Nacho Vigalondo y los juegos de mesa: "Son la fórmula ideal para la vida en pareja"
El cineasta reconoce que los cuernos que más le han dolido han sido por los juegos de mesa, "muy por encima de los tradicionales".

Un niño nacido en Cabezón de la Sal, en Cantabria, mira absorto una sección concreta de volúmenes en una librería a finales de los años ochenta. Se trata de la colección Lucha ficción, de la editorial Altea, unos libro-juegos en los que el lector avanza por la trama tirando dados y decidiendo con su suerte el devenir de los personajes. "Casi me mareo", confiesa el cineasta Nacho Vigalondo cuarenta años después. "¿Cómo? ¿Qué yo participo, que tengo unas estadísticas que suben y bajan según lo que pase?". El creador empezó así a participar de narraciones mucho antes de dedicarse profesionalmente a contar historias. Hoy, su pasión por este tipo de tramas sigue intacta, aunque ha pasado de los libros al tablero.
"Siempre había estado más cerca de los videojuegos, porque me parecía que los juegos de mesa tradicionales solo servían para competir, como de hecho ha ocurrido durante miles de años", arranca el creador de la serie Superstar. "Por ejemplo con las cartas, que siempre han sido o una competición o un solitario. Lo que no existía hasta hace una cantidad ridícula de décadas, hasta la mitad del siglo XX, eran los juegos de mesa cooperativos". Esos son los que le gustan.
Este nuevo descubrimiento le llegó en el momento adecuado, "en mitad de una depresión bastante onda", cuando descubrió que había juegos "que se acercaban a la experiencia del rol, pero sin que nadie tenga que dirigir la partida, porque todos los jugadores están en la misma posición, enfrentándose a un enemigo sistematizado”. Un entretenimiento en el que, en vez de competir, "la partida o la ganan todos o no la gana nadie, como si fuera una oda al socialismo". Es decir, en vez de ser una competición para ver quién tiene más suerte o es más inteligente, "hay juegos de mesa que son como la escena de Ocean’s Eleven en la que todos están alrededor de una maqueta, colaborando para ver cómo roban la caja fuerte", explica con pasión.
Horas y horas enfrascado en una historia junto un grupo de amigos, que le han servido para dar con ficciones que le estimulan: "Mi cerebro estaba deseando encontrar una fuente de ocio que fuera narrativa que no consistiera en estar mirando otra pantalla, y que exigiera un esfuerzo mental. Como persona que sufre TDH, los juegos de mesa son como ir a un spa o a un gimnasio". Para el director y guionista, poner a prueba su "capacidad de atención, de concentración y de lógica es una mezcla entre hacer algo que me divierte y algo que me viene bien".
El enamoramiento total con estos juegos llegó hace unos años, cuando descubrió el género legacy: aquellos en los que cada partida es la continuación de la anterior. "Es decir, te compras un juego que puede tener una fórmula sencilla, pero cuya historia se desarrolla a lo largo de doce partidas, por ejemplo", desarrolla. "Lo cual provoca que quedes con las mismas personas a jugar y sea como ver un nuevo episodio de una serie. Son juegos en los que te implicas muchísimo, porque las cosas que ocurren ya se quedan así".
¿Y qué formato le tiene enganchado últimamente? "Ahora mismo estamos jugando a una auténtica maravilla, que ha pasado un poco desapercibida porque desde fuera parece un juego para niños. Se llama Wonder Book, editado por Asmodee, y tiene formato de pop-up, de uno de estos libros infantiles que se despliegan pasando las hojas". Asegura que el juego logra que "el pop-up que tienes delante no deje de abrirse, y aquello que se muestra se integra en la mecánica del juego. Es fascinante". Vigalondo cree que es "perfecto para quien esté interesado en empezar con este tipo de ocio, porque comienza de un modo muy elemental y se va complicando, lo que resulta muy estimulante".
El también actor sabe que, para mucha gente ,"esto es el epítome de lo friki". Pero asegura que se descubre "muchas veces disfrutando con un placer muy similar al de la buena literatura. Esos momentos en los que la mecánica de un juegoconsigue deslumbrarme lo hace como una película o un libro”. Por eso, recomendar juegos y animar a que sus amistades compartan su afición es algo que se toma de manera muy personal. "Me puede la necesidad de compartir mi entusiasmo, soy un pesao", ríe el autor de Los cronocrímenes o Colossal.
En este momento de la charla, el cántabro se sorprende a sí mismo revelando una íntima confesión: "Tenía un grupito de amigos con el que jugaba todas las semanas, y cada vez se hizo más difícil quedar. Se acabó confirmando que alguno de ellos tenía otro grupo, y son los cuernos que más me han dolido en mi vida, muy por encima de los tradicionales". A pesar de todo, se muestra convencido de que esta afición fortalece las relaciones, y se muestra convencido de que es "la fórmula perfecta para la vida en pareja. Son una actividad que multiplica el nivel de comunicación, con mucha intensidad pero sin desgaste emocional. Y cuando se termina habéis resuelto juntos una misión".
Aunque siempre es complicado y engañoso escoger un título favorito, tras pensarlo brevemente, Vigalondo escoge Pandemic. "Es una obra maestra. Consiste en coordinar la gestión de una pandemia. El algoritmo del juego es un sistema muy sencillo de cartas, pero que genera el efecto muy visible de estar vivo, de que la pandemia parece reaccionar como un animal distinto de partida a partida". Coincide con un eslogan que aparece en la caja, que lo describe como "un juego muy fácil de entender y muy difícil de dominar. Además tiene algo de fatalismo, porque el juego te convence de que es imposible ganar, lo cual convierte en una experiencia increíble cuando ganas".
Este verano, tras rodar la nueva temporada de El otro lado, serie firmada por Berto Romero en la que participa como intérprete, se sumará "a esa idea tan engañosa de encontrar tiempo libre para poder trabajar. Porque es ese tiempo libre el que dedico a nuevos guiones". Mientras tanto, se identifica con la imagen de "los malabaristas que mantienen platos en equilibrio: girando cinco y esperando que solo se rompan cuatro". Ese plato intacto será su nuevo proyecto audiovisual, con el que quizás deslumbre a un jovencito que descubra que él también puede incluirse en el juego de contar historias.


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