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El mito de cuartos

ESPAÑA-ITALIA. La tradición condena a la selección por el día y por el rival, pero su fútbol y su ilusión la obliga a romper de una vez el maleficio. Italia, el ogro, apela

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España ya está donde siempre. En las puertas de los cuartos de final, su techo habitual, el maleficio. Y frente a Italia, un muro inaccesible durante los últimos 88 años de competición oficial, o sea toda la vida. A la selección le conviene no mirar por el retrovisor porque encontrará mil y un argumentos para atormentarse. Necesita mirarse a sí misma, a su saludable estado de juego y pegada. Y quitarse los complejos, y agruparse alrededor del balón y mostrarse la misma fe que la empujó ante Suecia hasta el gol de Villa en el último minuto. España debe recordar que es mejor que Italia. Sin suficiencia, sin exagerada confianza, pero sin un gramo de miedo. Es el combate del carácter.

Tiene que engancharse al juego, que es lo que mejor domina, y conseguirlo en una cita como ésta, que impresiona, es una demostración de carácter. La selección creerá más en sí misma cuanto mejor maneje la pelota. Los italianos no lo necesitan. Se han convencido de que su prosperidad no tiene que ver con el juego, sino con su fortaleza mental en los momentos de la verdad. Su obsesión es reducir los encuentros a cinco minutos, cargarse el fútbol, y apostarlo todo a un cara y cruz que tradicionalmente les favorece. Tantas veces ha ocurrido que se sienten más fuertes; tantas veces ha ocurrido que los demás se sienten más débiles.

Pero es sólo una sensación. Y contra ella trabaja Luis. Con más o menos acierto. Picando a los futbolistas que considera más bajos, minimizando en secreto las facultades de los sobrevalorados rivales, buceando en su cartilla de barrio para jugar más a psicólogo que a entrenador. También ha hablado de fútbol, de la atención a la segunda jugada, de la posesión y del contragolpe. De lo que pierde Italia sin Pirlo y de lo que gana sin Gatusso, de los defectos de los dos peores centrales, porque no lo son, que ha tenido la historia azzurra (Panucci y Chiellini), de los peligros de Toni. Pero para los cuartos, Luis sobre todo ha entrenado la mente de España.

Porque España es propensa al vértigo. Ya lo dijo Torres: “Cuando lleguemos a cuartos, ese partido maldito, todo se convertirá en ansiedad. Sabemos que es nuestro partido clave y nos afecta”. España a menudo se encoge. A Italia eso nunca le pasa. Luis ha tenido tantas tentaciones como motivos para remover la alineación. Para quitar a Iniesta, aupar a Cazorla, rendirse ante Xabi, castigar a Ramos. Algún código futbolero le recuerda que no se cambia lo que funciona. Por eso, todo apunta a que insistirá en el once de la Eurocopa. Pero...

Donadoni, en cambio, está obligado por las bajas a retocar su once. Una excusa más para acogerse al defensivismo que los italianos padecen como patología. España llevará el peso. Con un Casillas insólitamente agrio, con Ramos ofendido, con Puyol y Marchena en flan, con Capdevila iluminado de pelotazos, con Senna siempre solidario, con Iniesta decaído, con Xavi al mando, con Silva flotando, con Villa en racha, con Torres apuntando, con Cesc atento... Con lo que tiene, con lo que hay. Y con eso debe ganar de una maldita vez. A Italia y en cuartos.