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Santander aplaza su ERE hasta después de las elecciones del 26-M

El banco no concreta todavía a los sindicatos el recorte de plantilla, que justifica por la duplicidad de puestos y oficinas tras absorber Popular y por el escaso margen de negocio que dejan los bajos tipos de interés

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Una oficina del Banco Santander, en Madrid. REUTERS

Banco Santander aplazará hasta después de las elecciones autonómicas y municipales del 26 de mayo la presentación del segundo ERE en apenas un año, con el que llevará a cabo un recorte de plantilla que la dirección se ha negado a cuantificar ante los sindicatos pero que algunas informaciones cifran en un número de despidos no inferior a los 3.000 trabajadores.

Ese nuevo recorte de la plantilla llegará después de que en febrero del año pasado quedaran prácticamente agotadas las 1.100 bajas y los 575 traslados que acometió en los servicios centrales tras absorber Popular y, con él, Pastor en junio de 2017.

La dirección del banco se ha reunido hoy con los sindicatos para avanzar los motivos por los que pretende justificar el nuevo recorte de empleo, con lo que abre un periodo de quince días laborales (21 naturales) que concluye el 28 de mayo, dos jornadas después de las votaciones. El banco llegó a retrasar esa reunión, prevista para el pasado lunes, con lo que evita que el periodo formal de consultas pueda comenzar antes de que se celebren las elecciones.

La otra jornada clave para el cierre del proceso es el 24 de julio, cuando el banco dé a conocer los resultados del primer semestre, una fecha que, en cualquier caso, sería posterior a los 30 días que la ley le da para comunicar el despido a los afectados.

Más de 400 millones de beneficio en tres meses

Los responsables del banco, cuyo grupo ha cerrado el primer trimestre con unos beneficios conjuntos de 1.840 millones de euros (de ellos, 403 millones en España), han justificado el nuevo despido colectivo en causas de carácter organizativo, básicamente por la existencia de puestos de trabajo y de oficinas duplicados tras la absorción, y productivas, en este caso por la necesidad de aumentar la eficiencia ante los escasos márgenes que dejan los intereses como consecuencia de los bajos tipos de interés.

Los resultados del primer trimestre remitidos a la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) cifran en 1.098 el margen de intereses obtenido por Santander en España en el primer trimestre de este año, lo que supone una caída del 4,5% con respecto al anterior pero, al mismo tiempo, un aumento del 6% en relación con el mismo periodo de 2018.

Ese resultado, con unos ingresos netos por comisiones de 614, genera un margen bruto de 1.938 que, con unos costes de explotación de 1.079 (prácticamente equivalentes al margen de intereses) y una dotación para insolvencias de 218, dejó unos beneficios antes de impuestos de 544. Las ganancias netas (403 millones) suponen sendos descensos del 6,7% y del 11,4%, respectivamente, en relación con el último y el primer trimestre del año pasado.

Otros motivos expuestos por el banco se centran en dotar a la red de oficinas de una capilaridad adecuada a las necesidades de los clientes, en avanzar en la digitalización de la entidad y en actuar ante el descenso de la carga operativa de las sucursales.

Según la exposición de la dirección, los clientes digitales del banco (uno de cada cuatro) han aumentado un 86%, lo que reduce el trabajo de las oficinas. El 70% de ellos efectúa transacciones a través de dispositivos electrónicos y la omnicanalidad se ha elevado al 45%.

Más de un millar de oficinas duplicadas

Marisa Franco, de UGT, y Juan José Paredes, de CGT, coinciden en rechazar los despidos y apuestan por un plan de prejubilaciones, cuando se trata de una entidad con alrededor de 3.000 mayores de 55 años en la plantilla. “Hay medidas alternativas al despido colectivo”, señala la primera. “No podemos aceptar despidos en empresas con beneficios, y menos mientras se sigan haciendo horas extras no remuneradas”, anota el segundo, que añade que “las motivaciones que han expuesto son exactamente idénticas a las que han utilizado en recortes anteriores”.

Ana Herranz, de CCOO, coincide con ambos en mostrarse crítica con el planteamiento inicial de la empresa, así como con la negativa a avanzar datos sobre el recorte de empleo que van a plantear.

No obstante, Santander, cuyos portavoces oficiales declinaron ofrecer cualquier dato, sí adelantó a los sindicatos que las bajas afectarán a la práctica totalidad de los departamentos, ya que se producirán tanto en las sucursales como en las delegaciones territoriales y las áreas de apoyo, los servicios centrales, una parte de los cuales no era fusionable hasta finalizar la integración tecnológica (prevista para julio) por la incompatibilidad con los sistemas de Popular, y, también, al menos un departamento del centro corporativo.

Paralelamente, los sindicatos manejan la cifra de entre 1.000 y 1.200 oficinas duplicadas de Popular y Santander en pueblos y ciudades (varias de ellas, pared con pared en lugares como Sevilla), lo que, en caso de cierre generalizado, situaría las previsiones de bajas por encima de las 3.000.

Santander mantiene una plantilla de 30.300 trabajadores, 8.000 de ellos procedentes de Popular y Pastor. Si se cumplen esas previsiones, los recortes se habrán llevado por delante uno de cada ocho empleos en apenas dos años, tras los ajustes posteriores a la absorción de Banesto y a los que Popular sufrió antes de ser vendido por un euro.