Las cinco grandes sombras del PP que Feijóo borra de su balance de 2025
El líder conservador obvia en su repaso del año los nuevos casos de corrupción en su partido, su desgaste en la defensa de Mazón hasta el último momento o las críticas internas a su estrategia de oposición.

Madrid--Actualizado a
En vísperas de Nochevieja y con el 2026 al acecho, Alberto Núñez Feijóo realizaba este lunes un balance del 2025 donde apenas hubo referencias propias y todo el discurso consistía en críticas airadas al Gobierno de Pedro Sánchez. El líder del Partido Popular, tras las elecciones de Extremadura, no oculta ya los acercamientos hacia Vox. Si hace unos meses los de Abascal eran considerados una formación antisistema que quería ver cómo "arde todo", ahora se han convertido en el aliado para "conseguir acuerdos para la gobernabilidad de España".
Pero el año del PP de Feijóo también merece un balance de puertas adentro, en un curso salpicado de altibajos pero que finaliza con la victoria electoral en Extremadura, donde el PSOE se desplomó, pero que ha tenido también la gran constatación de que Vox crece sin freno y se ha convertido en un problema que el PP no sabe contener. Las grandes crisis del PP que han afectado a Feijóo a lo largo del año han sido cinco:
Un modelo de oposición cuestionado
Ser líder de la oposición desgasta y pasa factura como un cargo público más y Feijóo puede dar buena prueba de ello. Durante 2025, los dos expresidentes populares del Gobierno, José María Aznar y Mariano Rajoy, dejaron en varias ocasiones críticas veladas a la forma de Feijóo de confrontar con Pedro Sánchez. Ambos le aconsejaban dejar de pedir adelantos electorales (una constante en su discurso) para no generar frustración entre los votantes y que aprovechara la legislatura para vender un proyecto de país alternativo. Rajoy insistía en la necesidad de proyectar un discurso "moderado", mientras Aznar aconsejaba que dejara de hablar de un gobierno bloqueado por su minoría parlamentaria cuando sería mejor estrategia acusarlo de desmontar el Estado de derecho.
La urgencia del discurso de Feijóo ha llevado a que, a lo largo del año, este haya liderado dos manifestaciones por Madrid. Una, en Plaza España y otra en el Templo de Debod, para un total de siete en esta legislatura, donde no se ha constatado un aumento de la participación, pero que han servido para que el PP eleve aún más el tono contra Sánchez, algo que también le sirve para competir con Vox por el electorado más ultra. La estrategia no ha servido para que los votantes reconecten con Feijóo, que está en uno de sus momentos más bajos de popularidad y aprobación, según el último CIS.
Dentro de esos gestos cada vez más extremos, hay una comparación que constata un cambio de tono: en marzo de 2025, Feijóo acudió a la Moncloa a reunirse con el presidente y hablar del plan de rearme que pedía la OTAN. El encuentro no fue fructífero, como cabía esperar, pero esa reunión se encuadró dentro de la normalidad democrática. Meses más tarde, Feijóo se negaba a acudir al inicio de curso judicial, que contenía en su orden del día un discurso del entonces Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, a la puertas de sentarse en el banquillo. "Mi presencia no puede validar los ataques del presidente a determinados jueces", alegó Feijóo para justificar sus gestos cada vez más cercanos a Vox.
La contínua sombra de Vox
La relación con Vox ha marcado el año de Feijóo y todo el Partido Popular. El auge de la extrema derecha hasta nuevas cotas de representación comienza a ser un problema para el partido y ha pasado por todas las fases posibles: negación del problema, competir con Vox por el votante ultra, críticas a Abascal por hacer una "pinza" con el PSOE para, finalmente, asumir que tendrá que llegar a acuerdos "para la gobernabilidad de España" si quiere alcanzar la estabilidad y el poder.
Durante 2025, el PP ha intentado emular las líneas básicas de Vox en cuanto a migración, ha asumido la cuestión como un "problema", ha denunciado la falta de seguridad en las grandes ciudades y ha propuesto deportar a todos los extranjeros que cometan delitos. La disputa con los de Abascal ha llevado a Feijóo a asumir muchos de sus postulados, algo que los expertos ven como un problema tanto a corto como a largo plazo.
