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La covid-19 provoca incertidumbre en la Bolsa pero un impacto relativo

Los mercados bursátiles premian a las tecnológicas y castigan a los bancos y al turismo y se erigen en el refugio de inversores que buscan rentabilidad a medio plazo, según los expertos financieros

Protesta frente a la Bolsa de Barcelona. ACN
Protesta frente a la Bolsa de Barcelona. ACN

Dos días después de la declaración del Estado de Alarma (el 16 de marzo), la Bolsa cayó hasta los 6.107 puntos, consiguiendo su mínimo anual y situándose casi un 40% por debajo del máximo de 2020, alcanzado el 19 de febrero, cuando el Ibex-35 llegó a los 10.083 puntos. Este ejemplo podría llevar a la conclusión de que los mercados bursátiles reflejan como un espejo la situación del contexto económico, marcado por la pandemia de la covid-19. Pero la realidad desmiente la creencia. El Ibex cerró la tercera semana de septiembre en los 6.929 puntos, un 13% por encima de su mínimo de marzo.

Los expertos financieros, en un primer momento, vinculaban la aparición del coronavirus a la figura del ‘cisne negro’, en el que los mercados convulsionan por un fenómeno inesperado. Sin embargo, la vicepresidenta de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas de España, Montserrat Casanovas, descarta este caso. "Por su carácter global, por la intensidad con la que ha golpeado a más de 23 millones de personas en todo el mundo y por su duración, no se trata de un cisne negro".

"Una de las consecuencias que ha provocado el coronavirus es que ha eliminado la tranquilidad que tuvieron las bolsas el año pasado", explica Casanovas. En 2019, todos los selectivos presentaron índices de rentabilidad altos. De hecho, el Ibex 35 obtuvo un 11,82%, siendo uno de los menores a nivel mundial. En el caso del S&P 500, que reúne a las 500 empresas cotizadas más importantes de EEUU y se considera muy representativo del entorno del mercado, creció un 28% durante el año pasado.

La volatilidad, por sectores

A partir de la aparición de la pandemia, la incertidumbre planea sobre el entorno bursátil. Así lo demuestra el Índice VIX, que mide la volatilidad del S&P 500. A principios de año, se encontraba en los 12 puntos. Tras los primeros días de confinamiento económico se disparó hasta los 82. Ahora, seis meses después, y gracias a las políticas públicas de reactivación y a las medidas de los bancos centrales, el valor está en 26 puntos, más del doble que en el mes de enero de 2020.

Casanovas reconoce que "la sensación de intranquilidad que genera el coronavirus en los inversores es relevante". A pesar de eso, admite que la volatilidad también va por barrios. Los valores que más se han visto perjudicados son los más expuestos al ciclo económico, como el turismo, los hoteles, las aerolíneas y los bancos. El más beneficiado ha sido el Nasdaq, que agrupa a los valores tecnológicos. Este índice ha conseguido rozar los 11.000 puntos, un 70% más que el 16 de marzo y un 30% por encima respecto a principios de este año.

El poco peso de estos valores en el Ibex ha hecho que este se comportara de forma diferente. Casanovas recuerda que en el selectivo español "no existe representación de los valores de las tecnológicas, plataformas digitales o de comercio electrónico".

El oro, como valor refugio

La Bolsa funciona a través de expectativas y ahora están sobrevaloradas. Así lo ve el profesor del Departamento de Econometría de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universitat de Barcelona (UB) y experto en mercados financieros, Salvador Torra. "Habrá correcciones en las tecnológicas y tal vez explote una burbuja como la inmobiliaria". Torra pronostica que la próxima crisis será de la deuda, especialmente en zonas como el Estado español, y que el comportamiento de la Bolsa anticipa entre cinco y seis meses al de la coyuntura económica. "El nivel bursátil se sitúa muy por encima de los valores de las empresas, por lo que el índice está sobrecalentado". Como muestra, los cinco gigantes tecnológicos (Apple, Facebook, Amazon, Google y Microsoft) ya suponen un 25% del valor total del S&P 500.

Ante estas expectativas, Torra comenta que los fondos de inversión se están refugiando en el oro por la incertidumbre. Así, crecen las compras físicas del metal y también en minas para obtener rentabilidad. Más allá de los efectos de la pandemia del coronavirus, el profesor precisa que los años electorales en EEUU, como este, no acostumbran a ser buenos para las bolsas.

