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Covid-19 La pandemia sitúa a España ante su dependencia del ladrillo, la playa y el motor

Los expertos observan el parón de la pandemia como una oportunidad para elaborar un ‘green deal’ propio y reorientar hacia nuevos campos un sistema productivo ineficaz y obsoleto en el que destacan por su peso una industria dependiente de una cadena global gripada, un sector turístico en jaque por las restricciones a la movilidad y una construcción que se tambalea de nuevo tras haber provocado junto con la banca la anterior crisis

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Las restricciones a la movilidad amenazan un negocio turístico que importa 60 millones de euros al año y saca otros veinte del país cada año. / Rafael Ochoa (Pixabay, CCO),

"Hemos perdido el control de nuestro tejido productivo y nos hemos incorporado a cadenas globales de valor que aprovechan en otros territorios el que genera nuestra economía", sostiene Juan Torres López, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Sevilla, que aboga por "replantear los circuitos de producción y distribución" para "hacer que pivoten sobre nuestros propios recursos" y por "fomentar un tipo de consumo más vinculado al territorio" como ideas-fuerza sobre el sistema económico español, el cual, como la práctica totalidad de los occidentales y/o occidentalizados, afronta un parón cuya realidad y consecuencias, tan inciertas como previsiblemente duras, se sitúan entre un pasado imperfecto que acaba con la globalización y el capitalismo ultraliberal que la alimentó en estado agónico y un futuro, sencillamente, indefinido.

El apunte de Torres, partidario de reorientar el sistema productivo español para potenciar campos como los vinculados con la transición enológica, el desarrollo del llamado "cuarto sector", el de los servicios personales y los cuidados, y también el primario para ajustar las actuales dependencias de otros como el turismo, la construcción y la industria del motor, amenazados por las restricciones de la movilidad y por una incertidumbre que ha dejado en el aire las decisiones de consumo de los ciudadanos, resulta paradigmática de los que ofrecen los expertos en economía consultados por Público para analizar el presente y las posibilidades de futuro del país.

La foto de la economía española en vísperas de la pandemia es la de un país capaz de batir cuatro años consecutivos su récord de PIB con crecimientos del 2% al 3% al mismo tiempo que, tras una década con más de tres millones de parados y otra sin recuperar el nivel de ocupación previo, se revela incapaz de resolver averías de tal calado como para que miles de familias necesiten ayuda para poder comer ( ) en cuanto la máquina se para o para que en menos de un mes se volatilicen un millón de empleos y otros cinco queden en el aire refugiados en figuras como los ERTEs y el cese de actividad.

En eso tiene algo que ver una estructura productiva en la que, según los datos del Banco de España, la industria mantiene el mismo peso (alrededor del 20% del PIB) que hace sesenta años, en el que la construcción vuelve al 8% tras los dolorosos altibajos del arranque de este siglo y en el que los servicios y la Administración se han repartido el espacio que dejaba el declive de una agricultura cada vez más industrializada y una ganadería que mira al exterior.

Dentro de ese cuadro, dos subsectores con una clara dependencia del exterior aportan junto con la construcción, que genera un movimiento anual de 96.000 millones y tiene un peso del 8% en el PIB, el grueso de la producción: el turismo, que con 176.000 millones ha llegado en los últimos años a suponer la sexta parte del volumen de negocio del país (14,6%), y un ramo del automóvil, que, como segundo mayor fabricante del planeta (sin marcas propias y en plena transición hacia el coche eléctrico, mueve la mitad de la actividad industrial local con una aportación de más de 100.000 millones ( ) que equivale a la décima parte del PIB.

Los datos de la balanza comercial ( ) que elabora el INE (Instituto Nacional de Estadística) atribuyen al turismo de origen extranjero algo más de un tercio de ese negocio, con 60.000 millones de euros anuales, mientras otros 20.000 viajan en dirección opuesta, en un balance que, hasta a pandemia, situaba a este sector como el de mayor aportación en este campo, en el que el saldo del conjunto del sistema era de 25.000.

Del eventual gripado de las rutas de llegada de los extranjeros y de salida de los turistas locales por las restricciones de la movilidad depende, en buena parte, que la balanza comercial española pase, o no, a ser deficitaria.

Mientras tanto, los datos del saldo comercial, que mide las compras y ventas de productos con otros países sin incluir el consumo de servicios, ponen sobre la mesa otros retos de calibre grueso, perceptibles a simple vista: ¿es sostenible una factura energética de más de 20.000 millones mientras sigue dormido el potencial renovable de España? ¿acaso no apuntan a un infradesarrollo industrial los déficits de más de 12.000 en materia prima y maquinaria y de 8.000 en artículos listos para consumir? ¿quién se lleva el negocio de una industria automovilística que mueve más de 100.000 pero apenas deja 6.000 tras exportar el 80% de la producción?