Corrupción en el PP
A finales de junio, Feijóo revalidó en un congreso nacional el puesto de presidente del Partido Popular y próximo candidato a las elecciones generales. Tras una disputa de puertas hacia adentro contra Isabel Díaz Ayuso por el sistema de primarias, el expresidente gallego impuso su doctrina y llegaba al verano con euforia. El encarcelamiento preventivo de Santos Cerdán era la puntilla que hacía tambalear al Gobierno de coalición de PSOE y Sumar. Sin duda, esta etapa preveraniega de 2025 fue la más optimista para Feijóo y los suyos.
Sin embargo, la mácula de la corrupción llegó de nuevo al Partido Popular justo cuando Feijóo intentaba ahondar en el caso Koldo. La estrategia popular quedaba ensombrecida en dos ocasiones: primero, en verano estallaba el caso Montoro, una investigación judicial en torno al exministro de Hacienda y su antiguo despacho profesional, Equipo Económico, por un total de hasta siete delitos, entre ellos tráfico de influencias y prevaricación. La UCO sospecha que maniobraron para sacar adelante leyes y beneficios fiscales a empresas a cambio de pagos y comisiones, usando información confidencial. Feijóo intentaba reaccionar rápido y lograba que Montoro se diera de baja como afiliado del partido.
Y ya en noviembre, desde Almería llegaba un nuevo caso de corrupción en el seno del PP: el presidente de la Diputación de Almería, Javier Aureliano García, el vicepresidente, Fernando Giménez, y el alcalde de la localidad almeriense de Fines, Rodrigo Sánchez, eran detenidos por el caso mascarillas tras una investigación judicial que concluyó que había "sospechas fundadas" de delitos de cohecho, malversación de caudales públicos y blanqueo de capitales. El PP reconocía desde Madrid que el caso les podía pasar factura en las elecciones andaluzas y todos los cargos eran suspendidos de militancia.
La dimisión en diferido de Carlos Mazón
Probablemente, el capítulo del president valenciano sea el que más haya agotado la imagen de Feijóo frente a la ciudadanía. El presidente del PP mantuvo las distancias con Mazón durante los primeros meses de 2025 para acabar acostumbrándose de nuevo a su presencia en actos del partido. Mazón volvía a ser uno más dentro, pero en el aniversario de la DANA la movilización popular contra el president desembocó en su dimisión, siendo sustituido por Juanfran Pérez Llorca, que hizo un discurso de investidura a la medida de Vox para tener su apoyo en la votación parlamentaria.
Mazón abandonó la vida política justo antes de que la jueza de la DANA pidiera la declaración de Feijóo como testigo, que al entregar sus mensajes del teléfono móvil dejó constancia de que no estuvo informado "en tiempo real" de lo que sucedía en València, como aseguró dos días después de la tragedia. Los mensajes también confirmaron que Mazón mintió en la comisión del Congreso cuando dijo que "nadie sabía que la gente se estaba ahogando (…) hasta las 5:00 de la mañana del día siguiente", dado que Feijóo fue informado de ello a las 23:25 del 29 de octubre de que había "muertos en Utiel".
Cada versión contradictoria de Mazón desgastaba aún más a Feijóo, así que su dimisión fue un alivio en Génova, que aseguraba a toro pasado que no iba a dejar al alicantino presentarse de nuevo a las elecciones en la comunidad.
Desgaste territorial por la gestión de los servicios públicos
Más allá de la dimisión de Mazón, Feijóo ha sufrido también el desgaste de las políticas implementadas desde las comunidades autónomas. Un hito fundamental del año fue la polémica de los cribados de cáncer de mama en Andalucía, donde la consejería de Sanidad dejó sin atender a miles de mujeres en pruebas fundamentales para su salud. Meses antes, se produjo la dimisión Alfonso Villares, conselleiro de la Xunta de Galicia, por una denuncia de acoso sexual, un caso que ha sido recientemente archivado y donde ahora la Audiencia Provincial de A Coruña tiene que decidir si confirma el sobreseimiento. En diciembre se sumaba la renuncia a la militancia del alcalde de Algeciras (Cádiz), José Ignacio Landaluce, tras ser denunciado por acoso y malversación.
Pero en Castilla y León también hubo problemas: los incendios del verano pusieron en tela de juicio la gestión de Mañueco al frente del gobierno regional y provocaron que el presidente fuera llamado a un pleno extraordinario para dar todas las explicaciones sobre el incendio más grave en la historia de la comunidad autónoma. El remate fue en Madrid con el caso del hospital público de gestión privada de Torrejón, donde se descubrió que descartaban pacientes y elegían otros en función de la rentabilidad tras publicarse un audio del CEO de Ribera Salud.


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