La industria de defensa española va como un tiro gracias al gasto público: el rearme europeo impulsa las armas 'made in Spain'
La industria armamentística en España vive su mejor momento desde la pandemia, espoleada por el aumento del gasto militar de los países europeos, incluida España.
En 2024 la facturación del sector se incrementó un 16,2% y las perspectivas para 2025 son mejores. Algunos críticos advierten de que el fuerte aumento del gasto en defensa implicará futuros recortes.

Madrid--Actualizado a
Corren buenos tiempos para la industria armamentística en España. El pasado 6 de octubre la patronal del sector, la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (Tedae), presentó junto a la consultora PwC un informe (PDF) sobre sus cifras de negocio en 2024: la facturación alcanzó los 16.153 millones de euros, un 16,2% más que el año anterior. Esta cantidad supera por primera vez el volumen de negocio que había antes de la pandemia de covid.
El informe auditado por PwC también certifica que la industria de defensa contribuyó a la economía española con 21.919 millones de euros de Producto Interior Bruto (PIB) —el 1,27%—, y exportó casi 10.000 millones. La actividad económica en defensa y demás sectores supuso el 2,3% de la cifra de negocio total de la industria española en 2024.

Otras cifras son igual de halagüeñas, entre ellas el impacto del negocio de la venta de armas en el mercado laboral: 260.049 empleos generados, el equivalente al 1,2% del empleo nacional y al 10% del empleo industrial de España en 2024.
El crecimiento del sector de la defensa es más que evidente en la última década. En 2014 las empresas del ramo facturaron 9.400 millones de euros, un 42% menos. El boom que está viviendo el sector —su mejor momento en seis años— se explica en buena medida por el aumento del gasto en defensa que, acuciados por un entorno geopolítico marcado por la necesidad de rearmarse, están acometiendo todos los Gobiernos europeos al calor de las directrices de la Unión Europea.
Sin embargo, financiar ese rearme puede beneficiar a la industria armamentística pero tiene otras repercusiones no tan positivas. Aumentar el gasto en defensa sin que afecte al gasto social es como intentar taparse la cabeza y los pies con una manta demasiado corta: no da para todo. Si los Gobiernos europeos gastan más en defensa, tendrán que recortar en otras partidas.
El caso de Alemania es paradigmático. Por evidentes razones históricas, el Estado alemán siempre se ha caracterizado —incluso desde el punto de vista normativo— por la contención en el gasto militar, pero el nuevo Ejecutivo encabezado por Friedrich Merz ya ha anunciado recortes en el Estado de bienestar y en las pensiones mientras apuesta por incrementar significativamente el gasto en defensa. Es más, el Gobierno alemán quiere llegar al 3,5% del PIB en 2029 frente al 2% actual. En cifras absolutas, eso supone que el presupuesto militar alemán pasará de unos 95.000 millones de euros a 160.000 millones en 2029. Las cuentas no engañan: son 65.000 millones de euros más al año. Y eso habrá que pagarlo.
El economista Fernando Luengo lleva tiempo analizando este aumento del gasto en armamento. Frente a quienes argumentan que el crecimiento del gasto militar es compatible con el gasto social y productivo, Luengo asegura justo lo contrario, que más dinero para armas resta parte del que se destina al gasto social. "Pretender hacer compatible el aumento del gasto militar con el social es una gran mentira que, como tantas otras, se pretende colar entre la ciudadanía con mucha propaganda y poco debate", matizaba hace unos días en una charla.
Para Luengo es imposible hacer una valoración del impacto económico del gasto militar "si no se realiza un análisis previo de las necesidades y urgencias sociales, productivas y climáticas". El veterano economista cree que se ha hurtado ese debate a la ciudadanía.
Tedae sostiene, como era previsible, un discurso absolutamente contrario. Para la patronal del sector de defensa las buenas cifras de su negocio repercuten de manera positiva en la economía, el empleo, en las exportaciones, el comercio y la inversión en I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación).
El hambre y las ganas de comer
En cualquier caso, las empresas españolas van donde está el dinero. Y ahora mismo el grueso del negocio está en Europa, el principal mercado de la industria armamentística: es allí donde acaban el 72,2% de las exportaciones. De hecho, Europa va a gastar este año 381.000 millones de euros en defensa.
Tampoco hay que olvidar el mercado interior. España también ha disparado la inversión destinada a defensa en 10.471 millones este 2025 y ha alcanzado el 2% del PIB en gasto militar —este año gastará en torno a 33.000 millones de euros—, un dato que certificó la propia OTAN a finales del pasado mes de agosto. En términos absolutos, España ha triplicado su gasto en defensa entre 2019 y 2025, y eso ha espoleado claramente al sector.
Europa va a gastar este año 381.000 millones de euros en defensa
"Estamos en un momento excepcional en el sector de la defensa. Asistimos sin lugar a duda a un nuevo orden geopolítico mundial donde la UE quiere y necesita también establecerse como un referente mundial", explica Carlos Benjumea, director general y responsable de la División de Defensa de Catenon, empresa especializada en recursos humanos.
Este buen diagnóstico de la situación era compartido el pasado lunes por Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria, que estuvo presente en la presentación del informe anual de Tedae. "Nos hemos encontrado el hambre con las ganas de comer. Por un lado, las necesidades de defensa y, por otro lado, de la reindustrialización y la necesidad de poner la competitividad en el centro de nuestras iniciativas", resumió de manera gráfica García Brustenga.
Las perspectivas de cara al futuro son incluso mejores. Aunque España ya acumula un 3% de las exportaciones mundiales de armas y el gasto en armamento no ha dejado de crecer en los últimos 40 años, la industria de defensa se apresta a vivir años incluso mejores años impulsada por el dinero público de los países europeos, dispuestos en su mayoría a llegar a la cota del 5% del PIB marcada por Donald Trump a sus socios de la OTAN antes de 2025. La UE también ha anunciado que va a movilizar 800.000 millones de euros para rearmarse. El Gobierno español no es tan ambicioso y pretende mantenerse en el 2,1% del PIB y gastar unos 36.000 millones al año de media.
El crecimiento futuro de la industria armamentística se basa en una demanda interna "pujante" y a una externa "todavía más potente"
En cualquier caso, hay mucho pastel por repartir. Desde Tedae destacan el crecimiento futuro del sector se basa en una demanda interna "pujante" y a una externa "todavía más potente". "Son industrias de futuro, avanzadas, tecnológicas, innovadoras y trabajan con visión de largo plazo", dijo el presidente de Tedae, Ricardo Martí Fluxá el pasado lunes.
En su discurso, el presidente de Tedae aportó —quizás sin quererlo— una clave: el apoyo que el sector está recibiendo por parte de las instituciones públicas y de los Ministerios de Defensa e Industria. Porque el principal actor del sector armamentístico español es el propio Estado, que por un lado es un potencial cliente, pero que también es propietario o socio de referencia de tres de las principales empresas del ramo: la aeronáutica Airbus, la naviera Navantia y la tecnológica Indra. Aviación, Marina e Infantería. Hace poco más de una semana, estas tres empresas recibieron 7.334 millones de euros en préstamos por parte del Gobierno para la prefinanciación de 13 proyectos para la modernización militar del país aprobada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez y de la que la industria española ya está recogiendo los frutos.


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