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Premio Pritzker 2017 Los españoles Aranda, Pigem y Vilalta ganan el Premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura

El jurado resalta que el localismo que caracteriza el trabajo de estos arquitectos no les ha impedido demostrar que se puede combinar con acierto los valores locales y la influencia internacional

La bodega Bell-Lloc en Palamós. HISAO SUZUKI (PRITZKER PRICE)

EFE

El Premio Pritzker reconoció este año la arquitectura local y a la vez universal de los españoles Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, que han desarrollado la mayor parte de su trabajo en su localidad natal de Olot (Girona) y en sus alrededores. Aunque también cuentan con proyectos en Francia, el localismo que caracteriza el trabajo de estos arquitectos no les ha impedido demostrar que se puede combinar con acierto los valores locales y la influencia internacional, resaltó el fallo del jurado.

Su obra, caracterizada por su integración en el lugar de construcción y el uso de materiales como el acero y el plástico reciclados, ayuda a ver "de la forma más poética y bella posible" que una obra puede ser totalmente universal independientemente de dónde esté construida, según resaltó el presidente del jurado, el arquitecto británico Glenn Murcutt, Premio Pritzker 2002.

El anuncio fue realizado en Chicago (EEUU), ciudad donde está la sede de la Fundación Hyatt que concede el premio, por el presidente de esta institución, Tom Pritzker, que destacó el "compromiso inflexible" de los arquitectos con el lugar en el que trabajan, lo que da como resultado "espacios que están en relación con sus respectivos contextos". Algo que se puede ver muy claro en el espectacular diseño para el restaurante Les Cols, en Olot, con un tejado realizado con tubos que se curvan debido a su peso, que se apoyan en dos muros de piedra volcánica en los extremos, mientras que los laterales están realizados con paneles de plexiglas que dejan ver el interior.

El trabajo de Aranda (1961), Pigem (1962) y Vilalta (1960) "busca conexiones entre el exterior y el interior" en una "arquitectura emocional y experiencial", que está "poderosamente conectada con el paisaje", resalta el fallo del jurado. Una conexión que viene del conocimiento de la historia, la topografía, las costumbres y la cultura de la zona en la que construyen, además de por la observación de la luz, las sombras, los colores y las estaciones.

La guardería Petit comte, en Besalú (Girona). HISAO SUZUKI (PRITZKER PRICE)

La guardería Petit comte, en Besalú (Girona). HISAO SUZUKI (PRITZKER PRICE)

Muchos elementos que tienen en cuenta a la hora de diseñar cada uno de sus proyectos, como la Bodega Bell-Lloc, en Palamós (Gerona), "un edificio incrustado en el terreno, sobre la tierra que produce las uvas" para respetar la "fría oscuridad necesaria para el envejecimiento del vino" y en el que se ha utilizado acero reciclado que se fusiona con la tierra, mientras las aperturas entre los listones de acero permiten la entrada de "líneas de luz". "Han demostrado que la unidad de un material puede proporcionar una fuerza increíble y una gran simplicidad a un edificio", agregó Murcutt.

El jurado también quiso destacar la yuxtaposición de pasado y presente en algunas de las obras de los premiados, como la sede de su propio estudio, con la conservación de elementos arquitectónicos industriales en edificios rehabilitados y la creación de espacios funcionales mediante una fusión de tradición e innovación. Así como el concepto de comunidad, el compromiso de Aranda, Pigem y Vilalta con el lugar en el que viven, donde han realizado proyectos como una guardería o una biblioteca.

Unos trabajos que combinan "admirablemente" los requisitos tradicionales de la arquitectura para lograr belleza espacial a la vez que funcionalidad. Un enfoque arquitectónico que han logrado al permanecer en su pequeña localidad natal, "resistiéndose a la llamada de la metrópolis para permanecer conectados a sus raíces". Esto les ha permitido desarrollar una colaboración tan estrecha que es imposible atribuir ninguno de sus proyectos o partes de ellos a alguno de los tres arquitectos de forma individual.

El restaurante Les Cols, en Olot (Girona). HISAO SUZUKI (PRITZKER PRICE)

El restaurante Les Cols, en Olot (Girona). HISAO SUZUKI (PRITZKER PRICE)

Por ello, el Pritzker se ha concedido a cada uno de los tres arquitectos y no al estudio RCR que crearon en 1988, un año después de graduarse por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallés. Es la primera vez que el Pritzker va a tres arquitectos y es la segunda ocasión en que se concede a un español, tras Rafael Moneo, que fue galardonado en 1996. "Es una gran alegría y responsabilidad. Estamos emocionados por que este año tres profesionales, que trabajamos juntos y estrechamente en todo lo que hacemos, seamos los reconocidos", señaló Pigem en una breve declaración recogida por la fundación.

Entre sus proyectos mas destacados están el centro de arte La Cuisine, en Nègrepelisse y el museo Soulages, en Rodez, ambos en Francia y en colaboración con G. Trégouët, el restaurante Les Cols, en Olot; la Bodega Bell-Lloc, en Palamós (Gerona, España) o la Biblioteca Sant Antoni-Joan Oliver, en Barcelona.

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