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Series de TV 'La extraordinaria playlist de Zoey': pros y contras de escuchar pensamientos ajenos en forma de número musical

HBO estrena 'La extraordinaria playlist de Zoey', una dramedia musical con una protagonista empeñada en ayudar a los demás.

La extraordinaria playlist de Zoey. / HBO
La extraordinaria playlist de Zoey. / HBO

De los muchos superpoderes que puede adquirir un ser humano en la ficción, el de leer la mente está demostrado que suele ser uno de los más molestos y problemáticos a la hora de socializar e intentar llevar una vida medianamente normal. Será útil en infinidad de situaciones –nadie lo duda–pero, a la larga, siempre acaba trayendo problemas.

Y eso es lo que le ocurre a la protagonista de La extraordinaria playlist de Zoey, una joven que de pronto adquiere la habilidad de conocer los pensamientos y estados de ánimos de los demás en forma de números musicales. Creada por Austin Winsberg y estrenada hace unos meses por NBC, llega ahora a España a través de HBO con una segunda temporada ya confirmada.

Zoey es una desarrolladora de aplicaciones de éxito con aspiraciones de ascender en el trabajo. Vive sola en su impersonal apartamento en San Francisco, está muy unida a su familia y suspira por un compañero de oficina que, para su pesar, está comprometido. En la vida de esa joven arrolladora, alegre y llena de energía el drama también tiene cabida. Su padre, al que adora, sufre de una enfermedad neurológica que lo ha convertido prácticamente en un vegetal.

La extraordinaria playlist de Zoey. / HBO

Su miedo a ser víctima de la misma enfermedad hace que, tras unos dolores de cabeza que su madre (Mary Steenburgen) achaca al estrés, decida acudir al médico para hacerse una resonancia. Y cuando está allí, en ese tubo blanco con la luz al máximo y un hilo musical pensado para relajarla que tiene en realidad el efecto contrario, se produce un terremoto.

Consecuencia de ese incidente adquiere una extraña habilidad: escucha los pensamientos y sentimientos de los demás como números musicales perfectamente coreografiados. Eso se traduce en ir tranquilamente paseando por la calle cuando, de pronto, pasa un agraciado deportista a la carrera y tres mujeres le cantan al unísono mientras siguen su desplazamiento con la vista. Tal cual. Es una de las escenas del primer episodio, dirigido por Richard Shepard. Pero esos números musicales solo suceden en la cabeza de la protagonista. En realidad, fuera de su mente la gente sigue con su vida normal sin esa banda sonora en la que lo mismo suena el All By Myself de Celine Dion que el I Can’t Get No Satisfaction de los Rolling Stones.

La extraordinaria playlist de Zoey. / HBO

Tener ese superpoder la desconcierta, como no podía ser de otra manera, pero la ayuda a conectar con el mundo que la rodea y conocer mejor a quienes forman parte de su entorno. Su vecina Mo (Alex Newell) se convierte en su mejor aliada a la hora de intentar entender y controlar esta recién adquirida habilidad. Como DJ, goza de una vasta cultura musical que ayudará a Zoey, algo verde en cuanto a temas e cantantes se refiere, a interpretar los mensajes musicales que recibe convirtiéndose en su confidente. Y ella, empática a más no poder, intenta guiar a los demás para que se sientan mejor.

Hasta ahí, suena bien. Sobre todo cuando gracias a conocer los pensamientos de los demás vuelve a poder comunicarse con su padre (Peter Gallagher) y conecta a niveles muy personajes con el chico de la oficina que tanto le interesa, Simon (John Clarence Stewart). Por el contrario, no es tan bueno descubrir que su mejor amigo, Max (Skylar Astin), está secretamente enamorado de ella, que su jefa (Lauren Graham) vive en una insatisfacción permanente o la doble vida de su vecina y amiga. Porque en su empeño por ayudar, mete la pata. Es un efecto colateral de entrometerse en los secretos cantados del resto.

Con una trama así, La extraordinaria playlist de Zoey se lo juega todo a la capacidad del espectador en lo que a suspensión de la incredulidad se refiere. Es decir, quien entre a ver esta serie debe partir de la base de que no hallará sentido alguno en una buena parte de las escenas. Para que funcione no queda otra que creérselas tal cual son mostradas. Sin preguntarse cómo puede permanecer en pausa Zoey durante el tiempo que dura el número musical de turno sin que los demás se den cuenta o cómo es posible que el pensamiento o estado de ánimo de una sola persona haga que quienes le rodean también bailen en la mente de su protagonista. Da igual, creérselo, sin más, ha de ser el contrato que firme el espectador con la serie para poder disfrutarla.

Superado ese paso previo y con un piloto resultón, lo que se encuentra una vez dentro es un reparto entregado a la causa, una protagonista con carisma y dos bandos en cuanto a la trama romántica se refiere. O se es 'team Max' (el amigo simpático y atento) o 'team Simon' (el guapo e intenso compañero). Zoey es el pegamento entre todos ellos y la parte musical se presenta como el gran aliciente que ofrece este título. Eso y su San Francisco lleno de espacios coloridos y alegres con apariciones esporádicas de planos del Golden Gate para que nadie olvide donde transcurre la acción y de aquellas casas que popularizaron Padres forzosos.

Lo que no termina de encajar, pese al empeño puesto en ello, es la mezcla de tonos y la rapidez con la que se pasa de la comedia al drama más absoluto. Y, así, lo que empieza con mucha fuerza, acaba diluyéndose por falta de consistencia y empuje en los cinco capítulos facilitados a los medios antes de su estreno en HBO.

Aún así, La extraordinaria playlist de Zoey no deja de ser una serie entretenida que puede funcionar bien en un mes de calor sofocante como agosto para desconectar en mitad de las vacaciones dejándose llevar por el gancho romántico de su historia y el juego de adivinar el título de la canción. Después de todo, la premisa de la que parte y que esgrime, que la música puede ayudar a expresar lo que las palabras sin más no pueden, es una verdad universal.