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Sam Mendes: "El nacionalismo y la derecha nostálgica son ecos de la I Guerra Mundial"

El cineasta recupera el desastre de la I Guerra Mundial en ‘1917’, que le ha valido el Globo de Oro a la Mejor Dirección. Contada en un único plano secuencia, la película recuerda a los británicos del brexit que “entonces lucharon por una Europa libre y unida”.

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El actor George MacKay, en una secuencia de la película.

Los británicos se colocan cada año una amapola roja en la solapa para rememorar el final de la I Guerra Mundial. En los colegios todavía se lee el poema de John McRae, En los campos de Flandes –“En los campos de Flandes las amapolas crecen entre la hilera de cruces, que marcan nuestro lecho”–. Un siglo después de aquel desastre que dejó 30 millones de muertos (soldados y civiles), además de mutilados, refugiados, desaparecidos, prisioneros, huérfanos… el cineasta Sam Mendes recuerda el conflicto desde el cine con 1917 y aprovecha para lanzar un mensaje al país de las amapolas y del brexit: “En aquella época estaban luchando por una Europa libre y unida y mi país haría bien en recordarlo ahora mismo”.

Inspirada en las historias de la guerra que contaba al cineasta su abuelo y en una imagen que quedó grabada en su memoria, “la de un hombre llevando un mensaje”, la película de Mendes es un homenaje a los soldados de a pie, con la que quiere transmitir la “experiencia de la guerra” y, fundamental, “entender la dimensión de aquel desastre”.

“Los ecos hoy de aquello están en mi país que quiere destruir lo conseguido por la generación anterior. El nacionalismo y la derecha nostálgica son ecos de la I Guerra Mundial. Tener una visión nostálgica de la guerra no es lo adecuado, hay que fijarse más en la destrucción y el caos que eso generó”, señaló el cineasta en una visita reciente a Madrid, en la que se reunió con periodistas.

Plano secuencia falso

1917 es, además, una auténtica hazaña técnica, una historia contada visualmente en un plano secuencia falso, pero brillantemente realizado, que por momentos consigue hundir al espectador en el mismo barro en que se mueven los soldados. El director de fotografía Roger Deakins, responsable de la foto de películas como No es país para viejos, Fargo o Blade Runner 2049, y el montador Lee Smith, habitual en los equipos de Mendes y Christopher Nolan, son los autores con el director de esta maravillosa pericia.

Protagonizada por Dean-Carles Chapman y George MacKay –nada de estrellas para revivir el infierno de la guerra–, 1917 cuenta la aventura de dos soldados británicos, Blake y Schofield, que reciben la misión de cruzar territorio enemigo para entregar un mensaje que evitará la muerte de cientos de soldados. Para narrar esta carrera, Sam Mendes hizo una gran apuesta, contarlo con “el idioma de la guerra”.

Los actores protagonistas Dean Charles Chapman y George MacKay.

"El idioma de la película"

La cámara acompañando a los soldados y “un espacio de visión periférica para no dar todo demasiado hecho al espectador”, explica el cineasta. “Es el infierno, caminan y casi no hablan. Hay una sensación tangible de amenaza. Ese es el idioma de la película. En términos psicológicos tiene un paralelismo con las historias de terror y con los thrillers”.

La decisión de utilizar el plano secuencia falso nació de la necesidad de contribuir con un nuevo lenguaje al cine bélico y, en concreto, a las películas sobre la I Guerra Mundial. “Quería que el público viviera la experiencia de estos dos hombres en tiempo real. No es una historia de valentía ni de héroes, sino de coincidencias y golpes de suerte. Lo que yo aportaba a la historia era la forma de rodarla”.

Un virtuosismo técnico que, tal vez, podría despistar al espectador de la verdadera esencia de la historia, del horror y la lucha por la supervivencia de estos soldados. “El plano secuencia es una forma de contar la historia”, afirma Mendes, que advierte: “Hay que olvidarse de la cámara, porque no busco autopromoción. Además, es muy difícil encontrar los cortes porque están muy bien hechos”.

Desastre y destrucción

Esta es la historia de dos inocentes que se vuelven héroes accidentales. Es un relato de amistad que pretendía que fuera creíble. Los personajes son perfectamente reconocibles. Ellos son un buen ejemplo de los soldados de a pie, quería rendir un homenaje a estos personajes”, insiste Sam Mendes, que vuelve una y otra vez sobre el asunto de la identidad, el nacionalismo y el patriotismo.

“Yo amo a mi país –sentencia–, pero no me interesa personalmente el patriotismo, aunque como tema me parece muy interesante. En la película quería transmitir la experiencia de la guerra, hubiera dado igual que fueran dos soldados alemanes o franceses… Todos eran personas en una situación extrema. No es un asunto de victoria nacional, sino de supervivencia. Schofield es un hombre que ni siquiera quiere ir a esa misión. Es una especie de héroe accidental, le han llevado a serlo las circunstancias”.

1917, que nada más empezar el año es ya una de las grandes películas que se verán en 2020, no es, en palabras de su creador, “una historia que va sobre el caos y la confusión. Es una película que habla de las escalas de desastre y destrucción. Por eso muestro esos niveles a los que tienen que llegar los personajes, para entender la dimensión del desastre de la guerra”.

Al ritmo de la angustia que viven los personajes, el espectador se acerca al infierno de una guerra. “No sé si he aprendido algo de esta película o si la gente aprenderá algo, creo que es más bien una experiencia”. Una especie de experimento artístico que, sin duda, consigue perturbar, pero que además regala el placer de asistir a una insólita maestría cinematográfica.

El director Sam Mendes, en el rodaje de la película.