Ghita y sus cuatro hijas, abandonadas a su suerte ante un fondo buitre: "Nos han arruinado la vida"
El juzgado le está embargando el complemento de alimentación de familia numerosa, mientras el banco le reclama 58.000 euros. "Me he arrepentido mil veces de intentar comprar un piso", reconoce la mujer.

Madrid--Actualizado a
Guita Hachemi y su marido llevan casi dos décadas en Madrid. "Llegamos sin nada, no teníamos ni para comer. Tuvimos la suerte de encontrar trabajo rápido; Mohamed en la construcción y yo en el servicio doméstico. Los dos hacíamos muchas horas, queríamos un futuro mejor para nuestras hijas", recuerda ella. En 2006, decidieron comprar un pequeño piso en Getafe (Madrid). El BBVA les concedió una hipoteca de 192.000 euros; "una cantidad desorbitada, acorde con la burbuja inmobiliaria del momento". La familia sigue arrastrando una deuda con el banco y luchando por su condonación.
"La casa tenía 45 metros cuadrados, repartidos entre dos habitaciones y un pequeño salón. Los técnicos la tasaron en 203.447 euros", continúa Ghita. La hipoteca financiaba "mucho más" que el 80% de su precio, porcentaje recomendado por las instituciones financieras y obligatorio en la actualidad. "Me he arrepentido mil veces de intentar comprar un piso, les he dicho a mis hijas que nunca lo hagan", reconoce.
Ghita empezó pagando una cuota de 800 euros mensuales, pero terminó abonando casi 1.100. La subida coincidió con la quiebra de la empresa donde trabajaba su marido, durante los primeros años de crisis. La familia se quedó sin ingresos, con tres menores a cargo. "Las cuentas no salían. El paro no nos daba para devolver el crédito, hacer la compra y pagar la educación de las niñas", advierte. En 2012, el banco ejecutó la hipoteca y ordenó su desahucio.
La familia intentó renegociar las condiciones, "sin éxito". El abogado que siguió el caso no examinó las cláusulas abusivas de la hipoteca, "frecuentes en los contratos de la época y que hubieran podido declarar su nulidad", insisten desde el colectivo PAH Vallekas, donde milita Ghita. BBVA puso a su disposición una vivienda de alquiler social, pero no les condonó la deuda; de hecho, "intentó echarlos más tarde entre acusaciones de impago", tal y como confirman los activistas. "Los recibos estaban todos al orden del día, me denunciaron y gané el juicio", relata la mujer.
El último movimiento del banco ha sido vender la vivienda a Birano, una "empresa de promoción inmobiliaria" con decenas de pisos en la capital. "La nueva propiedad no nos quiere renovar el contrato. Estamos esperando nuestro segundo desahucio y no tenemos donde ir. Los sueldos no nos dan ni para pagar una habitación, tenemos una niña universitaria, dos en el instituto y la cuarta en el colegio. Si nos expulsan, nos quedamos todos en la calle", desliza Ghita. La familia vuelve a estar abandonada a su suerte ante los fondos buitre.
BBVA le sigue reclamando, además, 58.000 euros de deuda y 17.400 de intereses y costas. Ghita lleva dos años intentando acceder a la Ley de Segunda Oportunidad, una herramienta legal que permite a personas físicas y trabajadores autónomos liquidar sus deudas –bajo ciertos requisitos– y empezar de cero. "Los abogados me están dando largas, de momento, no he podido acogerme", lamenta la afectada. BBVA ha registrado este año un beneficio de 10.054 millones de euros, 2.000 millones más que en 2023. Público se ha puesto en contacto con la compañía, pero todavía no ha recibido respuesta.
El juzgado le está embargando al mismo tiempo el complemento de alimentación de familia numerosa, un subsidio de 200 euros mensuales, tal y como consta en una notificación de la Agencia Tributaria a la que ha tenido acceso este diario. "Me tienen atada de pies y manos, me han arruinado la vida, no puedo hacer absolutamente nada, todos mis movimientos están vigilados", lamenta Ghita, visiblemente emocionada.
PAH Vallekas ha organizado este jueves una acción en el marco del 8M bajo el lema Vivas, libres y desendeudadas nos queremos. Ghita y su lucha protagonizan la campaña; con un eslogan que pretende darle la vuelta al relato: "La deuda es con nosotras, ni los bancos, ni las empresas, ni todos los gobiernos del mundo tendrán dinero suficiente para pagar los trabajos que hacemos las mujeres todos los días".
Las activistas han decidido concentrarse frente a la sucursal donde la familia firmó la hipoteca; Ghita, de hecho, ha podido hablar con los trabajadores del banco. "Le han pedido más información sobre su situación actual para comprobar que la deuda sigue a su nombre y seguir estudiando el caso", reconocen desde la plataforma. La mujer, "agotada", reconoce: "Durante todos estos años he llamado a muchas puertas, pero todas estaban cerradas. Me gustaría empezar de cero, ojalá lo pueda conseguir".
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