Un grupo de expertos como Torres, los economistas Eduardo Garzón y Adrian Jofre, economista y socio-director de la consultora beBartlet; el presidente del Consejo General de Economistas (CGE), Valentín Pich, y Luis Aribayos, responsable de Economía y Transformación Digital de Cepyme, han realizado sus aportaciones para analizar la situación y las perspectivas del sistema productivo español a través de un DAFO, una herramienta de diagnóstico con la que, como indican su acrónimo, trata de explorar las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de los engranajes fabriles.

Debilidades: la dependencia del turismo, la deuda y el disenso

"La principal desventaja de la economía española es que siempre ha estado muy volcada en el turismo, y con las restricciones de la movilidad para temas de ocio a escala internacional eso significa que se van a perder unos ingresos clave para muchos territorios", señala Garzón, que considera que el probable mayor consumo interior de turismo por esas mismas limitaciones para viajar no compensará las pérdidas a corto plazo. "Además, la recesión va a impedir a mucha gente moverse", añade.

Todos los analistas coinciden en ese aspecto. "Va a costar un poco arrancar con esa dependencia del turismo", concede Pich, que añade como factores que juegan en contra de esa recuperación "el miedo de la gente al contagio", que puede reducir más todavía los desplazamientos.

Aribayos prevé "un impacto transversal y de gran calado" en toda la economía cuyos efectos serán muy distintos por sectores y territorios. "Habrá territorios gravemente afectados por el peso del sector turístico como puede ser los archipiélagos, y otros, en cambio, por la presencia del sector industrial y/o agrícola", señala

En ese sentido, pronostica cómo "habrá sectores que en el supuesto de una recuperación en forma de ‘V’ podrían recuperar la demanda perdida en poco tiempo mientras que otros por desgracia verán cómo su deterioro, por las pérdidas sufridas, son en gran parte definitivas". Entre los primeros apunta los consumos aplazados, como las adquisiciones de electrodomésticos, equipos informáticos o vehículos o la reforma de viviendas, mientras los segundos incluyen otros como la hostelería y el ocio, el textil y la moda y los servicios personales como los de fisioterapeutas y peluquerías, para los que estas semanas están transcurriendo, en términos de negocio, en balde.

Jofre, por su parte, coincide con Aribayos en señalar los elevados niveles de deuda pública como un hándicap. "El mundo está sobreendeudado, y la UE y España especialmente, y esos niveles, que ya son muy altos, sistémicos, se van a agravar porque de esta solo se sale con más deuda".

El economista señala como otra de las desventajas de España para encarar la salida de la crisis "el hecho de que no estamos habituados a cerrar acuerdos, como se ha visto tras las elecciones de los últimos años, y eso es un problema en una situación como la actual". Pich se pronuncia en una línea similar. "Nos estamos jugando mucho y hay que tener cuidado con las batallas políticas", señala, mientras aboga por "la necesidad de encajar la estructura federal del país. Estamos viendo como constantemente hay tensiones entre el Gobierno central y los territorios".

Amenazas: las incertidumbres de un nuevo orden

Algunas de las incertidumbres que rodean la salida del parón económico se sitúan, obviamente junto a la propia duración del mismo, entre las principales amenazas para el sistema productivo español.

"China está ocupando el hueco que deja EEUU para convertirse en el gran proveedor de bienes del planeta, y eso puede llevar a un hiperliderazgo en lugar de a crear más polos", señala Jofre, que ve otro riesgo para la recuperación en "las condiciones que la UE, el BCE y el FMI puedan poner para distribuir los fondos (https://www.publico.es/economia/emergencia-coronavirus-keynesianismo-virus-seis-billones-rescatar-economia-planetaria.html ) que van a movilizar y las contraprestaciones que pueden pedir a los países que los reciban".

El economista apunta otras dos eventuales amenazas de ámbito más local, como el deterioro que puede provocar en la independencia de los medios de comunicación la mayor influencia de las otras fuentes de ingresos por la mayor debilidad de sus modelos de negocio ante el desplome de la publicidad por el parón de la actividad y, también, los riesgos que entraña el manejo posterior de los datos que está almacenando y tratando el Gobierno con el seguimiento de las ubicaciones de los móviles.

Fortalezas: un país con energías

"España tiene un gran potencial para producir energía de fuentes renovables: eólica, solar, hidráulica, marítima, de muchos tipos", apunta Eduardo Garzón como una de las fortalezas del país que identifica como "una ventaja para invertir y crear empleo" y exportar esa producción.