Las acciones del Banco Central Europeo (BCE) para controlar los tipos de interés y dotar de liquidez a los mercados crean una desviación a la hora de comparar el momento económico y el bursátil. Torra revela que "los particulares y los fondos de inversión se refugian en la Bolsa porque hoy en día no existe una alternativa en la que obtener una rentabilidad aceptable a medio plazo". Un precio del dinero anormalmente bajo para regular la inflación está trasladando a las bolsas los capitales de inversores que asumen un cierto riesgo para lograr beneficios. Es lo que Torra denomina "distorsión de los recursos financieros".

El reino de la especulación

En el Ibex-35, las acciones han recuperado la mitad de su valor en solo medio año, después del hundimiento de marzo y abril. Las inyecciones masivas de los bancos centrales, destinadas a calmar a los mercados, provocaron un aumento inmediato de los títulos justo en el momento en que la producción se encontraba paralizada.

El capítulo que se observa con la evolución de los índices bursátiles desde la aparición del coronavirus es un nuevo episodio de la crisis financiera de hace una década. La ortodoxia económica relata que con tipos de interés bajo e inyecciones públicas de liquidez, los bancos y las empresas aumentan sus inversiones porque tienen efectivo. La realidad muestra que se incrementan los movimientos especulativos y se infla el precio de los activos bursátiles. En la orgía de recursos monetarios, las acciones, los bonos y las propiedades siguen aumentando su cotización, pero los efectos en la economía y la productividad apenas se notan.

En el futuro, la evolución del mercado bursátil pende de una gran incertidumbre, vinculada a la recuperación sanitaria, económica y social. Mientras tanto, los inversores recomiendan cautela y diversificar la cartera de valores para sacar rentabilidad, a la vez que se minimicen los riesgos.

Los mercados financieros y la economía real, desconectados

Por otra parte, también hay que tener en cuenta que la leve recuperación de los mercados financieros, que han remontado ligeramente el vuelo respecto a la situación de la primavera, no se refleja en los balances empresariales y en los pronósticos económicos. En el Informe Trimestral del Banco Internacional de Pagos (BIP), se asegura que "la corrección se ha producido por los respaldos en política monetaria y fiscal y por la mejora de la confianza de los inversores". A pesar de eso, el estudio indica que el cambio de tendencia ha sido "frágil e incompleto", por lo que "las elevadas valoraciones de las compañías están desconectadas de las perspectivas económicas, especialmente en algunos segmentos de los mercados de renta variable y fija".

El responsable del departamento Monetario y Económico del BIP, Claudio Borio, apunta que "observando los indicadores, apreciamos una distancia entre los precios de los activos de riesgo y las representaciones económicas, aunque está apareciendo una cierta sensibilidad de los inversores a las consecuencias del actual entorno".

Claudio Borio distingue entre la evolución de los mercados financieros de EEUU y China, en el que los índices han vuelto a los registros previos a la pandemia, sobre todo las firmas tecnológicas y sanidad, y los de Europa, donde hay menos empresas de estos sectores. Cotizan peor que antes de la Covid-19, los ámbitos financieros, energéticos e inmobiliarios, más expuestos a los riesgos. Además, estas compañías, según el análisis del BPI, han incrementado su nivel de deuda, que ya era bastante elevado antes de la crisis, por lo que requerirán nuevas fuentes de financiación.

Lleida.net desembarca en Nueva York

Finalmente, como apunte esperanzador cabe destacar una noticia que llega desde una pequeña tecnológica de Lleida. Los accionistas de la leridana Lleida.net han aprobado la salida de la empresa a la Bolsa de Nueva York. El desembarco de la firma se realizará en el segmento Otcqx del OTC Markets Group, en el que cotizan empresas que no poseen los requisitos para hacerlo en índices como el tecnológico Nasdaq y que afrontan unos costes inferiores a los de otros mercados bursátiles. Esta operación se une a la entrada de la empresa al BME Growth de la Bolsa de Madrid y al Euronext Growth de París, lo que la posiciona como la única entidad estatal que está presente en estos tres lugares.
El consejero delegado de Lleida.net, Sisco Sapena, justifica la decisión por la necesidad de "convertirnos en un actor en un escenario global con el objetivo de facilitar el acceso a los nuevos inversores".

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