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Movistar+ Mar Coll, sobre 'Matar al padre': "La paternidad explicada desde el miedo tiene mucho sentido"

Movistar+ estrena este viernes ‘Matar al padre’, una miniserie de cuatro capítulos dirigida por Mar Coll en la que se abordan temas como la herencia familiar y la angustia que genera no poder controlarlo todo para que nunca les pase nada malo a los hijos porque “la vida es imprevisible”.

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Escena de la serie 'Matar al padre'. MOVISTAR +

Especializada en la familia como universo temático que explorar y diseccionar, Mar Coll (Tres días con la familia y Todos quieren lo mejor para ella) da el salto a la pequeña pantalla de la mano de Movistar+ con Matar al Padre, una miniserie de cuatro episodios escrita en colaboración con Valentina Viso y protagonizada por Gonzalo de Castro. En el centro, un “personaje tóxico que lo intoxica todo”, como define Coll a su creación en una serie en la que la paternidad está explicada “desde el miedo” y personificada en Jacobo Vidal, un tipo antipático, tremendamente neurótico, controlador compulsivo y obsesionado con la muerte que al final, muy a su manera, llega a hacerse comprender. O, al menos, esa esa la intención de la serie según explican directora y protagonista en una conversación con varios medios.

Matar al padre nació como una película episódica. Esa era la idea original con la que Mar Coll y Valentina Viso la concibieron. De ahí que su conversión a miniserie cuando Movistar+ se interesó por ella fuese algo casi natural. Compuesta por cuatro capítulos de alrededor de 50 minutos cada uno, abarca un periodo de tiempo que va de 1996 a 2012. “La idea de que pasase el tiempo formaba parte del concepto mismo de la película. Nosotras teníamos a este personaje central, que es este padre obsesivo que cree que puede controlar su vida y proteger a su familia, y lo que queríamos ver es si es o no posible. Obviamente no es posible porque la vida es imprevisible y te lleva por caminos insospechados. Básicamente, planteamos este proyecto como la historia de una derrota o de una decepción, por eso era obvio que teníamos que confrontar al personaje con el paso del tiempo”, resume la directora catalana sobre la gestación del proyecto.

Para llevarlo a cabo lo que hicieron fue elegir dos años clave de la historia reciente española como punto de entrada y de salida de la vida de Jacinto Vidal (Gonzalo de Castro). “Sabíamos que queríamos empezar en el momento de máximo esplendor de la economía española. En el año 96 todo funciona, las casas se vendían… Y acabarlo con la crisis económica para que esa fuese una de las frustraciones que viviese el personaje y se diese cuenta de que tampoco puede controlar el devenir social y económico de un país, que eso forma parte de las cosas que son imprevisibles”, continúa Coll. Por eso 2012 es la fecha para terminar con una historia de la que asegura que no está interesada en hacer una segunda parte porque ya ha contado lo que quería.

La paternidad explicada desde el miedo tiene mucho sentido”, argumenta Coll

El pivote sobre el que gira toda la acción es Jacobo Vidal, un padre muy de los ochenta y noventa. De esos cuya retahíla de consejos comienza con un ‘cómprate un piso que alquilar es tirar el dinero’ y que cuya filosofía educativa es más imponer que dialogar. De hecho, Matar al padre es algo así como un ‘manual del padre imperfecto’. Todo aquello que los gurús de la educación, de esos que proliferan cada vez más, desaconsejan hacer con los hijos para educarlos. “Los manuales de educación son un ideal imposible de alcanzar. Son de una dificultad… Ser padre es ser padre imperfecto. Pero, bueno, Jacobo es más que imperfecto. Para él, el miedo es el motor de su vida y por eso nos interesaba vincularlo a la paternidad, porque creo que es algo de lo que no se ha hablado mucho. Sin embargo, creo que es un enfoque crucial para entender lo que es ser padre según yo. Me parece que la paternidad explicada desde el miedo tiene mucho sentido”, argumenta Coll. La directora y guionista de Matar al padre se refiere a ese miedo que acompaña el nacimiento de un hijo, esa sensación de angustia de que depende única y exclusivamente de sus padres para salir adelante y el deseo de que nunca le pase nada malo.

