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Remontada contundente

El Athletic se afianza en Europa y deja al Almería muy tocado como colista (1-3)

ALBERTO CABELLO

 

Los arbitrajes de Mateu convierten los partidos en un libro con muchas páginas por leer. No hay mucho tiempo para que el balón repose. Para que el colegiado dictamine que hay que parar el juego la falta debe ser clamorosa. Fue una historia muy larga la que desarrollaron ayer el Almería y el Athletic. Y es que a estas alturas las cuentas de casi todos los equipos salen cuando los puntos saltan de tres en tres. Así que para nada el partido tuvo ritmo lento.

Ya en el primer minuto, el equipo de Caparrós sometió a un acoso la portería de Diego Alves. La jugada de estreno sirvió también para que los 22 jugadores testaran ese sigan jugando que tanto llama la atención en los encuentros que dirige el árbitro valenciano.

Los vascos se metieron en un problema por una equivocación propia. Orbaiz olvidó asegurarse que ningún jugador del Almería merodeaba entre los centrales antes de retrasar la pelota. Pero sí que estaba Piatti. Su estampida ante el regalo dejó a los defensas vendidos y a Iraizoz sin opciones de evitar que el Almería marcara.

De este Athletic se ha glorificado mucho esta temporada que ha refinado su gusto a la hora de tratar la pelota. Ahora bien, la historia todavía tiene su peso. Los vizcaínos son de esos equipos que más sensación de peligro emiten en una jugada a balón parada. Es tanto el poderío de sus hombres altos que hace falta toda una cuadrilla para cubrir a tanta atalaya. En un saque de esquina se olvidaron de Gurpegi. Alves no pudo parar el balón y el más bajito sacó provecho del trabajo de los gigantes. Muniain cazó el rechace y empató.

La sensación que transmite el Almería es que le cuesta mucho menos poner los partidos de cara que anestesiarlos. No hubo jerarquía suficiente en el centro del campo para frenar al rival. Le resultó muy fácil dar la vuelta al marcador a un Athletic con las ideas mucho más claras. Lo hizo además con dos muy buenos goles. Uno de ellos de Toquero, un futbolista que a medida que pasan los partidos pule más y más su repertorio. Llegó como gladiador al equipo y ahora se gusta en acciones como la del segundo tanto de anoche. Tampoco se quedó atrás la sentencia del triunfo conseguido por Orbaiz.