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Película 'Pequeños milagros en Peckham Street' Cuando no todo es tolerancia y normalidad en el Londres postbrexit

Mina Mileva y Vesela Kazakova retratan en 'Pequeños milagros en Peckham Street' "la relación imposible" entre migrantes y británicos, el miedo que provoca la gentrificación y el aumento de racismo, xenofobia y discriminación después del brexit.

Irina Atanasova es la protagonista
Irina Atanasova es la protagonista. Surtsey Films

La cineasta búlgara Mina Mileva sufrió en carne propia las amargas consecuencias del brexit —un aumento alarmante de la discriminación, la xenofobia y la intolerancia— cuando llevaba ya veinte años residiendo en el país. Las grotescas situaciones que empezaron a producirse en su vida, reflejo del odio y el racismo creciente, terminaron en una película, su primera obra de ficción, Pequeños milagros en Peckham Street, firmada, como las anteriores, junto a Vesela Kazakova.

Ovejas negras del cine búlgaro —apodadas 'dúo demoniaco' después del estreno de sus dos primeros largometrajes documentales—, decidieron pasarse a la ficción para asegurarse un periodo libre de angustia. La estrategia parecía buena, pero no les salió, precisamente, una película 'blanca' y amable. El filme, un cóctel de realismo social y comedia negra, provocó entonces la irritación de los ciudadanos probrexit británicos.

"Esta película narra la pérdida de compasión y normalidad que me encontré por primera vez allí", explica Mina Mileva en las notas de producción de la película, "un lamento por la pérdida de la tolerancia y normalidad en Londres, una de las ciudades más progresistas y de mayor aceptación cultural de Europa".

"Los búlgaros roban los gatos"

Todo empezó con una factura astronómica, de 26.000 libras, por cambiar dos ventanas del piso en el que vivía, un apartamento alquilado. Lo siguiente fue adoptar a un gato que estaba perdido por el edificio y entonces llegó otra bomba: "Los búlgaros roban los gatos, roban los trabajos. No son bienvenidos en esta sociedad". Un intento de organizar a toda la comunidad para enfrentarse al abuso de los propietarios, personajes especialmente motivados por el proceso de gentrificación, terminó sin éxito. Ante el desagradable desorden que se había instalado a su alrededor, decidió hacer con Vesela Kazakova una película que lo contara todo.

El resultado, Pequeños milagros en Peckham Street, es una crónica de la "relación imposible" entre migrantes y londinenses, y la amenaza de la pérdida del bienestar social que llega con la gentrificación. Ello narrado desde la historia de Irina, una madre soltera búlgara, arquitecto en su país, que vive con su hijo y su hermano, un licenciado en Historia, y que comienzan a sufrir la agresión del postbrexit.

Ascender en la escala social

"No vine aquí para ser una sanguijuela", repite como un mantra uno de los migrantes de la película, retrato fiel de su situación en Reino Unido, donde una inmensa mayoría de los europeos que llegaron a trabajar allí "no son desclasados. Han tenido un alto nivel educativo y se esfuerzan por ascender en la escala social". Con ellos, en esta historia aparece también honestamente reflejada la clase trabajadora británica, víctima del proceso de gentrificación.
"Ahora he comenzado a sentir lástima por mí y por ellos", confesó la cineasta Mina Mileva en una entrevista con Cs International Cinephile Society (CIFF), donde explica que es muy normal hoy escuchar a algunos británicos de clase trabajadora la frase de "estamos atrapados en nuestra propia isla". "Al fin y al cabo, nosotros estamos fuera de la prisión, ellos están dentro".

Una escena de la película
Una escena de la película. Surtsey Films

En genuino 'cockney'

Actores profesionales y otros no profesionales componen el reparto artístico de la película, para la que las directoras buscaron la mayor naturalidad posible, y, paradójicamente, el elevado nivel de los intérpretes británicos fue un problema a la hora de hacer el casting. "La mayoría de los actores ingleses son ¡tan elegantes!", se lamentan las cineastas, que tuvieron que acudir a un asesor para saber si el cockney (argot londinense) que hablaban los aspirantes era real o imitación.

Antes incluso de conseguir el reparto, Vesela Kazakova y Mina Mileva, se encerraron en un apartamento muy pequeño para escribir el guion. "Estos entornos semiclaustrofóbicos nos ayudaron a estudiar el proceso matizado de la deshumanización. Un proceso aderezado con racismo y prejuicios cotidianos y profundamente causado por el miedo a perder activos sociales". Ello y las experiencias reales que Mileva estaba viviendo por primera vez desde su llegada a Londres cimentaron la construcción de esta historia, una inteligente película, con la dosis necesaria de sentido del humor y el acento justo en el drama, que ha evocado en unos cuantos críticos de Reino Unido la figura de Ken Loach.