Sobre esos manuales de educación, Gonzalo de Castro, quien da vida Jacobo Vidal, tiene una recomendación: “No leerlos”. Para construir su personaje, complejo y poco habitual en al ficción televisiva, reconoce que se basó principalmente en el guion, pero también su padre, su tío y los hombres de su familia le sirvieron como referente. Recuerda que viendo un álbum de fotos familiar que le prestó una de sus hermanas se dio cuenta de que no tenía que irse “muy lejos para buscar los mimbres” porque estaban ahí, en esas capturas de su infancia. “Miraba las fotos y estaban ahí. Eran todos ellos, en los años setenta y ochenta, intentando hacer un mundo mejor, feliz, una familia, una mujer, unos hijos, poder sostener algo, crear un futuro, poder soñar con esas cosas. Me di cuenta de que yo había vivido con Jacobo Vidal, con esa masculinidad absurda de los padres de aquella época”, analiza De Castro, quien, pese a todo, ve un poso de nobleza en su personaje. “El personaje tiene un fondo noble y se hace querer. Creo que hay una ternura en ese señor, hay un fracaso en el intento que llegas a humanizar un poco”, concluye.

Escena de la serie 'Matar al padre'. MOVISTAR +

Es posible que no todos los espectadores sean de la misma opinión. Jacobo Vidal es un tipo difícil de manejar y de entender. Coll insiste durante la entrevista en el hecho de que ese deseo tan común de querer que no ocurran desgracias ayuda, en cierta manera, a comprenderle e, incluso, hasta a redimirle. Sin embargo, sus formas, su manera de afrontar la vida, su violencia verbal y su incapacidad para mostrar cierta empatía hacia los demás le pierden y pueden generar hasta rechazo. De hecho, es la propia Mar Coll quien habla de él como “un personaje tóxico que intoxica el espacio en el que vive”. Ese espacio es su familia, compuesta por dos hijos a cada cual más dispar y una mujer, Isabel (Paulina García), que se gana la vida como terapeuta pero que es incapaz de afrontar los problemas internos de su hogar y que ejerce de extremo opuesto a Jacobo. Él es controlador y exigente. Ella, laxa y facilitadora.

Un clima de violencia de herencia familiar

La excusa de Jacobo para ser así es su propia herencia familiar, un concepto que sobrevuela continuamente la serie y que la marca a fuego. Porque el personaje interpretado por Gonzalo de Castro es como es porque tuvo un padre que lo crió en un ambiente hostil, violento. Su mayor trauma, con el que arranca la acción, es cuando mató de un tiro a su perro. “Es imposible que con un hiperpadre de estas características no haya una herencia, que es uno de los temas que hay en la serie. Esa idea está presente desde su propia historia personal. Es un niño que crece en un ambiente de tal violencia que es imposible que no la transmita”, explica Coll. En este sentido, para la directora crear una atmósfera un tanto violenta en la pantalla era un requisito indispensable con el que ayudar a entender a los personajes. Eso se traduce en magulladuras, collarines, parches, enfermedades terminales, accidentes, ojos morados…

Escena de la serie 'Matar al padre'. MOVISTAR +

Esa violencia y ese miedo con los que se crió Jacobo son los que transmite a sus hijos, la herencia que les deja. En palabras de Coll, “Tomás [Marcel Borràs] ha heredado el miedo y Valeria [Greta Fernández], la agresividad. Son formas lógicas de defenderse o de vivir. Si desde pequeño tienes un padre que te dice ‘cuidado, te vas a morir', lo que pasa es que tienes miedo a la muerte. Y si tienes un padre que te grita todo el rato, también es normal que aprendas a gritar y a poner distancia”. Si Jacobo es un padre imperfecto, Tomas y Valeria son hijos imperfectos. Uno, apocado, siempre enfermo y nervioso que no suele acabar lo que empieza. La otra, independiente y cortante en sus discursos, la favorita de ‘papá’.

Pese a todo, en Matar la padre no se juzga a nadie. Se muestra a personajes “disfuncionales” que intentan salir adelante con las herramientas que se les han dado. Una familia que sufre altibajos y grandes crisis a lo largo de 16 años con un patriarca al que Coll se muestra convencida que se acaba perdonando al entender su “frustración” gracias a una escena final que cierra el círculo de su historia contada con esa habilidad con el “bisturí que tiene Mar Coll para la familia”, como remarca Gonzalo de Castro, quien, si por él fuese, le daría una vida más larga en la pantalla a los Vidal.