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Teatro en Madrid El arte defiende la enfermedad mental

La Compañía 10&10 de Mónica Runde, Inés Narváez y Elisa Sanz en coproducción con Teatros del Canal estrena 'Precipitados', para dar voz a las víctimas de suicidio y al dolor de sus familiares contra la indiferencia de la sociedad.

La obra 'Precipitados'
Escena de la obra 'Precipitados'.

Los momentos más críticos de la pandemia pusieron en evidencia los límites y las deficiencias de nuestras sociedades modernas. Si alguien todavía tenía dudas acerca de las desigualdades sociales, los cadáveres amontonados en bolsas negras nos confirmaron una vez más que los pobres y los indocumentados siguen siendo miserables incluso después de la muerte.

Y mientras la política se olvidaba de los ancianos en las casas de cura condenados a agonizar encerrados en sus cuartos, la sociedad entera ignoraba la plaga del suicidio entre los jóvenes. Las coreógrafas Mónica Runde, Inés Narváez y la escenógrafa pluripremiada Elisa Sanz de la Compañía 10&10 otorgan el espacio privilegiado de Teatros del Canal a la salud mental, a las víctimas por suicidio y a sus familiares en Precipitados.

En España los jóvenes entre 15 y 29 años mueren más por suicidio que por accidente de tráfico o enfermedad

Mónica Runde, bailarina con una larga trayectoria y fundadora de la compañía, nos explica que se trata de unas estadísticas escalofriantes: "en España los jóvenes entre 15 y 29 años mueren más por suicidio que por accidente de tráfico o enfermedad. Es la primera causa de muerte en esa franja de edad". La importancia de afrontar el tema se vuelve imprescindible a la hora de enfrentarse con unos datos que en el pasado no han reflejado la realidad.

Como reitera Elisa Sanz: "hubo una época en la que no se daban estadísticas porque se creía que eso iba a aumentar los suicidios, creo que es una tontería. Hay que hablar de esos temas para generar empatía. Hay enfermedades mentales algunas graves y otras no tanto que simplemente con una previa atención resultaría que podríamos salvar muchas vidas. De eso se trata, creíamos que era un tema muy importante".

La vida, la muerte y el arte

Una temática todavía más urgente vista la infinita espera a la que se tienen que someter los pacientes si quieren ser atendidos por la sanidad pública, cuando no tienen recursos suficientes para los prohibitivos precios de los terapeutas privados. Pero ¿cuál es la relación entre creación artística y suicidio? Las tres no saben por dónde empezar, es Inés Narváez que esta vez toma la palabra.

La dramaturgia incita a que el público tome conciencia de la pluralidad del arte

"El suicidio es dejar ir. Cuando te enfrentas a una creación hay una parte de ti que no vuelve, la dejas ir. Nosotras reivindicamos mucho las artes escénicas en vivo porque cada acto es único y no va a volver, en ese acto tú eres única y no vas a volver, ya eres otro ser". Está claro que estas artistas conciben el acto performativo como una única partitura en la que las proyecciones, la música, el movimiento, las luces y la dramaturgia van de la mano para que el público tome conciencia de la pluralidad del arte como un surfista cabalgando la ola.

Veremos entonces cómo la belleza se apodera del dolor, el cuerpo caído del suicida ya no es el cadáver destrozado sino un Ícaro moderno. La madre que no es capaz de vivir después de la muerte del hijo se vuelve una piedad de Miguel Ángel que sufre por la culpa de la pérdida. Y el más allá recuerda vagamente el Infierno de Dante, donde los suicidas eran relegados por la moral católica.

"Hay tres puntos de vista dentro de la pieza", me explica Mónica Runde, "no solamente está mostrar el dolor a través de la belleza, también se muestra la indiferencia de la sociedad y el dolor que causa la pérdida que es muy importante. El público tiene que empatizar, con lo cual si tú has perdido a alguien sabes lo qué se siente y eso también te lo vamos a mostrar".

¡Libertad para todos!

La calidad estética de la propuesta artística es indudable, pero lo que más sorprende es la fuerza desgarradora de la compañía que parece invitarte desde el comienzo del espectáculo a reírte de los prejuicios. Se trata en el fondo de una bofetada a la vida, no una invitación a dejarlo todo –que sea bien claro– sino más bien un homenaje para todos aquellos que ya no están. "Nosotras, como mujeres de la cultura, estamos obligadas a comprometernos" advierte Elisa Sanz.

Se trata en el fondo de una bofetada a la vida, no una invitación a dejarlo todo sino más bien un homenaje para todos aquellos que ya no están

Un reclamo imposible de ignorar. El psiquiatra italiano Franco Basaglia fue el promotor de la Ley 180 que en 1978 cerró los manicomios en Italia. Basaglia conocía muy bien la condición de deshumanización reservada a los enfermos mentales, asimismo sabía que la ley era solamente un primer paso hacia un cambio más profundo en el seno de la sociedad. Valeria P. Babini, en uno de los ensayos más reveladores sobre la historia de la psiquiatría italiana (Liberi tutti. Manicomi e psichiatri in Italia: una storia del Novecento), retomaba la lección de Basaglia.

"Convencerse de que el otro somos nosotros y sobre todo nuestros miedos, significa aprender a vivir en el respeto y en la apertura, creer en la pluralidad aún más que en la integración. Es más bien una elección, una práctica de la democracia. Pero una elección que para ser emprendida (...) necesita un proceso continuo de autoeducación (...). Este es el legado de Basaglia basado en el valor vivificador de la libertad. Libertad como derecho a existir, para la recuperación de una identidad perdida y negada por la enfermedad".