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De fregar suelos a leyenda mundial

El idolatrado Frank Lampard, casi a los 37 años, también es clave en el Manchester City de Pellegrini que esta noche se enfrenta al Barcelona en Liga de Campeones (20.45 horas)

Lampard, durante el entrenamiento del Manchester City de este lunes. REUTERS

ALFREDO VARONA

MADRID.- Siempre nos quedará Frank Lampard (Londres, 1978). El futbolista que ha cumplido lo que prometió. Ha tardado más que nadie en envejecer. Todavía, casi a los 37 años, capitanea un futbolista que sigue siendo extraordinario por su forma de ser y de jugar, en la que habita un maestro. Así que volverá a ser un placer verle esta noche frente al Barça (20.45 horas, Etihad Stadium), en primera línea, con la autoridad que provoca su mirada y el miedo que despierta su pierna derecha. A partes iguales, reconocen a un tipo que da ejemplo en las islas, "los futbolistas no tenemos por qué ser tan vanidosos". Él, que igual lo fue, ya no lo es, o intenta no serlo, aunque a veces sea difícil. "Siempre es agradable que el marcador anuncie un gol y que el gol sea tuyo".

Sin embargo, pase lo que pase, Lampard nunca será uno más. En su figura se concentra todo, incluso el fútbol de antaño. Los años no han enfriado su sangre de fútbol. Alrededor de su nombre siguen sin concentrarse enemigos. Ni siquiera en Stamford Bridge, donde parecía un hombre para toda la vida. Pero hay amores por encima de los escudos y Lampard, capaz de rivalizar con el atleta Sebastian Coe, lo representa todo en Inglaterra. Representa a un buen padre, a un buen marido, a un hombre inteligente y a un futbolista con una vocación literaria de su profesión. Criado en un barrio suburbial, el de East End en Londres, tuvo, como dice él, la suerte de ser hijo de un futbolista discreto.

Un impetuoso lateral del West Ham, que fue un padre duro y bondadoso con él. El primer trabajo que le propuso fue el de fregar un día a la semana los suelos del gimnasio del equipo; el siguiente, limpiar las botas de jugadores profesionales y estelares en esa época como, por ejemplo, Lee Chapman. Todo un lujo que florece en esa biografía de Frank Lampard y por la que él mismo siente devoción, "porque yo no pretendí que nadie me facilitase nada". Su padre tampoco llegó a hacerle nunca esa oferta. "Al contrario", explicó el propio Lampard en el libro Totally Frank. "Mi padre me crió para la vida y la vida puede ser demasiado difícil dentro y fuera del campo de fútbol".

La cocina mediterránea

A su edad, Lampard suma veinte años de fútbol, desde que arrancó en el West Ham en 1995, pero todavía no se ha gastado. Aún sigue siendo el bombardero. Aún sigue cogiendo la fregona en el vestuario si hace falta, no le importa. Aún sigue tan enamorado de la cocina mediterránea como en los tiempos que duró su relación con una bellísima modelo catalana. Aún sigue yendo por Salou algunos veranos, como en las vacaciones familiares de su infancia. Quizá porque hay cosas que "si le gustan a uno, no tienen por qué cambiar", y quizá por eso mismo Lampard sigue haciendo lo posible para pertenecer a la clase alta del fútbol. Tiene dicho que "a cada año cumplido, el futbolista debe pesar un kilo menos para seguir en la misma forma", y ejerce lo que dice.

Asegura irónicamente que la máxima locura que ha cometido "es la de seguir cuidándose como el primer día en el fútbol". De ahí que continúe a tanto nivel en el City de Pellegrini y sus rivales se enfaden con él, porque "Frank sigue ganando en casi todos los choques". Pero entonces la casualidad no existe. "Nadie entrena como él", señaló Benítez, el entrenador español que le dirigió en el Chelsea. "Si tiene un error en un partido, al día siguiente lo ejercita una hora extra".

En realidad, no se sabe el tiempo que le queda, pero sí se sabe que dependerá de él. Nadie decidirá por Lampard. Nadie decidirá por el ídolo. Ni siquiera el hecho de salir del Chelsea este verano, después de catorce años, ha descendido su motivación. Ha preferido quedarse en el Manchester City en vez de irse a Nueva York, donde la vida sería más cómoda y le ofrecían mucho más dinero. Pero Frank, que nació en el verano de 1978, mientras se disputaba el Mundial de Argentina, ya no juega por dinero. "Es mi última motivación cuando salto a un campo", asegura un hombre que lo ha ganado todo a nivel de clubes, hasta la Liga de Campeones con el Chelsea, y al que sólo ha faltado algo que ya no será posible, un buen Mundial con Inglaterra. Pero en esta vida ni siquiera los dioses pueden tenerlo todo.