Mientras tanto, Arabayos y Pich coinciden en destacar la capacidad de adaptación del tejido productivo, como demostró con la salida a los mercados exteriores tras el ‘crash’ de 2008 . "La exportación aumentó hasta suponer el 35% del PIB, y lo hizo porque las empresas se abrieron al ver que aquí no había mercado", señala el primero.

"Hemos estado creciendo el doble que la media europea, y eso ha ocurrido porque la española es una sociedad muy dispuesta al cambio, mucho más que la de otros países europeos, y, por mucho que se diga, muy disciplinada", apunta Pich.

Jofre, por su parte, resalta que también han cambiado los planteamientos de la gran empresa tras el aprendizaje iniciado en la anterior crisis. "La actitud de buena parte de las empresas es muy distinta de la de 2008. Se han dado cuenta de que no solo producen, proveen y pagan impuestos sino que también forman parte de la sociedad civil", señala.

Oportunidades: los cuidados, la industria y el conocimiento

Los analistas coinciden en mirar al cuarto sector, el de los cuidados personales, y a la industria, como las palancas principales de la economía española tras la pandemia del coronavirus.

"Están a la vista las necesidades que presenta en España un campo como el de los cuidados, que está muy poco explorado", señala Garzón, partidario de invertir y desarrollar esa faceta de la economía, en la que, como consecuencia de los avances en dependencia, y pese a sus lagunas, "tenemos mucho más avanzado que otros países de nuestra área".

Torres López, que coincide con Garzón en abogar por "montar en condiciones el cuarto pilar del estado de bienestar, los cuidados", pone también el acento en "generar una nueva industria de la transición energética, de la adecuación medioambiental, del reciclaje y la sostenibilidad".

También Arabayos señala la industrialización del país como una de las apuestas clave para los próximos tiempos, en este caso con apuestas decididas por la digitalización y la transferencia de conocimiento del sector académico al productivo.

Y, en este sentido, reclama "la necesidad de macroproyectos tractores de la economía" como los relacionados con los aceleradores de partículas que impulsa el Ministerio de Ciencia. "Lo importante no es la captación de fondos europeos, sino la atracción de talento, de I+D+I y de innovación y conocimiento que se genera con iniciativas de este tipo", anota.

Jofre, por último, apunta que la crisis, a pesar de sus efectos negativos, puede ser al mismo tiempo una etapa apropiada para avances en el plano social: "Puede ser el momento perfecto para implantar el ingreso mínimo vital, por el contexto político y social, y también una gran oportunidad para establecer ese nuevo ‘green deal’ o acuerdo de economía sostenible. Se nos plantea la oportunidad de un nuevo contrato social y ambiental, y sería un fracaso no aprovechar este momento para empezar a hacer las cosas de otra manera".

¿El tamaño (de la empresa) importa?

El tamaño de las empresas españolas, y las consecuencias que eso tiene para el modelo productivo, es un asunto de debate relativamente habitual entre los analistas económicos sobre el que, en este caso, las opiniones resultan divergentes.

Los datos del Ministerio de Trabajo ( ) son claros: más de la mitad de los 1,23 millones de empresas con empleados (675.961) tienen solo uno o dos. El 97,68% del tejido productivo lo copan pequeñas empresas, 1,06 millones de ellas de tamaño micro con hasta nueve trabajadores y 142.028 con plantillas de diez a 49, mientras las medianas (de 50 a 249) son 23.974 y solo 4.777 superan ese nivel. Las primeras emplean a 5,55 millones de asalariados, a los que habría que sumar los 3,2 de autónomos y sus más de 800.000 asalariados, las medianas a 2,36 y las grandes a 5,46.

"El tejido empresarial español tiene una particularidad frente a la media europea, y es que está compuesto en su práctica totalidad por pymes, y especialmente por micropymes de menos de 10 trabajadores, lo que hace que sean especialmente vulnerables a una crisis como la actual", explica Aribayos.

Los datos sobre cierre de empresas y ERTEs en las primeras semanas de parón de la economía apuntan en esa dirección, con un 98% de las 85.000 bajas entre las pymes (más del 80% micros), una media de seis empleados en los expedientes de regulación y casi un millón de autónomos en cese de actividad.

Garzón, sin embargo, matiza esa percepción. "No creo que España tenga un problema por tener empresas pequeñas. Las tiene porque así lo reclama el modelo productivo, orientado al turismo y la hostelería", señala. "El tamaño va con el modelo, y eso cambiaría si lo orientáramos a sectores que requieren empresas de mayor envergadura, como ocurriría con las energías renovables, la investigación en temas de salud o los cuidados", añade.

Jofre, por su parte, considera esa estructura, con el grueso de la producción en manos de autónomos y pymes, es una ventaja. "El tejido productivo está muy diversificado, y eso es una fortaleza, aunque es cierto que muchos van a caer", indica.

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