por debajo de la media europea...

Exacto. A qué se debe entonces ese intento de falsificar la realidad española para dar un discurso del miedo que permita el endurecimiento de las penas o un tratamiento más duro contra los presos. Olvidamos aquello que en su día dijo Jovellanos: "Hay que odiar el delito, no al delincuente".